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Algunos aspectos de la realidad des-velados por la Física cuántica

    • Aproximación a la comprensión de la realidad micro, macro, cósmica a partir de algunas nociones básicas de física cuántica
    • Una panorámica sorprendente, fantástica, revolucionaria de la Realidad

«Los fenómenos cuánticos desafían nuestra comprensión primitiva de la realidad; nos obligan a reexaminar la idea misma de la existencia... Estos son hechos importantes, porque nuestras creencias sobre "lo que existe" ciertamente influyen en la forma en que concebimos nuestro lugar en el mundo. Por otra parte, lo que creemos que somos influye en última instancia en nuestra existencia y en nuestros actos...» (Euan Squires: El Misterio del Mundo Cuántico)

Un poco de historia. La mecánica cuántica es, cronológicamente hablando, la última de las grandes ramas de la física. Se formuló a principios del siglo XX, casi al mismo tiempo que la teoría de la relatividad, aunque el grueso de la mecánica cuántica se desarrolló a partir de 1920. Antes de la era cuántica, la ciencia vivía de pronunciamientos decisivos sobre las causas y efectos de los movimientos: objetos bien definidos se movían a lo largo de trayectorias precisas, en respuesta a la acción de varias fuerzas. Antes de la era cuántica, la física había logrado muy bien describir los fenómenos que ocurren ante nuestros ojos, resolver problemas en un mundo de escaleras firmemente apoyadas en las paredes, flechas y balas de cañón lanzadas según trayectorias precisas, planetas que orbitan y giran sobre sí mismos, cometas que regresan al tiempo esperado, máquinas de vapor que hacen su trabajo útil, telégrafos y motores eléctricos. A principios del siglo XX casi todos los fenómenos macroscópicos observables y medibles habían encontrado una explicación coherente dentro de la llamada física clásica… A principios del siglo XX el complejo edificio de la física, con sus predicciones exactas sobre el comportamiento de los objetos se derrumbó de repente. Gracias a nuevos y sofisticados experimentos, realizados con gran habilidad, fue posible estudiar las propiedades no sólo de los átomos individuales, sino también de las partículas más pequeñas de las que estaban hechas. La mecánica cuántica surge dentro de las tradiciones más profundas de la física para dar solución a problemas para los que las teorías conocidas hasta el momento habían agotado su capacidad de explicar. Las primeras formulaciones matemáticas completas de la mecánica cuántica no se alcanzan hasta mediados de la década de 1920, sin que hasta el día de hoy se tenga una interpretación coherente de la teoría. Se trata de una disciplina de la física, que estudia la naturaleza a escala microscópica. Lo hace en términos de materia y energía. La física cuántica se dedica a estudiar el mundo de lo más pequeño: las partículas microscópicas. En contraste, lo que llamamos física clásica estudia la naturaleza a escala macroscópica —es decir, al nivel de los objetos grandes, como un planeta, una montaña, etc. —y a velocidades pequeñas (comparadas con la velocidad de la luz). Al hablar de física clásica, hablamos del mundo en el que nos movemos cada día, que está hecho de objetos millones de veces más grandes que una partícula subatómica, y que se mueven a velocidades insignificantes comparadas con la velocidad de la luz. Cuando a inicios del siglo XX la comunidad científica empezó a adentrarse en el mundo de la cuántica, descubrió que las partículas diminutas jugaban con unas reglas muy distintas a las que estamos acostumbrados a ver en nuestro día a día. A menudo hacen cosas que nos parecen imposibles: una partícula puede aparecer de la nada, estar en dos sitios al mismo tiempo, comportarse como onda o corpúsculo dependiendo de cómo se la mire, atravesar paredes, compartir conexiones fantasmales (en palabras del propio Einstein) a pesar de estar separadas, y muchas otras aparentes extravagancias.

El mundo cuántico: un mundo maravilloso y paradójico. Desde la noche de los tiempos, el ser humano ha sentido la necesidad de comprenderse a sí mismo, de comprender el universo. La cúspide de esta búsqueda, en el campo de la física actual, se organiza en torno a dos grandes teorías: la relatividad y la cuántica. Mientras la relatividad nos describe el mundo macroscópico y los movimientos de las galaxias, la teoría cuántica nos desvela la enigmática conducta de los átomos y sus diminutos constituyentes, los ladrillos que forman todo aquello que nos rodea… e incluso a nosotros mismos. Lo que denominamos física clásica surgió de nuestra observación cotidiana del mundo que nos rodea. Mientras la relatividad nos describe el mundo macroscópico y los movimientos de las galaxias, la teoría cuántica nos desvela la enigmática conducta de los átomos y sus diminutos constituyentes, los ladrillos que forman todo aquello que nos rodea… e incluso a nosotros mismos. En física hay varias escalas. La física cuántica se dedica a describir fenómenos que ocurren a escalas muy pequeñas. Cuando tenemos partículas muy pequeñas como átomos, fotones, electrones, etcétera que no puedes ver a simple vista, si las tienes muy bien aisladas, se comportan de una manera que no es a lo que estamos acostumbrados en la parte del universo apreciable a simple vista. Entonces aparecen los fenómenos que llamamos cuánticos. Sabemos bastante acerca de lo que puede explicar la teoría cuántica, pero, por supuesto, no sabemos nada acerca de las cosas que a simple vista parecieran ser inmateriales y que podrían ser explicadas por ésta, y es por eso que intentamos encontrar el cómo y de qué manera se relacionarían estos fenómenos con esta teoría. La mecánica cuántica es la rama de la física que estudia la naturaleza a escalas espaciales pequeñas, los sistemas atómicos, subatómicos, sus interacciones con la radiación electromagnética y otras fuerzas, en términos de cantidades observables. Se basa en la observación de que todas las formas de energía se liberan en unidades discretas o paquetes llamados cuantos. En teorías anteriores de la física clásica, la energía era tratada únicamente como un fenómeno continuo, en tanto que la materia se supone que ocupa una región muy concreta del espacio y que se mueve de manera continua. Según la teoría cuántica, la energía se emite y se absorbe en cantidades discretas y minúsculas. Un paquete individual de energía, llamado cuanto, en algunas situaciones se comporta como una partícula de materia. Por otro lado, se encontró que las partículas exponen algunas propiedades ondulatorias cuando están en movimiento y ya no son vistas como localizadas en una región determinada, sino más bien extendidas en cierta medida. Nos encontramos con maravillosas y aparentes paradojas en nuestro universo cuántico: gatos vivos y muertos al mismo tiempo, rayos de luz que se comportan como ondas y partículas, sistemas físicos vinculados al observador, debates sobre el papel de Dios como el jugador de dados, la conciencia humana que tal vez pueda explicarse por los estados cuánticos, la mente humana del observador que interfiere e interactúa con el sistema cuántico, lo que podría implicar el papel decisivo de la «conciencia» en el mundo físico... Sumergirnos en las profundidades de la Realidad, bucear por sus vericuetos, indagar en su dinámica íntima resulta fascinante, desconcertante, sorprendente y espectacular… ¿De qué estamos hechos? ¿Cómo están compuestos los objetos que tocamos, el aire que respiramos y la luz que nos ilumina? ¿Sabías que el teletransporte es real? ¿Que a veces un electrón tiene probabilidades de atravesar una pared? ¿Que dos partículas pueden influenciarse mutuamente, aunque estén a años luz de distancia? ¿Y que las partículas cuánticas disimulan sus poderes cuando los científicos las están observando? ¿Por qué cambia el estado de una partícula cuando se mide? Atravesar paredes es posible en el mundo cuántico, aunque sea con una probabilidad muy baja y ocurre continuamente en el mundo. Por ejemplo, en la radioactividad la física cuántica asegura que nosotros, como sacos de partículas que somos, también podríamos atravesar una pared, como ocurre en la increíble experiencia de personas que tras su ECM relatan haber atravesado paredes del hospital e incluso el cuerpo físico de médicos que les estaban atendiendo… ¿Cómo explicar científicamente fenómenos que están más allá de la física como la intuición, telepatía, clarividencia, precognición, psicoquinesia, vivencias místicas, ECM, reencarnación o la permanencia de la conciencia más allá de la muerte física…? ¿Existe la realidad cuando no es observada? ¿Es la probabilidad un efecto de la ramificación de la realidad en múltiples universos? ¿Cómo puede la luz ser tanto una partícula como una onda? ¿Hay muchos mundos o sólo uno? ¿Hay en el Universo un código secreto verdaderamente impenetrable? ¿Qué es la realidad a nivel fundamental? ¿La dualidad mente-cuerpo tiene algo que ver con la mecánica cuántica? ¿Cómo es posible que unas reacciones neuroquímicas produzcan el "yo", la "vida interior"? ¿Cómo se genera la sensación de identidad personal, de ser quienes somos? ¿Qué es la Conciencia y cómo actúa?

La física cuántica no es fácil de entender, no es nada intuitiva. Acabamos de hacer referencia a algunas incomprensibles propiedades de la Realidad que nos «des-vela» la física cuántica. Y cómo cada vez más expertos van demostrando en laboratorio algunas cosas: que el tiempo no es lineal y se mueve en ambas direcciones simultáneamente, que el observador modifica sustancialmente lo observado al observarlo y al hacerlo condiciona la concreción de las partículas subatómicas. O cómo esas mismas partículas, pese a estar separadas por distancias físicas enormes están unidas de tal manera que cuando se modifica la primera, la segunda también lo hace instantáneamente, al momento, pese a estar separadas por cualquier distancia. O la «superposición» de partículas, que permite a estas partículas estar en varios lugares a la vez simultáneamente. Cuando nos vamos a escalas muy pequeñas, las cosas no se comportan siguiendo las leyes de la física clásica. En el mundo microscópico las cosas funcionan de otra manera. La física cuántica no es fácil de entender, no es nada intuitiva. Veamos algunos de los motivos por los que se considera que la mecánica cuántica es rara: los objetos cuánticos pueden ser tanto ondas como partículas (dualidad onda-partícula). Los objetos cuánticos pueden encontrarse en más de un estado al mismo tiempo (superposición). Pueden estar tanto aquí como allí o en todas partes a la vez (localidad, no-localidad). No se pueden conocer de forma simultánea y exacta las propiedades de un objeto cuántico (incertidumbre). Los objetos cuánticos pueden afectarse mutuamente de manera instantánea a pesar de encontrarse a distancias enormes (“acción fantasmal a distancia”, derivada del fenómeno llamado “entrelazamiento”). No se puede medir nada sin alterarlo, así que no se puede excluir al observador humano de la teoría… Gracias a la mecánica cuántica hemos llegado a una comprensión más profunda de los fenómenos, ya que la mecánica cuántica está en la base de todas las ciencias y puede describir completamente el comportamiento de los átomos, núcleos y partículas subnucleares (quarks y leptones), así como las moléculas, el estado sólido, los primeros momentos de la vida en nuestro universo (a través de la cosmología cuántica), las grandes cadenas en la base de la vida, los frenéticos desarrollos de la biotecnología, tal vez incluso la forma en que opera la conciencia humana... A continuación presentamos algunas nociones elementales de física cuántica que nos ayudarán a comprender mejor algunas de las cuestiones que estamos tratando en estas páginas...

KARL PRIBRAM: ¿Era posible —se preguntaba— que fuera verdad lo que los místicos han estado diciendo durante siglos y siglos, que la realidad es maya, o ilusión, y que ahí fuera no hay sino una inmensa sinfonía plagada de formas de onda, un «dominio de frecuencias» que se transforma en el mundo tal y como lo conocemos, solamente después de que nos entre por los sentidos?

Nuestra separación es solo una ilusión; somos partes conectadas de un todo, somos un lago con movimiento y memoria.

Nuestra realidad es más grande que tú y yo, y que todas las naves que surcan las aguas, y que todas las aguas en que navegamos. (K. Wilber)

Ningún suceso que tiene lugar en el universo, por remota que sea su localización, puede estimarse como desconectado de cualquier otro suceso que se produzca en el confín más alejado y opuesto. (Teorema de Bell)

En nuestro mundo cotidiano, los objetos suelen tener sus propiedades bien determinadas, siendo inconcebible para la mente humana, por ejemplo, que un objeto no ocupe un lugar concreto en el espacio. En mecánica cuántica, para un objeto que no está siendo observado, esa cualidad es del todo posible.

Desde el nuevo paradigma «post-materialista» y las indagaciones de la «ciencia de la conciencia» se viene afirmando algo "revolucionario": que cada uno de nosotros más un cuerpo físico que tiene alma, espíritu, conciencia… somos «seres espirituales» encarnados en un cuerpo físico.

1. Nueva visión emergente del mundo

K. WILBER en Antología de textos: Los pitagóricos acuñaron el término «Kosmos», un término cuyo significado original iba mucho más allá de lo que hoy entendemos por «cosmos» o «universo», como algo exclusivamente físico y abarcaba todos los dominios de la existencia, desde la materia hasta la mente y, desde ésta, hasta Dios. Es por eso que quisiera rescatar el término Kosmos, un término que incluye al cosmos (o fisiosfera), bios (la biosfera), psique o nous (la noosfera) y theos (la teosfera o el dominio divino). La mayoría de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que las lleva a concluir que el cosmos físico es lo único real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material. Pero ése es un reduccionismo burdo que conducte a que todos los dominios de la existencia –excepto el físico– acaben desangrándose lentamente y muriendo ante nuestros ojos. El «mundo chato» es la idea de que el único mundo real es el mundo sensorial, empírico y material, un mundo en el que no existen dimensiones superiores ni dimensiones más profundas […] ni tampoco, por cierto, estadios superiores de evolución de la conciencia. Desde este punto de vista, lo único que realmente existe es lo que podemos percibir con nuestros sentidos o asir con nuestras manos, un mundo despojado de cualquier tipo de energía ascendente, un mundo ajeno a toda trascendencia.

El dios, o la diosa del capitalismo, del marxismo, del industrialismo, de la ecología profunda, del consumismo, o del ecofeminismo, es el dios de lo que puede verse con los ojos, percibirse con los sentidos, registrarse con los sentimientos o venerarse con las sensaciones, un dios al que se puede hincar el diente y que se agota en las formas. Pero ese proceder acabó por exiliar la conciencia, la interioridad y todas las dimensiones de la Mano Izquierda....  El proyecto monológuico había terminado colapsando las dimensiones interiores del ser, de la conciencia y de la profundidad, colapsando, por así decirlo, a la Gran Holoarquía de la conciencia. La mirada monológuica no permite el acceso a la conciencia –sea prepersonal, personal o transpersonal–, y no es de extrañar, en consecuencia, que para ella la conciencia no exista y concluya que no es «realmente real». (hasta aquí K. WILBER)

Un Universo de energíaMirar el mundo a través del prisma de la ciencia moderna no es un asunto sencillo… Hasta hace poco, la ciencia daba una visión fragmentada del mundo. Incluso los científicos encontraban difícil explicarnos lo que conectaba el universo físico con la realidad del mundo viviente, el mundo viviente con el mundo de la sociedad y el mundo de la sociedad con los dominios de la mente y de la cultura. Esto está cambiando actualmente: entre los científicos punteros cada vez hay más investigadores que buscan una imagen más integrada y unitaria del mundo. Un empeño particularmente ambicioso ha aparecido en los últimos años con la física cuántica. Como consecuencia, el mundo, en un número creciente de disciplinas, se está volviendo cada vez más «fabuloso»: está formado por materia y energía oscuras y espacios multidimensionales en cosmología, de partículas que están instantáneamente conectadas con el espacio-tiempo por niveles más profundos de realidad en la física cuántica, de materia viva que demuestra la coherencia de los cuantos en biología, y de conexiones transpersonales independientes espacio-tiempo en la investigación de la conciencia, por mencionar solo algunas de las «fábulas» ya validadas, ahora consideradas teorías científicas de buena fe. Se está empezando a concebir un Universo multidimensional, con diversos «planos» o «dimensiones». Muchos científicos conciben en la actualidad un Universo multidimensional, en el que cada dimensión representa una frecuencia vibratoria diferente y, seguramente, también un mundo diferente, no susceptible de ser percibido por nuestros sentidos. Las dimensiones son mundos energéticos de diferente frecuencia vibratoria. La causa de todo lo que se manifiesta recae en las dimensiones no visibles que tienen mayor frecuencia vibratoria y, por tanto, pueden contener más información. Cualquier elemento que existe en el Universo está formado por energía + información. La energía se mide por la frecuencia vibratoria: cuanto más alta, más información puede contener. Todo lo que existe en el Universo es energía más información; por lo tanto, la única forma de medir la energía es mediante la frecuencia vibratoria. Existen energías de baja frecuencia vibratoria y otras de altísima frecuencia vibratoria, y hay un principio que dice que cuanto más alta es la vibración, más información puede contener. Cada «dimensión» tiene una frecuencia vibratoria diferente, que es lo que la caracteriza. En este modelo se puede imaginar que el Universo multidimensional vaya aumentando progresivamente su frecuencia de dimensión a dimensión, hasta llegar a la última, que es el Absoluto. En él la frecuencia vibratoria es infinitamente rápida, y por tanto el tiempo es cero y puede contener toda la información del Universo. El Absoluto incluye todo, incluso las frecuencias más bajas de manifestación. Como las dimensiones por debajo del Absoluto reducen su frecuencia vibratoria, es de suponer que también falta algo de información en ellas, y que existe alguna sensación del transcurrir del tiempo. Por lo tanto, hasta que no se consigue la unificación total, característica de la última dimensión, podría ser lógico suponer que existen conciencias individualizadas en todas esas dimensiones. Esto implica la probabilidad de que existan seres no físicos experimentando en ellas. Las distintas culturas han llamado a estos seres de maneras variadas: Ángeles, Maestros ascendidos, etc. La vanguardia de la nueva cosmología ha descubierto un mundo en el que el universo no acaba en ruinas y la nueva física, la nueva biología y la nueva investigación de la conciencia reconocen que la Vida y la Mente son elementos integrales del mundo y no unos productos accidentales.

Aproximación a nociones básicas de la física cuántica. Con la ísica cuántica la seguridad de la física clásica se vino abajo. Hasta entonces, si sabíamos lo que había sucedido, podíamos predecir lo que iba a suceder. No había sorpresas y estábamos seguros de que las cosas eran como las veíamos. La física cuántica representa todo lo contrario: incertidumbre, caos y azar. Ya no podemos estar seguros de nada. El objeto más grande del universo es el propio universo y las partículas más diminutas son las elementales, como los quarks (cuantos) -los bloques de construcción fundamentales de la materia- que funcionan como si no tuvieran partes más pequeñas. Entre esos dos extremos, ambos incluidos, está todo lo que observamos. La física cuántica, también conocida como mecánica cuántica, es una rama de la física que se ocupa del comportamiento de la materia y la energía en las escalas más pequeñas. Lo que diferencia a la física cuántica de la clásica es el concepto de «cuantización», según el cual las cantidades físicas, como la energía y el momento, son discretas en lugar de continuas. Esta discreción introduce incertidumbre e imprevisibilidad en el funcionamiento fundamental del universo. La cuántica establece que es imposible conocer, al mismo tiempo y con precisión, ciertos datos de una partícula. Por ejemplo, o conocemos su velocidad o su posición, pero no ambas a la vez. Otra extraña característica es que, por el mero hecho de observar la partícula, ésta toma unas propiedades. Es decir, la partícula no tiene unas características definidas justo antes de observarla, sino que las toma precisamente porque la observamos. Además, sus propiedades se definen al azar, no están "programadas". Puede tomar unas u otras, y no podemos predecir qué sucederá. Sólo podemos predecir la probabilidad de que algo suceda o no. En esencia, la física cuántica es un marco matemático que describe el comportamiento de «partículas» y «ondas» a nivel cuántico. Nos proporciona las herramientas para comprender el comportamiento de las partículas subatómicas, como los electrones y los fotones, que presentan propiedades tanto de partícula como de onda.

Algunos principios fundamentales de física cuántica. La mecánica cuántica demuestra que el elemento estructural del universo no es la materia sino la energía que está en estado vibratorio continuo y se propaga mediante ondas electromagnéticas de frecuencia variable. La física cuántica se basa en varios principios fundamentales. Entre ellos están la superposición, la dualidad onda-partícula y el principio de incertidumbre, el entrelazamiento cuántico, Teletransporte cuántico... Al comprender estos principios clave, podemos empezar a desentrañar los misterios de la física cuántica y explorar los fenómenos fascinantes y contraintuitivos que se producen a nivel cuántico. Desde el entrelazamiento cuántico hasta el teletransporte cuántico, el reino de la física cuántica sigue ampliando los límites de nuestra comprensión del universo. Vamos a hablar de algunas de las leyes cuánticas: Hay una ley que es la ley de la dualidad onda-partícula Y es que en el mundo de lo muy pequeño, en el mundo cuántico, los objetos se comportan como ondas y las ondas se comportan como objetos, es la ley de la dualidad onda partícula. Hay otro fenómeno que es lo que se llama el efecto túnel Y es que en el mundo cuántico las partículas cuánticas pueden atravesar superficies sólidas, eso se llama efecto túnel. Otra propiedad es lo que se llama no-localidad: y es que los objetos parecen estar en varios sitios a la vez. Hay otra propiedad que es lo que se llama el entrelazamiento: y es como que las partículas parecen poseer una cierta forma de de telepatía y se pueden comunicar entre elllas… Además, en el mundo de lo muy pequeño los conceptos de espacio y tiempo no tienen sentido, en física cuántica no se habla de espacio y tiempo, solamente se habla de probabilidades de presencia, es decir, hay una cierta probabilidad de encontrar algo en algún sitio… y también: las propiedades de los objetos en el mundo cuántico no están definidas hasta que no se miden.

  • Dualidad onda-partícula: Este fenómeno se demostró en experimentos como el de la doble rendija, en el que los electrones adoptan un comportamiento típico de las ondas y pueden atravesar paredes. Bajo ciertas condiciones experimentales, los objetos microscópicos como los átomos o los electrones exhiben un comportamiento ondulatorio, como en la interferencia. Bajo otras condiciones, las mismas especies de objetos exhiben un comportamiento corpuscular, de partícula, («partícula» quiere decir un objeto que puede ser localizado en una región concreta del espacio), como en la dispersión de partículas. Una “partícula cuántica” puede manifestarse a la vez como partícula, es decir, como algo sólido y estable, y como “onda”, es decir, como una amplia región de espacio-tiempo. Este fenómeno se conoce como dualidad onda-partícula. A esta propiedad de poder aparecer como dos cosas a la vez se la llama dualidad. Esto se demostró en el famoso experimento de la doble rendija, en el que las partículas se comportan a la vez como partículas o como ondas. La dualidad onda-partícula demuestra que las partículas pueden comportarse a la vez como ondas y como partículas, desafiando las nociones clásicas de materia y energía. Las ondas pueden comportarse como partículas, sino que las partículas también pueden comportarse como ondas. Los electrones, considerados partículas, pueden actuar como una onda. Una partícula es como una bola pequeña de materia. Una onda es una agitación periódica y no puntual que se propaga por el espacio. Un electrón es una partícula, la luz es una onda hasta la llegada de la mecánica cuántica. Según la teoría cuántica de las partículas de materia como el electrón, son partículas y son ondas. Son las dos cosas a la vez, es la dualidad "Onda-partícula".
  • El principio de incertidumbre, de indeterminación… formulado por Werner Heisenberg, afirma que es imposible conocer simultáneamente con precisión ciertos pares de propiedades físicas, como la posición y el momento, y también que es imposible conocer con precisión tanto la posición como el momento de una partícula en un momento dado: uno de los dos debía ser indeterminado. Es imposible conocer simultáneamente la posición y el momento de un electrón con precisión absoluta. Este principio desafió la noción clásica de medición y predicción. El principio de incertidumbre de Heisenberg dice que no se puede predecir lo que va a ocurrir. Aunque tengamos todos los datos, sólo podemos predecir la probabilidad de que algo ocurra. Y el que ocurra una cosa u otra depende del azar. Si repetimos el mismo experimento en las mismas condiciones, unas veces dará un resultado y otras veces otro. Son las fluctuaciones cuánticas. Por ejemplo, los electrones poseen posición, velocidad, masa o peso, y carga eléctrica. Además, un electrón tiene otras dos propiedades relacionadas. La primera es la rotación sobre su propio eje, lo que se conoce como espín (del inglés spin), y la segunda es el magnetismo. Un electrón se comporta como un diminuto imán, o una aguja de brújula en miniatura, con una fuerza magnética invariable y conocida. Los electrones están continuamente en movimiento y es imposible en un momento determinado que puedas saber exactamente dónde está el electrón y qué velocidad tiene… Este principio pone de relieve la naturaleza probabilística de la física cuántica, en la que sólo podemos determinar la probabilidad de las propiedades de una partícula dentro de un rango de posibilidades. El Principio de Incertidumbre afirma que no se puede conocer, simultáneamente y con precisión, ciertos pares de variables físicas, como son, por ejemplo, la posición y el momento de un objeto dado.
  • La superposiciónOcurre cuando un objeto «posee simultáneamente» dos o más valores de una cantidad observable. Se refiere a la capacidad de las partículas de existir en múltiples «estados» simultáneamente (arriba y abajo al mismo tiempo, vivo y muerto a la vez…). Ocurre cuando un objeto «posee simultáneamente» dos o más valores de una cantidad observable. Si las partículas tuvieran colores, podrían ser a la vez rojas, verdes, azules y hasta turquesas. Solo cuando las mides por un proceso totalmente desconocido, la partícula de forma aleatoria aparece en un «estado» entre los posibles. ¿Qué es un «estado cuántico»? Un estado cuántico es el estado físico que en un momento dado tiene un sistema físico descrito por la mecánica cuántica. En física clásica, teóricamente, al medir una magnitud física en un sistema varias veces, obtendríamos un mismo valor. Sin embargo, en física cuántica al medir una magnitud física podríamos obtener un valor diferente en mediciones diferentes sobre estados cuánticos idénticos (o si la medida es repetible, cada vez que se mida la magnitud puede aparecer un valor diferente). Por tanto, para estudiar los resultados de una medición cuántica, se recurre a una distribución de probabilidad.
  • El principio de entrelazamiento cuántico y la transferencia de informaciónindependientemente del espacio y del tiempo… Entrelazamiento cuántico significa que dos partículas pueden estar entrelazadas de tal manera que el estado de una partícula está intrínsecamente relacionado con el estado de la otra, sin importar la distancia que las separe. El entrelazamiento cuántico, en el cual el estado de un electrón puede estar instantáneamente correlacionado con el estado de otro, independientemente de la distancia. Se demostró lo siguiente: si cogían un grupo de electrones relacionados y separaban unos cuantos, a distancias enormes, y modificaban un electrón, el otro a distancia presentaba exactamente la misma modificación, había una transferencia de información independientemente del espacio del tiempo… esto no tiene explicación desde el punto de vista del método científico clásico… esto nos explica fenómenos anímicos trascendentes, explica lo que cuentan los pacientes que han experimentado una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) que son capaces de comentar hechos que se están produciendo a distancias enormes, nos explica perfectamente la telepatía, comunicación de información independientemente del espacio y del tiempo…
  • El concepto de entrelazamiento cuántico. El entrelazamiento cuántico es un fenómeno extraordinario que desafía nuestra comprensión clásica del mundo físico. En esencia, el entrelazamiento cuántico es un fenómeno en el que dos o más partículas se entrelazan de tal manera que el estado de una partícula afecta instantáneamente al estado de la otra, independientemente de la distancia que las separe. El entrelazamiento cuántico consiste en entrelazar partículas, provocando efectos instantáneos entre ellas independientemente de la distancia. El entrelazamiento cuántico se produce cuando dos o más partículas, como electrones o fotones, se correlacionan de tal manera que el estado cuántico de una partícula está intrínsecamente ligado al estado cuántico de otra. Esta correlación persiste, aunque las partículas estén separadas por grandes distancias, desafiando las limitaciones de la transmisión tradicional de información. Pero ¿cómo funciona el entrelazamiento cuántico? El proceso de entrelazamiento cuántico implica dos pasos principales: la preparación de las partículas y la medición. En la etapa de preparación de partículas, dos partículas se juntan de tal manera que sus estados cuánticos se enredan. Una vez que las partículas están entrelazadas, sus estados cuánticos se correlacionan, lo que significa que la medición de una partícula influye directamente en la medición de la otra. Esta dependencia persiste, aunque las partículas estén separadas por grandes distancias. Pero, ¿qué ocurre exactamente durante este proceso de medición? Cuando se realiza una medición en una de las partículas enredadas, su estado cuántico colapsa en un valor específico. Cuando queremos medir el estado de una partícula, decimos que su estado cuántico «colapsa», la partícula deja de estar en todos los estados de la superposición a la vez y se queda solo en uno. Este colapso, conocido como colapso de la función de onda, determina instantáneamente el estado de la otra partícula enredada, independientemente de la distancia que las separe.
  • El efecto túnel. El Efecto Túnel Cuántico permite a los electrones atravesar barreras que serían insuperables según las leyes de la física clásica, debido a la naturaleza probabilística de su existencia. Si lanzamos una pelota contra la pared, la experiencia nos dice que rebotará. Por muchas veces que hagamos la prueba, nunca sucederá que la pelota atraviese la pared y aparezca en la habitación de al lado. Simplemente, la pelota no lleva suficiente energía para atravesarla. Sin embargo, las cosas son diferentes en el mundo microscópico. Cuando realizamos un experimento semejante con un electrón o un átomo, y una barrera microscópica, resulta que en muchos casos la partícula la atraviesa y aparece al otro lado. Este es el «efecto túnel», llamado así porque parece como si la barrera tuviera un agujero o túnel por donde pasará la partícula.
  • Teletransporte cuántico: transferencia instantánea de información entre dos lugares situados a distancias arbitrarias. Los científicos han logrado transmitir información instantáneamente a través de grandes distancias utilizando partículas entrelazadas. El teletransporte  cuántico es un proceso que utiliza el entrelazamiento para transmitir el estado cuántico de una partícula a otra distante, teletransportando de hecho la información.

2. Un Universo surgido de la «nada»: el «vacío cuántico»

campo de energíaEn su acepción habitual, vacío significa espacio vacío. En cosmología se utiliza para referirse al espacio cósmico en ausencia de materia. El vacío no es ni espacio vacío ni una estructura puramente geométrica. Es un medio físico real que interactúa con la materia y produce efectos físicos reales. La nada es la ausencia de todo lo que “allí podría haber”. Es un concepto filosófico, característicamente vago. Sin embargo, el vacío es un concepto físico: es algo observable. No es la nada, y para colmo, no está vacío. Interactuando con este (no) vacío, las partículas elementales adquieren su masa. El vacío cuántico -el estado de energía más bajo posible en el espacio, que en realidad nunca está vacío- resulta ser el responsable de la estabilidad de los átomos y de los sistemas solares, e incluso del destino final del universo. Las observaciones científicas sugieren que el universo surgió del «vacío», pero no de uno como el que describe nuestra concepción clásica del vacío, no de cualquier vacío, sino de un falso «vacío», del auténtico vacío: el «vacío cuántico». Una manera de definir el «vacío» consiste en describirlo como una región del espacio en la que hay una ausencia absoluta de materia y energía. Sin embargo, esta visión ha sido superada por la ciencia moderna. El «vacío» se concibe como un estado físico de un «sistema» que está vinculado a la mínima energía que este puede tener. En física cuántica el “vacío cuántico» es el estado cuántico con la menor energía posible. El vacío está por doquier en el interior de cada átomo, de cada porción de materia y es el soporte de todo lo que existe material. El vacío cuántico, en realidad un pleno cósmico, es un medio físico que subyace en el universo conocido. Transporta luz, energía y presión. Las medidas que han obtenido los científicos experimentalmente sugieren que el universo surgió del «vacío». De un «vacío cuántico» repleto de “fluctuaciones”. Incluso en ausencia de materia, el espacio cósmico no está vacío: una serie de «campos» lo ocupan con energía positiva. Lo que la ciencia newtoniana creía vacío porque no se podía medir allí ninguna actividad resultó ser, de hecho, un “campo de energía” extraordinariamente rico y complejo, con unas características especiales. Los investigadores han descubierto que existe un “campo de energía” muy especial en lo que antes se creía “vacío”, un “campo de energía cuántica”, de energía virtual llamado campo cero o campo cuántico. De acuerdo con la mecánica cuántica, el “vacío cuántico” no está realmente vacío, sino que contiene ondas electromagnéticas fluctuantes y partículas de bajos niveles de energía. Desde la perspectiva de la mecánica cuántica el vacío no está vacío: contiene ondas que se originan al azar. Estas ondas se comportan como partículas, por lo que una forma de definir este “vacío cuántico” consiste en describirlo como una sopa de partículas que surgen y se destruyen con mucha rapidez. Así pues, el “vacío” no está vacío, sino que contiene ondas que se comportan como partículas, también contiene energía, y se manifiesta bajo la forma de un “campo” cuántico. Además, un “campo” no puede tener una energía fija en cualquier instante, lo que implica que en el vacío la energía de los campos no puede ser constante. Fluctúa continuamente. Esto es lo que se conoce como fluctuaciones del vacío. El “vacío cuántico” no está vacío, porque está «lleno» de las llamadas fluctuaciones cuánticas de punto cero. Gracias a ellas el vacío influye en las propiedades de las partículas, tanto las de su campo como las de otros campos con los que esté acoplado. El "campo cuántico" penetra todo lo que existe en el universo, lo visible y lo invisible; todo está impregnado de él. Así pues, toda parcela del universo, cualquiera que sea, está en contacto con todo, lo que da una percepción completamente nueva del universo y de la Vida.

Los componentes primarios de la realidad: los «cuantos». A partir de los descubrimientos de las modernas teorías de partículas y campos, podemos identificar la base que genera todas las cosas sin que ella misma sea generada por otras cosas. Esta base es el mar de energía virtual conocido como el "vacío cuántico". También podemos hacer uso de un amplio repertorio de leyes que nos indican cómo surgen los componentes primarios de la realidad (las partículas conocidas como «cuantos») en esta base cósmica. Las partículas conocidas como «cuantos» son los componentes primarios de la realidad. El físico alemán Max Planck enunció que la radiación electromagnética se emite en unidades discretas de energía denominadas «quantum» o «quantos». «Cuanto»: la cantidad elemental de energía intercambiable entre radiación electromagnética y materia. Un «cuanto» de energía es la mínima energía liberada o absorbida por un átomo en forma de radiación electromagnética. En física cuántica un cuanto o quantum puede entenderse como la cantidad mínima de energía que pude emitirse, propagarse o ser absorbida a través de una longitud de onda. En su estado original, los cuantos no están solamente en un lugar en un instante dado: cada cuanto está a la vez «aquí» y «allí» y, en cierto sentido, está en todas partes en el espacio y en el tiempo. Hasta que son observados o medidos, los cuantos no tienen características definitivas, sino que existen simultáneamente en diversos estados al mismo tiempo. Estos estados no son «reales» sino «virtuales», son estados que los cuantos pueden adoptar cuando son observados o medidos. Es como si el observador, o el instrumento de medida, pescasen los cuantos en un mar de posibilidades. Si el cuanto se saca de ese mar, se convierte en un ente real, más que en uno meramente virtual, pero nunca podemos saber por adelantado en cuál de los posibles entes reales en que podría convertirse se convertirá realmente. Parece que él mismo elige sus propios estados reales de entre los estados virtuales disponibles. Pero ninguno de los cuantos está realmente separado de los demás, ya que permanecen interrelacionados independientemente de la separación que exista entre ellos. Y ninguno se comporta como un objeto ordinario. Tienen tanto propiedades de corpúsculo como de onda, dependiendo, según parece, del método del experimento que se utilice para observarlos y analizarlos; al medir una de sus propiedades, se hace imposible medir las otras. Los descubrimientos muestran que las unidades de materia, fuerza y luz más pequeñas identificables no son enteramente «realidades separadas» sino formas específicas y paquetes de campos de energía subyacente. Algunos de estos «cuantos» tienen propiedades similares a la materia, como masa, gravedad e inercia. Otros tienen propiedades como la fuerza, constituyendo las partículas que permiten una interacción efectiva entre los cuantos similares a la materia. Y otros tienen propiedades como la luz: transportan las ondas electromagnéticas que incluyen el espectro visible. Las leyes actualmente conocidas por las cuales se generan las cosas existentes en el mundo a partir del «vacío cuántico», son leyes de interacción basadas en la transferencia y transformación de energía. Estas leyes resultan adecuadas para explicar cómo se generan las cosas reales (en forma de parejas de partículas– antipartículas) en el «vacío cuántico» y cómo emergen de él. Pero para explicar la presencia de un número significativo de partículas en el universo («materia» opuesta a «antimateria»), y de todo lo que siguió y la evolución de las cosas que existen, debemos admitir la presencia de un factor físico que no es ni materia ni energía.

3. Presencia de un factor sutil, pero fundamental: «in-formación» 

En los últimos tiempos se ha producido el descubrimiento revolucionario de que en las raíces de la realidad no solo hay materia y energía, sino también un factor más sutil, aunque fundamental, que podemos describir como información activa y efectiva: «in-formación», un factor que no es ni materia ni energía.  Se trata de «información», considerada como un factor real y efectivo que establece los parámetros del universo en su creación, y que, más tarde, gobierna la evolución los componentes primarios de la realidad (sus “cuantos”) en sistemas integrados complejos. Se trata de un factor inherente tanto a la naturaleza física como a la biológica. La mayoría consideramos que la información son datos o lo que una persona sabe, pero la búsqueda de información es algo más profundo que esto. Los físicos y otros científicos empíricos están descubriendo que la información se extiende mucho más allá de la mente de un ser humano, e incluso de toda la humanidad en su conjunto. Se trata de un aspecto inherente tanto a la naturaleza física como a la biológica. El gran físico David Bohm lo denominó «in-formación», queriendo dar a entender que es un proceso que realmente «da forma» al receptor. Las experiencias del astronauta del proyecto Apolo, Edgar Mitchell, mientras estuvo en el espacio le llevaron a la conclusión que la información es parte de la misma sustancia del universo. Es una parte de una «díada» de la que la otra parte es la energía. La información está presente en todas partes y ha estado presente desde el origen del universo. La información que posee un objeto es una referencia a las propiedades de las partículas que lo componen y que en gran medida definen su aspecto. La información de un objeto, al igual que la materia y la energía no se puede destruir. En todo caso, se transforma o cambia de forma. La “in-formación” vincula todas las cosas en el universo, tanto los átomos como las galaxias, los organismos y las mentes. La «in-formación» es un factor real y efectivo, y de hecho absolutamente fundamental, en la naturaleza. La información se extiende mucho más allá de la mente de un ser humano, e incluso de toda la humanidad en su conjunto. El gran físico David Bohm lo denominó «in-formación», queriendo dar a entender que es un proceso que realmente «in-forma», que «da forma» al receptor. La «in-formación» está presente en el mundo independientemente de los deseos y actos del ser humano y es un factor decisivo en la evolución de las cosas que existen en el mundo.

¿Qué es la in-formación? La “in-formación” es una conexión sutil, casi instantánea, no evanescente y no energética entre cosas situadas en ubicaciones diferentes en el espacio y entre sucesos que ocurren en diferentes momentos del tiempo. Dichas conexiones se denominan «no-locales» en las ciencias naturales y «transpersonales» en la investigación de la conciencia. La “in-formación” vincula los objetos (partículas, átomos, moléculas, organismos, sistemas ecológicos, sistemas solares, galaxias enteras, además de la mente y la conciencia asociadas con algunos de estos sistemas) con independencia de la distancia a la que estén separados unos de otros y de cuánto tiempo haga que se crearon las conexiones entre ellos.

El eminente filósofo, científico y fundador del Club de Budapest, Ervin Laszlo plantea un “campo de información” como la sustancia clave del cosmos. El Dr. Laszlo toma del sánscrito la palabra «akasha» (que significa «espacio») y llama a este campo «campo A». Lazslo plantea que el “vacío cósmico” es la energía fundamental del universo y el campo de transmisión de información que «in-forma» al universo. La física cuántica hace hincapié en que el reino invisible de la energía, denominado colectivamente como el “campo” es la fuerza gobernante principal del reino material. El "campo” se define como las fuerzas motrices invisibles que influyen en el mundo físico. Considera que la existencia de ese “campo” es necesaria para explicar las múltiples incógnitas de la ciencia en la actualidad, y permite entender la sorprendente fecundidad y orden de la evolución del universo. Este descubrimiento convierte el concepto del mundo fragmentado de las principales corrientes de la ciencia, en una visión del mundo integral, holística. El «universo in-formado» es un universo lleno de significado, y en nuestro tiempo de cambio acelerado y desorientación creciente, estamos más necesitados que nunca de una visión científica integral de nosotros mismos y del mundo.

En el campo A, la información se trasmite a través de un medio vacío, sin rozamiento y de forma instantánea. No transcurre tiempo alguno desde que la información “parte” hasta que “llega”. En principio parecía que la información se propagaba a una velocidad superior a la de la luz, pero parece ser que tal velocidad no existe. No se necesita. En el campo quántico, todo parece estar continuamente en contacto con todo. La comunicación no necesita velocidad, ni grande ni pequeña, es instantánea. Todo está permanentemente comunicado. Podemos pues decir que en el campo cuántico el tiempo no existe porque no se necesita tiempo para desplazarse por él. Eso significaría, entre otras cosas, que si uno fuera consciente de ese campo, podría estar en comunicación instantánea con todo y con todos; en realidad, con toda la información que contiene el universo a todos los niveles.

4. Ondas y partículas

En física siempre han existido por un lado las «partículas» y por otro lado las «ondas»; son dos cosas muy diferentes y totalmente antagonistas: las «partículas» están confinadas mientras que las «ondas» se expanden porque las ondas son vibraciones y cuando un medio cualquiera vibra, este movimiento se transmite vecino a vecino y se expande… además las ondas son capaces de generar interferencias mientras que las partículas no interfieren. Una partícula tiene una posición definida en el espacio y tiene masa mientras que una onda se extiende en el espacio caracterizándose por tener una velocidad definida y masa nula. Una partícula cuántica es una onda de probabilidad. Con la llegada de la física cuántica la misma noción de «materia» se volvió problemática.  La «energía» puede manifestarse de dos maneras distintas: como «onda» o como «partícula». Unas veces se manifiesta como ondas (energía), otras veces se manifestaban como partículas (como materia). La física cuántica ha puesto de manifiesto las características de las partículas elementales que estructuran el universo. En el Universo cuántico, todas las partículas se comportan como corpúsculos o como ondas. Las partículas cuánticas no son cosas materiales sino fluctuaciones de energía e información en un enorme espacio vacío… Las partículas, por ser pequeños “sólidos”, pueden estar en un solo lugar en un momento dado, siendo completamente posible determinar el punto en el que se encuentran. Por otro lado, las ondas son como perturbaciones que se extienden en el espacio, algo así como las de una piedra que cae sobre un lago, por lo que se vuelve mucho más complicado decir en qué sitio se encuentran exactamente pues, al final, se están desplazando de forma simultánea por varios puntos. Es decir: las partículas pueden tener una posición definida, pero las ondas no, pudiendo estar en varios lugares al mismo tiempo. Se ha comprobado que a nivel microscópico, las partículas subatómicas que emergen cuando los átomos y núcleos atómicos se fisionan no se comportan como sólidos convencionales: tienen una interconexión misteriosa conocida como «no-localidad» y una naturaleza dual que consiste en unas propiedades similares a las de tipo ondulatorio y corpuscular. Resultó que las partículas que configuran el aspecto manifiesto de la realidad no son pequeños puntos de masa, como diminutas bolas de materia, sino ondas. Una onda es una vibración que se transmite por el espacio. Una de las propiedades más características de las ondas es que se distribuyen por todo el espacio de una forma no localizada. Es decir, no puedes decir que la onda está aquí o en todos los lados. En realidad, las ondas están a la vez en todas las partes que han alcanzado, ¿Quiere estodecir que un electrón puede estar en muchas partes a la vez? Pues sí.

Dualidad onda-partícula. Las partículas cuánticas exhiben características duales, según el tipo de experimento muestran un comportamiento típico de las partículas materiales cuasipuntales de la mecánica clásica o bien un comportamiento típico de ondas que se propagan en un medio. La llamada dualidad onda-partícula es un fenómeno cuántico por el cual muchas partículas pueden exhibir comportamientos típicos de ondas en unos experimentos mientras aparecen como partículas compactas y localizadas en otros experimentos. Dado ese comportamiento dual, típico de los objetos mecanocúanticos, algunas partículas pueden presentar interacciones muy localizadas y como ondas exhiben el fenómeno de la interferencia. La mecánica cuántica da una descripción de los corpúsculos materiales diferente de la mecánica clásica. En mecánica clásica los corpúsculos se consideran puntos materiales o partículas cuasipuntales dotados de una masa que siguen una trayectoria continua en el espacio. La mecánica cuántica describe a las partículas como una especie de "campo de materia" que se propaga por el espacio de modo similar a una onda; las propiedades del tipo "onda" que exhiben las partículas cuánticas son consecuencia del modo en que se propaga el campo de materia asociado a ellas. Obviamente hay una cierta relación entre la localización de la partícula y las regiones del espacio donde el campo es más intenso en un momento dado. Sin embargo, la mecánica cuántica introduce el principio de que cuando se realiza una medida de la posición de una partícula cuántica se produce el llamado colapso de la función de onda hasta una región del espacio muy pequeña, lo cual hace aparecer al "campo de materia" como una partícula localizada. En cierto sentido la dualidad onda-corpúsculo ha sido substituida por otro tipo de dualidad más sutil y no resuelta, señalada por Roger Penrose: la dualidad entre evolución determinista (como función de onda) y evolución aleatoria (colapso de la función de onda), por el cual la función de onda sufre un cambio abrupto, irreversible y no determinista.

Cracterísticas de una onda Las «ondas» de transmisión poseen tres características específicas que las definen: velocidad de propagación, longitud de onda y frecuencia vibratoria. La velocidad de propagación se refiere a «la velocidad con la que las ondas transmiten la información del Universo». La longitud de onda a través de la cual se transmite una información es variable, y se corresponde con «la distancia entre la cresta de una onda y la cresta de la siguiente». Longitud de onda =distancia de una cresta a otra. Las variaciones posibles en las longitudes de onda existentes en el Universo varían desde cero hasta infinito. La disminución de la longitud de una onda de transmisión es proporcionalmente inversa al aumento de su frecuencia vibratoria; existe mucha mayor potencia de transmisión cuanto más cortas sean las ondas y más altas las frecuencias vibratorias. La onda de transmisión del pensamiento tiene un alcance ilimitado, porque la longitud de onda puede reducirse hasta cero, aumentando su frecuencia vibratoria hasta el infinito. Las ondas son de varias frecuencias, las ondas inferiores tienen frecuencias más altas que las superiores. La longitud de onda tiene una relación inversa con la frecuencia, a mayor frecuencia, menor longitud de onda, y viceversa. La frecuencia vibratoria es «el número de oscilaciones por segundo que experimenta una señal viajando a través de una onda, moviéndose lateralmente dentro de la altura de la onda». Cuando la frecuencia vibratoria llega a ser infinitamente rápida, la longitud de onda se reduce a cero, alcanzando en este momento la Dimensión Inmanifestada del Ser. Una función de onda es una forma de representar el estado físico de un sistema de partículas. la función de onda implica superposición. Según la mecánica cuántica, las partículas también tienen un comportamiento ondulatorio. Pues bien, la función de onda es esa herramienta matemática que describe el comportamiento de estas partículas como ondas. La función de onda no nos dice dónde está la partícula, sino con qué probabilidad la puede encontrar en cada uno de sus puntos. De acuerdo con la física clásica, la posición y la velocidad de un objeto están siempre definidas con precisión. La posición y la velocidad codificadas en la función de onda de cualquier partícula, pueden distribuirse simultáneamente en un rango —una superposición— de distintos valores. La función de onda se interpreta como un objeto que representa un elemento de un cierto espacio de dimensión infinita que agrupa a los posibles estados del sistema. En el corazón de la función de onda reside su capacidad para proporcionar probabilidades asociadas a la posición y el momento de una partícula cuántica. Mientras que en la física clásica podemos predecir con certeza la posición y velocidad de una partícula, la mecánica cuántica introduce una perspectiva más probabilística. La función de onda nos ofrece un mapa de esas probabilidades, permitiéndonos comprender dónde es más probable encontrar una partícula en un momento dado. La función de onda no es solo una herramienta teórica; sus aplicaciones prácticas son fundamentales para tecnologías cuánticas emergentes, como la computación cuántica y la criptografía cuántica. En el tejido mismo de la realidad cuántica, la función de onda se erige como la brújula que guía nuestra comprensión de las partículas subatómicas. Su capacidad para desvelar probabilidades y su papel en la dualidad onda-partícula la convierten en una herramienta esencial en la caja de herramientas del físico cuántico moderno.

Las partículas en un sistema pueden adoptar diversos «estados»: un estado es cada una de las situaciones o formas distinguibles mediante la medición de alguna(s) propiedad(es) que puede adoptar un sistema. Cada partícula, cada átomo y cada molécula posee no solo el estado que ocupa cuando es observado, sino también estados que están vacíos y que por tanto se dice que son «virtuales». Cada sistema que aparece en el mundo manifiesto representa una selección de entre los estados virtuales que tiene disponibles. Existe una transformación constante de estados virtuales a estados reales, y también de estados reales a virtuales. La misteriosa interacción de los estados reales y virtuales en el mundo físico se complica con otro misterio: la conexión constante, y en apariencia trascendente en cuanto al espacio y tiempo, entre partículas en estado real. La dualidad onda-partícula es un concepto de la mecánica cuántica según el cual no hay diferencias fundamentales entre partículas elementales y ondas, ya que las partículas pueden comportarse como ondas y las ondas como partículas. En el famoso experimento de la doble rendija, una partícula se encuentra con una pared que no puede atravesar, pero aprovecha que tiene dos rendijas y entonces se cuela a través de ambas cambiando su naturaleza corpuscular por otra de onda. Luego recupera su naturaleza original y se comporta como partícula que incluso deja una huella (patrón de interferencia). Pero hay una particularidad en este experimento que otorga al observador un papel crucial: la partícula se comporta de manera diferente ante la doble rendija, según si está siendo observada o no. Cuando las ondas atraviesan las rendijas, se “dan cuenta” de que hay un detector y reaccionan volviéndose partículas. Hay discrepancias respecto al papel que desempeña el observador (por ejemplo, un aparato de medición) en la creación de realidad, un proceso conocido en física como colapso de la función de onda. En el universo cuántico, el colapso de energías dispersas se produce cuando interviene un observador: al medir lo que pasa, las ondas se convierten en partículas y forman la realidad que perciben nuestros sentidos. Es decir, cuando la onda(energía) es observada por una conciencia inteligente, esta se transforma en partícula(materia). A esto se le llama, colapso de la función de onda. Eso indica que los humanos somos capaces de colapsar la eneregía (de transformar la energía en materia)... así, pues, podemos considerarnos co-creadoires del Universo.

5. Superposición cuántica: la superposición de estados

En el corazón de la mecánica cuántica reside la noción de «superposición», donde partículas subatómicas pueden existir en múltiples estados simultáneamente. En la física pre-cuántica (la física clásica) todos los objetos tienen propiedades definidas: el aire tiene una densidad, un mineral tiene un color; si lanzo una piedra ésta se moverá a cierta velocidad, estará a cierta altura sobre el suelo, quizá gire sobre sí misma a tales o cuales revoluciones por minuto. En las ecuaciones de la física clásica estas propiedades son números. Yo puedo no saber cuánto valen esos números, pero no hay duda de que están ahí, y por eso la realidad sigue existiendo, aunque yo cierre los ojos. En física cuántica hay fenómenos físicos que sólo se pueden entender si algunas de esas propiedades tienen múltiples valores. Es decir, que para entender lo que observamos necesitamos que, por ejemplo, un electrón se mueva “con varias velocidades”, o que un fotón esté “en varios sitios”. Hay cosas perfectamente cotidianas que están en varios sitios a la vez y no pasa nada. Otro ejemplo: el sonido, que está en varios lugares de una sala al mismo tiempo. El sonido también puede tener varias velocidades, si las frecuencias agudas se mueven más rápido que las graves, o al revés. En mecánica cuántica las partículas pueden estar en superposición de varias propiedades (o estados) a la vez. Esta situación, en la que un objeto cuántico muestra muchos valores de alguna propiedad, se llama «superposición», y es un rasgo fundamental de la teoría cuántica. «Superposición de estados»: se produce cuando un objeto cuántico está en todos los estados posibles simultáneamente. Ocurre cuando un objeto «posee simultáneamente» dos o más valores de una cantidad observable (p. ej. la posición o la energía de una partícula). La superposición cuántica es un principio fundamental de la mecánica cuántica que sostiene que un sistema físico tal como un electrón, existe en parte en todos sus teóricamente posibles estados de forma simultánea, pero, cuando se mide, da un resultado que corresponde a solo una de los posibles estados.

En realidad, podríamos decir que es una consecuencia natural de difuminar la diferencia entre onda y partícula. Las partículas clásicas son puntitos, y un puntito sólo puede estar en un sitio y tener una velocidad, pero si permitimos que esa partícula se “haga grande”, que se convierta en un objeto extenso, sus propiedades pueden ser más ricas, más complejas, y pueden ser diferentes a las de las partículas clásicas. En definitiva, cuando damos el salto a la física cuántica estamos cambiando el carácter de algunos objetos: las partículas ya no son como pensábamos que eran, y si intentamos encajarlas en nuestras intuiciones clásicas a veces simplemente no es posible. De hecho, podríamos argumentar que el mero concepto de “posición” no es demasiado útil para describir una cosa que es extensa y ocupa un volumen tridimensional. Quizá el problema está en que hay que inventar propiedades nuevas, que sean más adecuadas para describir estos nuevos objetos cuánticos. La superposición es una manera de hacer esto, y por eso se viene usando desde el mismo nacimiento de la teoría. La superposición cuántica es el fenómeno por el cual las partículas pueden poseer a la vez (superpuestas) varias propiedades que de entrada pueden parecer contradictorias. Como, por ejemplo, pasar por la rendija de la izquierda y por la de la derecha a la vez ( monedas que caen en cara y cruz al mismo tiempo o cartas que son reyes y caballos a la vez...). Estas superposiciones, en las que una propiedad toma múltiples valores, desaparecen cuando tratamos de medir esa propiedad. Si se interactúe con ella, se encuentra en un curioso estado que es una superposición de todos sus estados posibles. Sin embargo, cuando la partícula es observada, medida u objeto de cualquier interacción, este estado de superposición se resuelve: la partícula está solo en uno de sus posibles estados, como cualquier cosa «corriente». Cuando el estado de superposición se resuelve se dice que la función de onda se ha «colapsado».

Así como la física clásica —de acuerdo con la percepción sensorial humana— postula que la realidad es de una manera “o” de otra, la física cuántica explica que las cosas se presentan a veces de una manera “y” a veces de otra. Se ha demostrado que los componentes más pequeños del Universo, que constituyen el gran mundo objetivo que vemos, no se comportan en absoluto de acuerdo con las normas de la física clásica.  Así, los átomos no son sino pequeñas nubes de probabilidad. Cada partícula subatómica no es un elemento sólido y estable, sino que existe como un conjunto de probabilidades. Esto es conocido por los físicos como “superposición”, o suma de todas las probabilidades que contiene. Sólo se puede definir algo cuando una observación lo “fuerza” a tomar una forma específica entre todas las posibilidades cuánticas. Este resultado no puede ser predicho; únicamente se puede predecir la probabilidad de que ocurra. La física cuántica es una física de probabilidades.  El único factor que parece convertir esta nube de probabilidad en algo sólido y medible es la participación de un “observador”, el experimentador. Los objetos materiales —por ejemplo, una pelota— y los mentales —como el pensamiento de una pelota— son, los dos, objetos en la conciencia.  La conciencia viva —o campo de conciencia—, al aportar la influencia del observador, de alguna manera convierte la “posibilidad de algo” en “algo real”. Esto sugiere que el ingrediente más importante en la creación del Universo es la conciencia que lo observa.

6. Interrelación, interconexión

La mecánica cuántica demuestra que todo en el Universo, está intercomunicado gracias a la transmisión de datos por parte de las partículas. Esa transmisión de datos se realiza mediante el entrelazamiento y las vibraciones de la energía. Bohm y la interconexión: Un aspecto de la realidad cuántica que a David Bohm (1917-1992), físico de la Universidad de Londres, protegido de Einstein y uno de los físicos teóricos más respetados, le resultaba especialmente interesante era el extraño estado de interconexión que parecía existir entre acontecimientos subatómicos que aparentemente no estaban relacionados entre sí. Bohm creía que la tendencia casi universal a fragmentar el mundo y a prescindir de la interconexión dinámica que existe entre todas las cosas es la causa de muchos problemas, no sólo en el campo de la ciencia, sino también en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Por ejemplo, creemos que podemos extraer las partes valiosas de la Tierra sin afectar a la totalidad. Creemos que es posible tratar partes del cuerpo sin preocuparnos por la totalidad. Creemos que podemos tratar diversos problemas de ta sociedad como el crimen, la pobreza o la adicdón a las drogas sin estudiar los problemas de la sociedad en cuanto totalidad, etcétera.

La ilusión de la separación. Las cosas no tienen sentido de manera aislada, sino en una red de interrelaciones dinámicas. Los pioneros cuánticos también descubrieron la sorprendente capacidad de las partículas cuánticas para influenciarse mutuamente a pesar de la ausencia de cualquier tipo de fuerzas produciéndose entre ellas a una velocidad finita. La materia está ligada orgánicamente entre sí. En el nivel subatómico, el cambio se produce por modificaciones dinámicas de energía. Esos pequeños paquetes de energía vibratoria están constantemente intercambiando energía a través de “partículas virtuales” que dan lugar a una inmensa capa energética subyacente en el Universo. Además, la materia subatómica está involucrada en un constante intercambio de información, causando un perfeccionamiento continuo a través de sutiles alteraciones. ¿El universo se mantiene unido por telas de araña cósmicas? El Universo no es un almacén de objetos separados y estáticos suspendidos en el espacio, sino un único organismo de campos de energía interconectados en un estado permanente de probabilidad de convertirse en algo; en un estado continuo de transformación. Un equipo internacional de científicos ha tomado la primera imagen de la estructura similar a una red que da forma al cosmos. Se trata de redes fantasmales de materia oscura que forman el límite entre los vacíos del espacio profundo y los cúmulos de galaxias donde brillan las estrellas, se forman los planetas y la mayoría de los fenómenos astronómicos conocidos. Los seres humanos, ignorantes pero con libre albedrío, podemos vivir en la ilusión de la separación. Es una ilusión que procede de la mente, una perspectiva muy estrecha que nos impide ver la realidad del mundo tal como es y no nos deja acceder a las posibilidades del campo A ni a las cualidades que podríamos desarrollar en él. El precio que pagamos por ello es elevado: caos, falta de armonía, relaciones difíciles (entre personas y con el entorno), sensación de impotencia, pérdida de poder creador, pérdida de vitalidad, en una palabra, sufrimiento en una forma u otra. Desde el momento en que despertamos a las verdaderas leyes de la Naturaleza, abandonamos el mundo ilusorio del ego y entramos en el mundo real del alma; entonces el sufrimiento desaparece y encontramos de nuevo la libertad (estamos tan condicionados que resulta curioso ver hasta qué punto nos resulta difícil concebir que el mundo físico, tal como lo percibimos material y psicológicamente, sea ilusorio, y que, en cambio, el mundo del alma, con su belleza y armonía, sea el mundo real). Si bien es cierto que los grandes Maestros de la sabiduría antigua conocían perfectamente ese fenómeno, para la mayoría de la gente, en cambio, no era más que una filosofía, una creencia, una percepción intuitiva o una experiencia individual que, aun siendo irrefutable, no por ello dejaba de ser subjetiva.

Todos estamos conectados. Entre quienes han profundizado en estas cuestiones existe la intuición de que en el Unverso reina unidad e interrelación entre todas las cosas y sucesos. Lo que la ciencia newtoniana creía vacío porque no se podía medir allí ninguna actividad resultó ser, de hecho, un campo de energía extraordinariamente rico y complejo, con unas características especiales. El campo quántico penetra todo lo que existe en el universo, lo visible y lo invisible; lo permea todo, todo está impregnado de él. Así pues, toda parcela del universo, cualquiera que sea, está en contacto con todo, lo que da una percepción completamente nueva del universo y de la vida. Todo somos uno, “todo está conectado con todo lo demás” y la conciencia humana es un espectro de múltiples manifestaciones de una sola Conciencia, la Conciencia cósmica o universal. Todo somos uno: unidad, integración e interdependència. La interconexión de toda la Realidad. La visión mecanicista y ordenada del Universo como una colección de objetos aislados y cuyo comportamiento parece predecible se ha visto superada por la física moderna. Las cosas no tienen sentido de manera aislada, sino en una red de interrelaciones dinámicas. En un Universo constituido por “energía in-formada”, todo está entrelazado y todo es uno. Las partículas cuánticas tienen la capacidad de influenciarse mutuamente a pesar de la ausencia de cualquier tipo de fuerzas produciéndose entre ellas. La materia está ligada orgánicamente entre sí. En el nivel subatómico, el cambio se produce por modificaciones dinámicas de energía. Esos pequeños paquetes de energía están constantemente intercambiando energía a través de “partículas virtuales” que dan lugar a una inmensa capa energética subyacente en el Universo. Además, la materia subatómica está involucrada en un constante intercambio de información, causando un perfeccionamiento continuo a través de sutiles alteraciones. Vivimos en un Universo participativo. Nuestros mundos internos y externos surgen de forma interdependiente, de acuerdo con el nivel vibratorio de la propia alma.

La ley fundamental que mantiene nuestro Universo es una ley de relación, una ley de unidad. La interconexión entre todas las cosas es una realidad que impone su ley en el universo. Gracias al campo de energía cuántica, nada en el universo está separado. Todo está en relación con todo de manera inmediata, más allá de espacio y tiempo (“no-localidad”). Todo colabora con todo. Es una fuerza de cohesión de extraordinario poder que hace que nuestro mundo sea mundo, desde el átomo más insignificante hasta la galaxia más lejana. Estamos íntimamente vinculados con todas las cosas y con todos los seres del universo. La separación es una ilusión, una falta de perspectiva y de comprensión de la verdadera naturaleza de las cosas. La realidad fundamental del universo es que estamos todos unidos por la energía virtual del campo A. El “campo cuántico” penetra todo lo que existe en el universo, lo visible y lo invisible; todo baña en él, todo está impregnado de él. Todo somos uno: los seres humanos formamos parte del Todo, de la energía primera, una energía cuántica, universal, una inteligencia primera que es la que colapsó la energia... esa energía está uniendo de manera amorosa a todo el universo. Somos naturaleza, somos universo, formamos parte del universo... Tenemos el mismo origen, somos polvo de estrellas, todo se originó de esta energía primera... En el universo todo está amorosamente unido, hay una hermandad total… La unidad no es un hecho sentimental, emocional o filosófico, sino una ley fundamental que sustenta todo el universo.

Explícitamente, en el nivel de la realidad accesible a nuestra mente ordinaria, cada cosa, cada fenómeno, cada acontecimiento, cada uno de nosotros, somos singulares, diferentes. Sin embargo, implícitamente, en nuestra esencia, compartimos un fondo común, estamos unidos, somos interdependientes, constituimos parte del todo, todo somos uno. No hay un mundo de objetos o sujetos aislados, independientes unos de otros, no estamos ni somos individuos aislados, no somos una isla, sino que estamos interconectados, somos interdependientes. El mundo en el que vivimos no es una colección de objetos, sino una comunidad de sujetos, en él todo está integrado, formamos parte de una red de procesos que interactúan incesantemente. Así que, como todo está relacionado con todo, también nuestra conciencia está vinculada con la de los demás. El Universo es una “Red Cuántica” en la que nosotros interactuamos sin darnos cuenta, gracias a nuestra conciencia. El alma... es nuestra conciencia cuántica, que con su actividad, crea una nube de partículas alrededor nuestro o "aura". En el reconocimiento de esta Unidad, integración e interdependencia que late en las diferencias radica, según la sabiduría, la culminación del conocimiento y la llave de la liberación. Descubrir esa Totalidad esencial que nos sostiene, es el comienzo de la verdadera vida y la puerta de la plenitud. Descubrir, pues, que somos uno con la totalidad de la Vida, es sabernos básicamente plenos, «totales». La sabiduría perenne ha intentado percibir y percatarse de ese fondo último subyacente a toda la Realidad, la esencia última de esa Realidad, aquello que todo lo informa y sostiene, y que en diversas culturas se le ha denominado con distintos nombres: Tao, Logos, Esencia, Realidad última, Absoluto, Dios… Ese fondo último, esa naturaleza íntima de la Realidad (Tao, Logos, Esencia, Realidad última, Absoluto, Dios…) todo lo informa, todo lo penetra, en todo está presente…

7. Entrelazamiento cuántico

entrelazamientoEl entrelazamiento cuántico es una propiedad peculiar de la mecánica cuántica mediante la cual las partículas se conectan de tal manera que el estado de una partícula puede depender instantáneamente del estado de otra, sin importar la distancia que las separe. En física y en matemáticas se habla de correlaciones, es decir, hay cosas que van relacionadas estadísticamente. Por ejemplo, el fuego se correlaciona con los bomberos. Hay correlaciones que implican causa y otras, no. Y hay correlaciones que son cuánticas, que no pueden describirse por la física clásica y que son muy fuertes. Cuando hablamos de entrelazamiento en cuántica estamos hablando de correlaciones como las de toda la vida pero que no se pueden explicar con la física clásica. Estos fenómenos son correlaciones que se ven a nivel atómico o a nivel molecular y no se pueden explicar con la física clàssica. Las correlaciones entre partículas cuánticas pueden llegar a ser más fuertes que las clásicas. Según la visión clásica se creía que la única forma de producir un efecto sobre lo que ocurría en otro punto del espacio era desplazándose físicamente allí. Sin embargo, ahora se sabe que las conexiones cuánticas trascienden el espacio y el tiempo. El entrelazamiento cuántico es uno de los fenómenos más desconcertantes de la mecánica cuántica. Cuando dos partículas, como los átomos, los fotones o los electrones, se entrelazan, experimentan un vínculo inexplicable que se mantiene incluso si las partículas están en lados opuestos del universo. Mientras están entrelazadas, el comportamiento de las partículas está ligado entre sí. Si se encuentra una partícula girando en una dirección, por ejemplo, entonces la otra partícula cambia instantáneamente su giro para alinearse con ella, siguiendo el comportamiento propio del entrelazamiento cuántico. Esta interacción en tiempo real de partículas separadas por largas distancias se conoce como no localidad y provoca que las mediciones de las propiedades observadas en una de las partículas, por ejemplo los fotones, están estrechamente relacionadas con las mediciones realizadas en el otro fotón. Los cuantos son sumamente sociables: cuando alcanzan un estado idéntico, se mantienen unidos independientemente de lo lejos que viajen unos de otros. Si uno de los dos cuantos anteriormente conectados está sujeto a una interacción (esto es, cuando es observado o medido), elige su propio estado «real», y su gemelo también lo hace, pero no libremente: lo escoge de acuerdo con la elección del primer gemelo. El segundo gemelo siempre elige un estado complementario, nunca el mismo que el primero. Dentro de un sistema complejo (como el montaje completo de un experimento físico) los cuantos muestran comportamientos sociables. Si medimos uno de los cuantos del sistema, los demás también cambian de un estado virtual a uno real. Y lo que es aún más extraordinario, si creamos una situación experimental donde un cuanto dado se pueda medir individualmente, todos los demás cuantos se vuelven «reales» incluso aunque el experimento no se lleve a cabo… El entrelazamiento cuántico no tiene un equivalente en la física clásica, y consiste en que el estado de los sistemas cuánticos involucrados (que pueden ser dos o más) es el mismo. Esto significa que estos objetos forman parte de un mismo sistema incluso aunque estén separados físicamente. Cuando dos sistemas cuánticos interaccionan, estos quedan irremediablemente unidos para siempre, incluso si se separan distancias considerables. Se habla entonces de la no separabilidad del mundo microscópico. Si un sistema está entrelazado, no se puede separar por partes distintas e independientes. En física cuántica una partícula puede ser con 50 % de polaridad roja y 50 % probabilidad azul y solo será uno u otro cuando alguien la mida, y lo más divertido es que se podría conseguir una segunda partícula que esté conectada con esta de modo que sea azul si la otra es roja y si está roja, la otra sale azul. "Cuando separamos estas dos partículas ocurre algo absolutamente increíble". Aunque no estén en contacto, al observar la primera partícula sale roja, inmediatamente la segunda se pone azul. Si sale azul, se pone roja inmediatamente y sin ningún tipo de contacto, esto podría tener interesantes aplicaciones como en criptografía, computación cuántica y Teletransporte.

“Entrelazamiento cuántico” describe un mecanismo por el que dos partículas cuánticas se encuentran perfectamente correlacionadas sin importar la distancia que exista entre ellas. Si un sistema está formado por dos partículas en interacción y se las separa, estas partículas, que están entrelazadas pero distantes, están conectadas no localmente porque son partes del mismo estado cuántico del sistema total. Si una partícula entrelazada se encuentra en el estado fundamental, la otra partícula debe estar instantáneamente en el estado excitado para coincidir, incluso si está a años luz de distancia. Se creía que la mecánica cuántica era incompleta, ya que parecía absurdo que alejarnos incluso años luz, átomos y partículas que se encontraran entrelazadas si le hacíamos algo a una de ellas, sin importar la gran distancia afectaría la otra. A esto se le llamó Inquietante Acción a Distancia. Y esto significa que aunque estén separados, se siguen comportando como un único objeto. El entrelazamiento es una de las propiedades más fundamentales y sorprendentes de la mecánica cuántica. Permite que dos partículas separadas, incluso a kilómetros de distancia, estén conectadas de una forma que la física clásica no puede explicar. Así, la medición de una propiedad física —como la polarización de un fotón— en una de ellas, determinará lo observable en la otra, sin que existan señales físicas entre ambas. El entrelazamiento cuántico se ha comprobado empíricamente en muchas ocasiones durante las últimas siete décadas. De hecho, este fenómeno es, junto a la superposición de estados, uno de los principios fundamentales de la computación cuántica. Fue predicho a principios de s. XX por Einstein, Podolsky y Rosen, pero todavía se está muy lejos de comprender en toda su extensión las implicaciones que tiene este mecanismo.

Esto significa que dos objetos que estén “entrelazados”, en realidad, forman parte de un mismo sistema, incluso aunque estén separados físicamente. De hecho, la distancia no importa. Si dos partículas, objetos o sistemas están entrelazados mediante este fenómeno cuántico, cuando midamos las propiedades físicas de uno de ellos estaremos condicionando instantáneamente las propiedades físicas del otro sistema con el que está entrelazado. Incluso aunque esté en la otra punta del universo.

Para entender lo que es un “entrelazamiento cuántico” primero hay que definir los fenómenos cuánticos coherentes. Hablamos de sistemas cuánticos coherentes cuando están suficientemente aislados como para que se vean estos efectos que no se ven normalmente. Generalmente se entiende que la separación espacial significa independencia física. Esa “separación” es tan solo aparente. Uno de los descubrimientos más asombroso de la física cuántica implica que algo que se produce en un lugar tiene efectos instantáneos sobre la realidad en otro sitio, independientemente de la distancia a la que se encuentre. El entrelazamiento cuántico fue probado experimentalmente por primera vez en 1949. Los experimentos realizados a este respecto desde 1980 demostraron su veracidad. El fenómeno se conoce en inglés por el término “entrelazamiento”, y consiste en que el comportamiento de una o más partículas depende de las demás; es decir, unas y otras interactúan sin importar la distancia que las separa y de manera simultánea. Se ha comprobado que cuando dos objetos cuánticos se encuentran entrelazados, si se realiza cualquier medición en uno de ellos —colapsando así su función de onda—, la función de onda de la otra partícula se colapsa también instantáneamente, incluso a distancias macroscópicas y sin ningún intercambio de señales entre ellas en el espacio-tiempo. Dos partículas que se encuentran cerca una de otra, pueden entrelazarse. Si una partícula entrelazada se encuentra en el estado fundamental, la otra partícula debe estar instantáneamente en el estado excitado para coincidir, incluso si está a años luz de distancia. Sin embargo, Einstein probó que todas las interacciones y conexiones en el mundo material tienen que utilizar señales que viajen a través del espacio-tiempo —según el principio de localidad—; por lo tanto, su límite de propagación es la velocidad de la luz. ¿Dónde, pues, se encuentran esas conexiones instantáneas entre los objetos cuánticos que son responsables de sus comunicaciones a distancia sin señales? De forma sucinta, en los dominios más sutiles de la realidad. De ello se deduce que esta relación se debe a que constituyen una entidad única; su separación es una ilusión. 

El papel de la superposición en el entrelazamiento cuántico. La superposición desempeña un papel crucial en el fenómeno del entrelazamiento cuántico. Cuando las partículas están entrelazadas, existen en una superposición de estados, lo que significa que están en todos los estados posibles simultáneamente. Sólo cuando se mide se determina el estado de cada partícula enredada, fijando instantáneamente el estado de su compañera enredada. Veámoslo más de cerca: Imaginemos dos partículas, A y B, que están enredadas. Antes de realizar cualquier medición, ambas partículas existen en una superposición de estados. La partícula A podría estar girando hacia arriba y hacia abajo simultáneamente, mientras que la partícula B podría estar en un estado de giro a la izquierda y a la derecha simultáneamente. Sólo cuando se realiza una medición en una de las partículas, su superposición colapsa en un estado específico. Por ejemplo, si se mide que la partícula A está girando hacia arriba, su superposición colapsa y se convierte únicamente en girando hacia arriba. Y aquí es donde ocurre lo sorprendente: tan pronto como la superposición de la partícula A colapsa, la superposición de la partícula B colapsa también, pero de una manera que asegura la conservación global de ciertas propiedades. Si se mide que la partícula A gira hacia arriba, se medirá que la partícula B gira hacia abajo, aunque estén a años luz de distancia. Este colapso instantáneo de la superposición de partículas enredadas es un fenómeno alucinante que ha fascinado a científicos y filósofos por igual. Desafía nuestra comprensión intuitiva de la causa y el efecto, ya que la medición de una partícula parece determinar instantáneamente el estado de su compañera enredada, independientemente de la distancia que las separe.

8. Principio de «localidad» y «no-localidad»

Principio de localidad: Todas las fuerzas que conocemos (gravitación, electromagnetismo, interacción fuerte y débil) son de tipo local: disminuyen con la distancia y se propagan a velocidades estrictamente no superiores a la de la luz. Pero un tal Sr. Bell nos obligó a considerar un nuevo tipo de interacción, no-local que se propaga instantáneamente y no se debilita con el aumento de la distancia. En física, el principio de localidad establece que dos objetos alejados uno de otro no pueden influirse mutuamente de manera instantánea, de manera que dado un corto intervalo de tiempo cada objeto sólo puede ser influido por su entorno inmediato o entorno local. En física clásica cada interacción individual en el aparato teórico entero tiene lugar en un único punto del espacio y el tiempo (es decir, es estrictamente local). Localidad: las cosas interactúan entre sí cuando están cerca en el espacio. Lo que ocurre en un punto del espacio puede tener un efecto inmediato sólo en los puntos de al lado. La característica que hace especial al espacio es la localidad. Las interacciones entre los diferentes objetos ocurren cuando están cerca en el espacio, las interacciones ocurren cuando los sistemas están cerca en el espacio. Las experiencias personales se graban (se localizan) en la mente del agente. Se suceden en el tiempo, pero, por definición, nunca ocurren simultáneamente en localizaciones muy separadas. Son locales. Si bien el principio de localidad se satisface en la teoría de la relatividad, en mecánica cuántica existen situaciones en que el principio de localidad no se satisface.

Principio de no-localidad: el fenómeno conocido como no-localidad. Un gran enigma que se ha observado en física cuántica es el de la “no-localidad”. La esencia del fenómeno denominado “no-localidad” consiste en que una acción tiene lugar a distancia sin intermediario. Una interacción no-local vincula dos lugares sin cruzar el espacio, sin alteración, y de forma  instantània. Se sabe, experimentalmente, que los objetos cuánticos, cuando están correctamente correlacionados, se influyen entre sí de forma no-local, es decir, sin señales a través del espacio y sin que transcurra un tiempo finito. Por tanto, los objetos cuánticos correlacionados deben estar interconectados en un dominio que trascienda el tiempo y el espacio. La no-localidad implica trascendencia. De esto se desprende que todas las ondas cuánticas de posibilidad se ubican en un dominio que trasciende el tiempo y el espacio. Si dos partículas enredadas se encuentran en un estado enredado,  la medición de una partícula determina instantáneamente las propiedades de la otra partícula. Esto implicaba una conexión no-local entre las partículas. Parece como si hubiera una corriente de información que relaciona todos los elementos de un sistema de manera compleja e instantánea; es decir, que forma parte integrante de su propio medio. El mundo está conectado a distancia y las cosas solo existen en relación al contexto de una medición. La no-localidad se refiere a la capacidad de una partícula de un par entrelazado para influir instantáneamente en su pareja, incluso si está a kilómetros de distancia. Según el principio de «no-localidad» las partículas no están limitadas al sitio donde están, sino que, de alguna forma, se encuentran en todos los lugares del sistema. Las no-localidades: cuando una partícula experimenta una dinámica concreta en un punto del espacio-tiempo, influye de manera inmediatamente en la otra partícula con la que está entrelazada, independientemente de la distancia a la que ésta se halle. La no-localidad implica que las mediciones realizadas en una partícula de un par entrelazado pueden determinar instantáneamente el estado de la otra partícula, incluso si esta última se encuentra a miles de kilómetros de distancia. Es un fenómeno que se ha observado en muchas ocasiones en las partículas subatómicas y que desafía el paradigma científico conocido hasta ahora… El fenómeno de la no-localidad que tanto ha intrigado a los científicos proviene de que todo lo que existe en el universo está intrínsecamente vinculado, unido en y por el campo de energía quántica.

El fenómeno de no-localidad y la información instantánea.  En el campo A, la información se trasmite a través de un medio vacío, sin rozamiento y de forma instantánea. No transcurre tiempo alguno desde que la información “parte” hasta que “llega”. A los físicos les ha costado mucho comprender este hecho, pues parecía que la información se propagaba a una velocidad superior a la de la luz. Hasta que se han dado cuenta de que tal velocidad no existe. No se necesita. En el campo cuántico, todo parece estar continuamente en contacto con todo. La comunicación no necesita velocidad, ni grande ni pequeña, es instantánea. Todo está permanentemente comunicado. Podemos pues decir que en el campo cuántico el tiempo no existe porque no se necesita tiempo para desplazarse por él. Eso significaría, entre otras cosas, que si uno fuera consciente de ese campo, podría estar en comunicación instantánea con todo y con todos; en realidad, con toda la información que contiene el universo a todos los niveles.

Se ha comprobado experimentalment que cada medida que se efectúa sobre una partícula lleva a un resultado complementario en las mediciones de la otra. Parece como si las medidas sobre la partícula A tuvieran un efecto instantáneo sobre B, haciendo que la función de onda se colapse en el estado complementario. Las medidas en A no se limitan a revelar el estado ya establecido de B: realmente producen ese estado. Hay un efecto instantáneo que se propaga de A a B, transportando información precisa de lo que se está midiendo. Se la experimentado que la velocidad de la comunicación entre partículas a doce metros de distancia se realizó a menos de una milmillonésima de segundo, alrededor de veinte veces más rápido de lo que la luz viaja en el espacio vacío, mientras que en otro experimento de partículas separadas a una distancia de diez kilómetros parece que se comunicaron 20.000 veces más rápido que la velocidad de la luz, cuando la teoría de la relatividad suponía que era una barrera de velocidad que no podía traspasarse. Los experimentos demostraron también que la conexión entre las partículas no era transmitida por medios convencionales a través de los aparatos de medida, sino que era intrínseca a las partículas en sí. Las partículas estaban «enmarañadas»: su correlación no era sensible a la distancia en el espacio ni a la diferencia en el tiempo. Los experimentos demuestran que dos partículas cualesquiera, ya sean electrones, neutrones o fotones, pueden originarse en diferentes puntos del espacio y del tiempo; si alguna vez se juntan en el mismo sistema de coordenadas, esto ya es suficiente para que continúen actuando como parte del mismo sistema cuántico incluso aunque estén separadas…

9. Teletransporte cuántico

Teletransporte ¿Dónde se encuentran esas conexiones instantáneas entre los objetos cuánticos que son responsables de sus comunicaciones independientemente del espacio y del tiempo? En el campo cuántico (Campo A). En el campo A, la «información» se trasmite a través de un medio vacío, sin rozamiento y de forma instantánea. La comunicación no necesita velocidad, ni grande ni pequeña, es instantánea. Todo está permanentemente comunicado. La teleportación cuántica es un fenómeno real y asombroso. En primer lugar, hay que dejar claro que no se ha conseguido teleportar ningún objeto macroscópico (mucho menos una persona). En segundo lugar, la teleportación cuántica no significa enviar la materia que compone un objeto de un punto a otro. La materia permanece en su sitio. Se parece más a un envío por fax o correo electrónico, donde no es la hoja de papel impresa la que viaja, sino la información que contiene. Según la física cuántica las partículas pueden estar en múltiples estados a la vez, y su estado solo se determina al ser observadas. Además, las partículas pueden estar entrelazadas, lo que significa que su estado está correlacionado y cualquier cambio en una de las partículas se reflejará instantáneamente en la otra, sin importar la distancia que las separe. Los científicos han logrado transmitir información instantáneamente a través de grandes distancias utilizando partículas entrelazadas. El entrelazamiento cuántico permite la transmisión de información de manera instantánea, sin importar la distancia que haya entre las partículas entrelazadas. El entrelazamiento cuántico garantiza la seguridad de la comunicación, ya que cualquier intento de interceptar la información alteraría el estado de las partículas, lo que sería detectado por el receptor. El estado cuántico de una partícula se puede transmitir de un lugar a otro sin mover físicamente la partícula. Esto se conoce como teletransportación en mecánica cuántica. Siempre que dos o más partículas se entrelazan, sus estados no pueden describirse independientemente uno del otro. No importa qué tan separadas estén las partículas, el estado de una partícula afecta instantáneamente al estado de la otra. Experimentos recientes demuestran que existe una forma de conexión no-local conocida como «teletransporte» no solo entre partículas individuales, sino también entre átomos completos. El teletransporte cuántico es un proceso que utiliza el entrelazamiento para transmitir el estado cuántico de una partícula a otra distante, teletransportando de hecho la información. El teletransporte solo es posible gracias al entrelazamiento. La pieza clave del teletransporte son los dos entrelazamientos que se realizan. Sin entrelazamiento, no habría teletransporte cuántico. Lo más destacable en este mar de misterios cuánticos es que las partículas, y los átomos constituidos por partículas, no son entidades individuales. Se trata de entidades sociables que, bajo determinadas condiciones, están tan estrechamente «enmarañadas» unas con otras que no están simplemente aquí o allí, sino en todas partes al mismo tiempo. Su no-localidad no respeta ni el tiempo ni el espacio: existen tanto si la distancia que separa las partículas y los átomos se mide en milímetros o en años luz, y tanto si el tiempo que las separa se mide en segundos o en millones de años.

Uno de los fenómenos más sorprendentes es la capacidad de transmitir toda la información de una partícula a otra —estando ambas entrelazadas. Esto significa que se puede enviar información cuántica sin que exista un canal cuántico involucrado en el proceso. Este fenómeno se denomina teleportación cuántica y A. Zeilinger, fue el primero en probar su existencia, en 2012, mediante un experimento que transfería la información entre dos partículas separadas una distancia de 143 kilómetros. Además, los actuales experimentos de «teletransporte» muestran que cuando un átomo de una pareja de átomos correlacionados se correlaciona a su vez más tarde con un tercer átomo, el estado cuántico del tercero es instantáneamente transferido («transmitido») al otro átomo del par inicial, sin importar lo lejos que este pueda estar. En la comunicación clásica, la información se codifica en bits, que pueden tener un valor de 0 o 1. En cambio, en la comunicación cuántica, la información se codifica en qubits, que pueden tener múltiples valores al mismo tiempo gracias al fenómeno de superposición cuántica. Esto permite una mayor capacidad de almacenamiento y transmisión de información. De la prensa digital entresacamos el siguiente ejemplo: se puede preparar dos átomos en un estado especial entrelazado en un laboratorio, mandar uno a Málaga y otro a Granada, y usarlos para crear una especie de “teletransporte” o “catapulta” cuántica. Con esta pequeña máquina de teletransporte, puedes “catapultar” la información contenida en un tercer átomo de Málaga a Granada mandando pares de bits clásicos de información (ceros o unos). Esto es sorprendente porque el estado de ese átomo puede ser cuántico y bastante más complejo que la información clásica que enviamos de Málaga a Granada. Esto es posible gracias al estado entrelazado, que crea una conexión espacial exótica entre Granada y Málaga. Aunque la teletransportación cuántica puede parecer muy extravagante, ha sido demostrada experimentalmente y tiene potencial para usarse en una amplia variedad de aplicaciones prácticas. Sin embargo, es importante destacar que la teleportación cuántica no implica el transporte físico de la partícula original, sino más bien la transferencia instantánea de información sobre su estado. Es como si se estuviera «clonando» el estado cuántico de una partícula en otra partícula remota.

10. Conexión mente-cuerpo-espíritu

La mecánica cuántica está en la base de un nuevo paradigma interpretativo que nos permite solventar una tradicional contradicción: la oposición entre materia y espíritu… Mientras que con el método científico tradicional existía una oposición irreconciliable entre ciencia y espiritualidad o religiosidad, entre materia y espíritu… la mecánica cuántica permite explicar esa aparente oposición existente entre materia y espíritu según el método científico clásico, y tiene su símil en el concepto de partícula y onda… la energía se puede manifestar como partícula (que es materia) pero también como onda (que es energía)… El nuevo paradigma «post-materialista» (ver aquí) y las indagaciones de la «ciencia de la conciencia» (ver aquí) han revolucionado la concepción que hasta ahora hemos tenido sobre el ser humano. Desde esos ámbitos de investigación y ciencia se viene afirmando algo "revolucionario", capaz de transformar la perspectiva existencial con la que cada uno andamos por la vida: que cada uno de nosotros más un cuerpo físico que tiene alma, espíritu, conciencia…  somos «seres espirituales» encarnados en un cuerpo físico.

ConexiónEl ser que somos. Desde un punto de vista cuántico tenemos un cuerpo (que es energía de baja frecuencia, energía colapsada tridimensionalmente)… Todo el cuerpo/materia está “vacío”… hay enormes espacios entre las partículas subatómicas. La mente (las actividades mentales: consciencia, pensamientos, recuerdos, memoria…) es energía de alta frecuencia, es decir, ondas electromagnéticas, (un pensamiento, por ejemplo, es una onda electromagnética detectable con el electroencefalograma)... todas esas actividades mentales son energías de alta frecuencia… Tenemos una conciencia no-local de altísima frecuencia, independiente de la consciencia neuronal o local, que perdura más allá de la muerte física y que tiene la capacidad de salir de nuestro cuerpo y transmir información, es independente de la consciencia local o neuronal. Tenemos, pues, «consciencia» (consciencia neuronal) y «conciencia», dos dimensiones que nos dotan de humanidad. Recordemos que conviene distinguir entre «consciencia» de base neuronal y «Conciencia». Conciencia / Alma / Supraconciencia vamos a considerarlos como sinónimos (Conciencia = Alma = Supraconciencia). La Conciencia / Alma / Supraconciencia (que pervice más allá e la muerte, que es eterna, omnipresente, onmisciente y omnipotente) constituye nuestra verdadera esencia, nuestra auténtica identidad. Es decir, somos cuerpo (es decir, energía colapsada de baja frecuencia), mente con todas sus actividades (ondas electromagnéticas de alta frecuencia) y una Conciencia no-local que tiene continuidad fuera de nuestro cuerpo, que perdura a pesar de la muerte física. La Conciencia la hemos de interpretar como un flujo de energía que es/contiene información… las ECM y demás experiencias trascendentes así nos lo muestran: que hay un flujo de energía, de información, independiente del cuerpo, que perdura más allá de la muerte física… Hoy tenemos métodos científicos objetivos que nos permiiten claramente demostrar que realmente tenemos otra Conciencia (Conciencia no-local) además de nuestra conciencia neuronal (conciencia-local=consciencia)… En el ser humano, en cada uno de nosotros, existe, pues, una conciencia neuronal o local y una «conciencia no-local» o «supraconciencia». Cuando morimos desaparece la conciencia neuronal o local, pero persiste esta otra conciencia (llamada no-local o supraconciencia). La conciencia no-local o supraconciencia está por encima de la conciencia neuronal. La conciencia es una energía sutil que no podremos detectar, las partículas subatómicas no las podemos ver, podemos ver sus efectos y sus interacciones pero nunca las podemos ver físicamente, son energía, ondas de elevadísima frecuencia. Algunas de sus manifestaciones: intuición, clarividencia, creatividad... Según el nuevo paradigma post-materialista además de la materia, la Mente y la Conciencia son elementos constitutivos básicos del Universo.

Alma-Conciencia-Mente es el ser que realmente somos… Alma-conciencia es lo que realmente somos… Cada ser humano está constituido por un cuerpo físico con su consciente y su consciencia y tiene un alma-conciencia… el consciente y la consciencia están en el cerebro… es decir, cada cuerpo físico tiene su consciente y su consciencia (neuronales, locales)… el consciente y la consciencia tienen memoria, recuerdan, saben de nosotros desde los 6 ó 7 años de edad aproximadamente hasta el momento actual… Y además tenemos un alma-conciencia que siempre es la misma para todos los cuerpos físicos en que haya podido estar, en los que se haya podido encarnar, que no desaparece con la muerte física (es eterna), y que encarnada sucesivamente en diversos cuerpos físicos atraviesa diversas existencias, vive diversas vidas (reencarnación), recala en diversos planos o dimensiones… y lleva consigo toda la ancestral sabiduría atesorada a lo largo de su periplo existencial, un cúmulo de experiencias (positivas y negativas) acumuladas a lo largo de su dilatado itinerario existencial (en sus diversas “encarnaciones” o “vidas”)… a lo largo de las cuales va viviendo experiencias diversas, realizando aprendizajes diversos para ir evolucionando. madurando, humanizándose (proceso de “humanización”= progresando en la gran cadena evolutiva del Ser) (ver aquí), acumulando y atesorando en su haber todos esos aprendizajes, toda esa esa sabiduría… El alma-conciencia lleva consigo toda la información que ha adquirido en la experiencia vivida en el cuerpo en el que ahora está encarnada, más todos los disturbios emocionales no resueltos consecuencia de experiencias negativas vividas en ese cuerpo, pero también trae consigo toda la información de lo que ha aprendido positivamente (aprendizajes humanizantes positivos) en otras existencias atravesadas o vidas pasadas. Y ese ser que en esencia somos, esa alma-conciencia, tienen tres grandes características:  es omnisciente, omnipotente y omnipresente: omnisciente que lo sabe todo, sabe lo que pasó en cualquier cuerpo anterior que habitó, sabe lo que pasó en el vientre de la madre, sabe lo que pasó en el nacimiento, sabe lo que pasó en cualquier momento su dilatada trayectoria existencial… omnipotente significa que no tiene obstáculos arquitectónicos, puede atravesar paredes… y puede estar en cualquier lugar solamente con desearlo, puede estar en cualquier sitio y omnipresente es que puede estar diferentes lugares, podemos estar en diferentes lugares simultáneamente. ¿Qué parte de toda esa experiencia acumulada es consciente y qué parte permanece inconsciente? Solo somos conscientes de un 5% de lo que ocurre en nuestro interior… la mayor parte de lo que ocurre en nuestro día a día, en nosotros mismos, queda en el inconsciente o en el subconsciente… nuestra personalidad en más de un 90% está condicionada por nuestro inconsciente… nuestra personalidad está regida, condicionada y determinada en más de un 90% por elementos inconscientes que a menudo escapan a nuestro control…

En este sentido cada ser humano es un paquete de energía interactuando constantemente con este vasto campo de energía que es el Universo. El ser humano es un complejo cuántico coherente en el que todas sus energías funcionan sincronizadamente... somos como una antena que emite energía en forma de ondas electromagnéticas de frecuencias variables dependiendo del estado físico y anímico. El cuerpo físico y todas las actividades mentales son energía, ondas electromagnéticas de distintas frecuencias y por tanto información.  Los experimentos científicos sugieren que la Conciencia es una sustancia fuera de los confines del cuerpo humano; una energía altamente ordenada y con la capacidad de transformar la materia física. El poder de la Mente sobre la materia parece atravesar el tiempo y el espacio. Un pensamiento es una entidad real, como lo es una mesa, pero más sutil, es decir, de una mayor frecuencia vibratoria. Los pensamientos tienen peso y sustancia en el nivel sutil, y pueden influir sobre el resto de las cosas. La onda del pensamiento tiene el mismo comportamiento que cualquier otra onda de transmisión, puede modificar su velocidad de propagación y su frecuencia vibratoria de forma instantánea hasta abarcar cualquier dimensión del Universo. Los científicos han descubierto que el pensamiento dirigido participa de alguna forma en la creación de la realidad. Orientar los pensamientos intencionalmente parece producir una energía lo suficientemente potente como para cambiar la realidad física. Cada pensamiento es energía con el poder de transformar. Un pensamiento, un recuerdo, la memoria, la consciencia... son energía en forma de ondas.  Un pensamiento es una entidad real, como lo es una mesa, pero más sutil, es decir, de una mayor frecuencia vibratoria. Los pensamientos pueden influir sobre el resto de las cosas. De acuerdo con los nuevos descubrimientos de la ciencia, todos los organismos vivos emiten continuamente radiaciones de luz que forman un campo de coherencia y comunicación. La parte visible del cuerpo simplemente se encuentra —o es observable— en aquel lugar donde la actividad de la onda es más densa. Las ondas cuánticas invisibles se extienden desde cada persona y penetran en todos los demás organismos. De la misma forma, cada persona recibe las ondas de energía del resto de seres, con las que se entrelazan las suyas. El pensamiento organiza la mente en una estructura afín a la de otras personas de pensamiento similar. Esta estructura genera una expresión corporal y emocional y un comportamiento específico, que es percibido por los demás. Se genera entonces una correspondencia directa entre ambas personas, todo en el Universo está conectado o entrelazado.

La Conciencia componente fundamental de la realidad. La idea de que la Consciencia afecta a la Materia es la principal diferencia entre la visión del mundo que ofrece la física clásica y la nueva concepción de la física moderna. La física cuántica y la epigenética proporcionan un entendimiento novedoso acerca del misterio de la conexión mente-cuerpo-espíritu. En este contexto, es posible afirmar que la Mente y la Conciencia no son un epifenómeno del cerebro, sino que constituyen el factor fundamental de la Realidad. Mientras que la física clásica y la teoría genética no reconocen el poder de la mente humana, la nueva ciencia acepta que la Conciencia dota a las personas de potentes capacidades creativas para dar forma a sus vidas y a su mundo.  Los nuevos modelos de la Conciencia la retratan como una entidad capaz de traspasar los límites físicos de todo tipo. La Conciencia es una entidad no-local, omniscente, omnipotente y omnipresente. La existencia de un campo de la Conciencia, llamado “campo A”  implica que toda la materia del Universo está conectada en el nivel subatómico a través de una danza constante de intercambio de energía cuántica. 

La perspectiva de un Universo “vivo” invita a vernos a nosotros mismos como parte de una creación ininterrumpida y despierta un sentimiento de conexión, pertenencia y compasión hacia la totalidad de la Vida. A partir de ese momento sí empieza a tener sentido que cada ser humano tenga una experiencia directa de comunión con los demás.

Según Bohm, si el universo es no-local en un nivel subcuántico, esto significa que la realidad es, en última instancia, un tejido sin costura y que sólo nuestros propios modos de pensar nos llevan a dividirla en categorías arbitrarias como "mente" y "cuerpo", lo cual nos conduce también a estimar que la vida está fundamentalmente separada de la no vida. Para Bohm no hay dualidad porque ambas categorías son secundarias y derivadas, y están incluidas en un fundamento común superior. Bohm cree que algún día podría ser factible para la gente percibir el fundamento común, superior y multidimensional en el que la conciencia y la materia ya no estén separadas y, en esencia, sean una suerte de "mente del cuerpo". Dónde o cómo puede ser percibido ese plano superior, Bohm no lo sabe, sólo dice que "es una realidad más profunda y más hacia dentro" que "no es mente ni cuerpo, sino más bien una realidad dimensional aún más alta"

11. La inteligencia única: un océano único de Inteligencia

El Universo puede ser (quizás sea) una red neuronal gigante. Pensar en la idea de que el universo es similar a un cerebro que evoluciona y aprende puede parecer marginal o absurda de primeras, pero es una teoría que ha ido ganando adeptos dentro de la comunidad científica. Todos ellos fascinados en parte por sus implicaciones y por el fin de la visión del cosmos como un espacio solo regido por fuerzas gravitacionales y luz. E. Hawking llegó a la conclusión de que el Universo es un sistema en evolución que opera según principios darwinianos que impulsan al mundo hacia una mayor complejidad... Y establece la idea de que el Universo no sea sólo un sistema físico arbitrario, sino algo más parecido a un sistema biológico en evolución, como un organismo o un cerebro... que de ser exacta, se trataría del cambio de paradigma más profundo en la historia de la ciencia y la filosofía. El Universo muestra una organización jerárquica interconectada. Y detalla que «los 200 mil millones de galaxias detectables estimados no están distribuidos aleatoriamente, sino agrupados por la gravedad en cúmulos que forman cúmulos aún más grandes, que están conectados entre sí por «filamentos galácticos», o hilos largos y delgados de galaxias» como si se tratara de las conexiones entre las neuronas del cerebro, donde también vemos neuronas que se aglutinan en grupos más grandes y que a su vez están interconectadas por unos filamentos que forman los axones. El Universo podría ser literalmente una red neuronal interconectada de «nodos» a escala macroscópica, como lo es a nivel microscópico la red de neuronas dentro de nuestros cráneos. Esta red podría permitir que el Universo no sólo evolucione, sino que aprenda... La selección natural podría estar ocurriendo en todas las escalas, desde la cosmológica y la biológica hasta las subatómicas…Como resultado, las estructuras más estables tendrían más probabilidades de sobrevivir y las menos estables tendrían más probabilidades de ser exterminadas. Según estas teorías podría hablarse de algún tipo de inteligencia cósmica.

Lo ha apuntado la sabiduría perenne y va siendo confirmado por la ciencia actual. Existe una inteligencia suprema, mente universal, o energía divina o poder supremo o fuente o Dios que ordena el Universo, que es infinita y todopoderosa, que está en todo y en todos, que todo lo sabe y con la que estamos en permanente comunicación. Esa inteligencia siempre está redefiniendo la Realidad en función del flujo de energía, positiva o negativa, que recibe de nosotros y de todo lo demás. La sabiduría perenne afirma que hay una única Vida, una única Inteligencia, una única Voluntad, un único Yo, que se manifiesta en todo y a través de todo, también en lo que tendemos a concebir como nuestro pensamiento particular y nuestra voluntad independiente y autónoma. Todo es Mente. Hay una única Inteligencia —nos enseña la sabiduría—, de la cual nuestra inteligencia particular es expresión.  No hay nada inconsciente o muerto. Todo está vivo; todo es inteligente.

La Inteligencia o Conciencia única se manifiesta en los reinos no humanos —en el mundo animal, vegetal y mineral— de una forma inferior, jerárquicamente, al modo en que se manifiesta en el ser humano.  La Inteligencia y la Conciencia no son una manifestación particular dentro del cosmos cuya «sede» sea el hombre, sino el entramado y la sustancia misma del universo. Hay una inteligencia común a todos los individuos humanos. Cada ser humano es una entrada a esa inteligencia y a cuanto en ella existe. El ser humano no es algo aislado de la totalidad de la vida, sino el lugar donde el cosmos puede tomar plena conciencia de sí. Ese Yo universal que todo lo informa y todo lo rige es mucho más amplio que lo que ordinariamente entendemos por yo. Ese Yo es la Vida que anima todo lo que vive, desde la brizna de hierba más insignificante hasta la estrella más conspicua. Es la Inteligencia que hace que todo sea lo que es y llegue a ser lo que está destinado a ser. El ser humano tiene la capacidad, además, de ser conscientemente uno con Ella. Puede saberse partícipe en la danza de la Vida. Pero no puede disociarse de Ésta, aunque así lo crea. La Vida, el Amor y la Inteligencia únicas son la íntima realidad de toda cosa. No solemos actuar en el medio fluyendo y colaborando a favor de su propia inteligencia intrínseca, bailando su misma danza. Ésa habría de ser nuestra actitud ante el mundo natural. 

Nuestra mente es un centro focal de la Inteligencia única. Nuestro cuerpo es una célula del cuerpo total del cosmos. Aquello que dice «yo» cuando decimos «yo», es el único «Yo», pues el sentido de ser, de presencia lúcida, de identidad, que nos permite exclamarlo, es el Ser, la Conciencia y la Identidad única. La inteligencia que habla en lo más íntimo, es la Razón única que lodo lo gobierna. Esta Inteligencia es su más íntimo Yo y, por ello, no es una fuerza o una voz que le enajene; es la voz de su verdad íntima, de su propia realidad. Ser libre es ser lo que se es,  aprender a querer todas y cada una de las cosas tal y como son. Pues todo es expresión de la Inteligencia u Orden único.

12. La «coherencia» cuántica

La ley de coherencia. La estrecha relación que existe entre las diversas partes del universo en el campo A hace que, en ese nivel profundo que parece ser la mismísima fuente de la creación, todo el universo se encuentre en coherencia perfecta. Coherencia que no siempre es visible o evidente desde una percepción ordinaria de la materia. A menudo el mundo nos parece incoherente y falto de armonía. Pero hay una coherencia de fondo que mantiene al universo manifestado. Sin la realidad del campo cuántico, sin ese vínculo energético sutil profundo, hace mucho tiempo que nuestro mundo habría dejado de existir. Algo lo mantiene. Algo que hasta ahora no había sido identificado ni, en consecuencia, medido.  Para el matemático Fred Hoyle la evolución de la vida por puro azar es tan improbable como que un huracán pueda ensamblar un avión tras pasar por encima de un depósito de chatarra… el «ensamblaje», la «coherencia» del universo proviene de las leyes del campo quántico que rigen el universo entero, y que la física quántica está empezando a descubrir.

En la coherencia las partes del conjunto o sistema coherente están tan finamente ajustadas unas a otras que un cambio en cualquiera de ellas produce un cambio en todas las demás, y lo que es más, los cambios se propagan por el conjunto o sistema de forma casi instantánea y parecen ser perdurables. Es como si las partes del conjunto o sistema coherente fuesen «no-locales» (no están limitadas al sitio donde están, sino que, de alguna forma, se encuentran en todos los lugares del sistema o conjunto). Respuesta a los enigmas de coherencia encontrados por los investigadores más importantes en los diferentes campos de investigación: la respuesta es la presencia de una nueva forma aún no totalmente reconocida de información en la naturaleza: «in-formación» que vincula todas las cosas del universo y crea una conexión casi instantánea entre ellas. La coherencia indica una correlación casi instantánea entre todas las partes o elementos de un sistema, ya sea ese sistema un átomo, un organismo o una galaxia. Todas las partes de un sistema con esa coherencia están tan correlacionadas que lo que le ocurre a una de las partes, le sucede también a las demás. Estas correlaciones indican la existencia de unos vínculos entre las partículas que configuran el universo observable, además de entre las partes o elementos de los sistemas que evolucionaron como conjuntos integrados de partículas. Los vínculos ajustan las partículas y los elementos, creando las formas observadas de coherencia trascendentes en el espacio-tiempo. El reconocimiento de la existencia de un campo universal que crea coherencia: seguramente es necesario postular la existencia de un campo cuántico para explicar el tipo de coherencia que sale a la luz en todas las escalas y dominios de la naturaleza, desde el microdominio de los cuantos, hasta el macrodominio del cosmos, pasando por el mediodominio de la vida. El proceso por el que se pierde la coherencia cuántica se llama decoherencia cuántica. La decoherencia cuántica es el término aceptado y utilizado en mecánica cuántica para explicar cómo un estado cuántico entrelazado puede dar lugar a un estado físico clásico (no entrelazado). En otras palabras cómo un sistema físico, bajo ciertas condiciones específicas, deja de exhibir efectos cuánticos y pasa a exhibir un comportamiento típicamente clásico, sin los efectos contraintuitivos típicos de la mecánica cuántica. La teoría de la decoherencia cuántica describe cómo los sistemas cuánticos pierden su coherencia y adoptan comportamientos clásicos debido a interacciones con su entorno. La decoherencia cuántica surge como resultado de interacciones con partículas y campos ambientales, llevando a la pérdida de la coherencia cuántica y la transición hacia comportamientos clásicos. La moderna teoría de la decoherencia sugiere que el estado de un sistema cuántico entrelazado evolucionaba por interacción con el entorno hacia una superposición no entrelazada de estados clásicos, por lo que el estado resultante era interpretable en términos clásicos. Se ha propuesto que esta teoría puede explicar por qué no observamos superposiciones macroscópicas en el mundo cotidiano, ya que la decoherencia tiende a suprimir estos efectos a medida que los sistemas interactúan con su entorno.

Estos fenómenos ocurren en disciplinas tan distintas como la física cuántica, la cosmología, la biología evolutiva y la investigación de la conciencia. La coherencia puede ser la realidad más profunda; la falta de la recientemente descubierta forma de coherencia típica en estados ordinarios denominados «clásicos» (estados en los cuales las cosas tienen una localización única y un conjunto único de características físicas) puede que no sea típica de la realidad física. La coherencia descubierta hoy en día tiene una importante implicación. Sugiere que no solo hay materia y energía en el universo, sino también un elemento más sutil pero no menos real, un elemento responsable de las formas casi instantáneas de coherencia observadas: la información está presente, y además juega un papel decisivo, en todos los campos principales de la naturaleza. La información que está presente y juega un papel crucial en la naturaleza no es la forma habitual de información sino un tipo especial, es «in-formación» (la variedad activa, físicamente efectiva que «in-forma», «forma» el receptor, ya sea un cuanto, una galaxia o el ser humano).

Coherencia en el mundo físico, en el mundo de los seres vivos y en el mundo de la conciencia. Los dominios tanto a escala macroscópica como a escala microscópica de la realidad física resultan ser sorprendentemente coherentes.

  • La coherencia en biologia. Las investigaciones más arriesgadas en la biología cuántica encuentran que los átomos y las moléculas del organismo, e incluso de organismos completos y sus medios, están casi tan «enmarañadas» unas con otras como las micropartículas que se originan en el mismo estado cuántico. Los organismos vivos son extraordinariamente coherentes: todas sus partes se correlacionan multidimensional, dinámicamente e incluso de manera casi inmediata con todas las demás partes. Lo que le ocurre a una célula u órgano también les ocurre en cierta manera al resto de células y órganos, una correlación que recuerda ese tipo de «enmarañado» que caracteriza el comportamiento de los cuantos en el micro-dominio. El organismo es también coherente con el mundo que le rodea: lo que ocurra en el entorno del organismo se refleja en cierta forma en su entorno interno. Gracias a esta coherencia, el organismo puede evolucionar de acuerdo con su medio. Incluso la composición genética de un organismo sencillo es tan compleja y se «ajusta» tan delicadamente al entorno, que en ausencia de ese «ajuste interior y exterior» las especies vivas no podrían mutar a otra forma viable antes de ser eliminadas por la selección natural. No resulta sorprendente que los organismos vivos sean coherentes como un todo, lo que sí resulta sorprendente es el grado y forma de esa coherencia. La coherencia de los organismos va más allá de la coherencia de un sistema bioquímico; en algunos aspectos, adopta la coherencia de un sistema cuántico. Mientras se mantiene vivo está en un estado de equilibrio dinámico en el que almacena energía e información y las mantiene disponibles para guiar y dirigir sus funciones vitales. Según parece, el organismo vivo es en algunos aspectos un «sistema cuántico macroscópico». El ser el humano desde el punto de vista de mecánica cuántica, aparece como un complejo cuántico coherente en el que todas nuestras energías están sincronizadas, son coherentes. Y cuando se rompe esa sincronización, aparece la enfermedad.
  • La coherencia de nuestro universo indica que todas sus estrellas y galaxias están conectadas de alguna forma. El asombroso ajuste de las constantes físicas de nuestro universo sugiere que en su origen el vacío en el que surgió no estaba estructurado de manera totalmente aleatoria. Un universo previo pudo haber «in-formado» el nacimiento y evolución de nuestro universo, al igual que el código genético de nuestros padres «in-formó» la concepción y desarrollo del embrión que se transformó en lo que somos hoy en día.
  • La coherencia en la conciencia humana. La conciencia es el hecho conocido por nuestra experiencia más íntimo e inmediato. Nos acompaña desde nuestro nacimiento y presumiblemente lo hace hasta la muerte. Es única y parece pertenecernos individualmente a cada uno de nosotros. Desde un punto de vista cuántico somos pura energía, somos un complejo cuántico coherente, todas nuestras energías están sincronizadas, hay una sincronía entre todas nuestras energías, las energías del corazón, las del cerebro, las de los músculos…  …y emitimos continuamente ondas electromagnéticas… en la relación social hay un intercambio energético y con unas personas nos sentimos bien y podemos congeniar con ellas cuando las ondas que emite él y las que emito yo son sincrónicas… en cambio, hay personas con las que no estamos a gusto con ellas… es decir, si no hay una sintonía energética entre dos personas no se puede establecer una buena relación… es decir, somos un complejo cuántico coherente… «Mi» conciencia puede que no sea solo y únicamente mía. Las conexiones que unen «mi» conciencia con la conciencia de otros, se han redescubierto hoy en día con experimentos controlados con transferencia de imagen y pensamiento, y el efecto de la mente de un individuo sobre el cuerpo y la mente de otro. Las tribus nativas parecen capaces de comunicarse sin necesidad de verse ni oírse. En el laboratorio también las personas modernas y no solo las tradicionales muestran una capacidad para la transferencia espontánea de imágenes e impresiones, especialmente cuando tienen una estrecha relación emocional entre ellas. La mente de una persona parece ser capaz de actuar sobre el cerebro y el cuerpo de otra. Esta facultad, conocida tradicionalmente, se verifica hoy en día a través de experimentos controlados y constituye la base de una nueva rama de la medicina conocida como medicina telesomática o no-local. Los descubrimientos actuales de los mayores alcances logrados por la conciencia humana recuerdan las palabras pronunciadas por Einstein hace medio siglo. «Un ser humano», dijo, «es parte de un todo que llamamos universo, una parte limitada en tiempo y espacio. Él piensa que sus pensamientos y sus sentimientos están separados del resto, una especie de espejismo de su conciencia. Este espejismo es un tipo de prisión para nosotros, que restringe nuestras decisiones personales y nuestros afectos hacia las personas que nos son más cercanas».

Elaboración a partir de materiales diversos

Ver también:

Una nueva visión del Cosmos y del ser humano

sección: LA CONCIÈNCIA



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