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El despertar de la conciencia: La era axial

  • La humanidad a lo largo de su historia ha pasado por algunos momentos que han supuesto un gran impacto en los procesos de evolución cultural.
  • La historia humana pasa por un momento fundacional conceptualizado como la «era axial» o «tiempo-eje».
  • El «tiempo-eje» no hace referencia a un hecho histórico ni es un dato cronológico; se refiere a la fuente de la que emanan las aspiraciones espirituales del hombre.
  • En ese momento se da una explosión existencial y cultural que provoca la emergencia del sujeto como verdadero ser humano. Un tiempo en el cual el hombre sufrió una transformación profunda. Según Jaspers, en un momento de la historia –entre los años 800 y 200 a.C.: el hombre tomó conciencia de sí y descubrió la trascendencia.
  • A partir de ese momento el anhelo de emancipación, de libertad, se convierte en la verdadera meta del desarrollo histórico. Todo desarrollo, sea del orden que sea, debe conducir al hombre hacia su liberación.

Ni siempre hemos pensado igual, ni siempre hemos tenido el mismo nivel de conciencia sobre la realidad, nuestras acciones o sobre nosotros mismos. No debemos olvidar la limitación histórica y actual de nuestra capacidad intelectual humana. A lo largo de la historia ha habido muchos niveles diferentes de nuestra capacidad de pensar. ¿Qué nivel de conciencia debían poseer nuestros antepasados pre-humanos y primeros humanos? La «humanización» ha sido, pues, un proceso en el que podemos destacar algunos momentos especialmente relevantes. La humanidad a lo largo de su historia ha pasado por algunos momentos que han supuesto un gran impacto en los procesos de evolución cultural. El sentido de la historia ha sido uno de los parajes temáticos más concurridos a lo largo de la historia de la filosofía. El devenir histórico, la sedimentación de los hechos que transcurren, ¿se rige por una finalidad interna que los guía hasta alcanzar la meta prefigurada?; por el contrario, ¿tiene un centinela que marca desde la exterioridad el paso de los acontecimientos?, o bien, ¿se mueve por una constante revolución que adolece de brújula? En esta encrucijada debe situarse la reflexión que estructura toda la obra de Karl Jaspers, Origen y meta de la historia.

La historia tiene un momento fundacional, un punto estructural que el autor sitúa entre el 800 y el 200 a.C, y que conceptualiza como «tiempo-eje». En ese momento se da, tanto en Occidente como en Oriente, una explosión existencial y cultural que provoca la emergencia del sujeto como ser humano. Tanto en Oriente como en Occidente una serie de corrientes de pensamiento entran en escena para revolucionar las creencias y los pensamientos de sus habitantes, generando paradigmas que transforman teórica y espiritualmente a los individuos y a las respectivas sociedades. Como consecuencia de ello el ser humano eleva su conciencia de sí mismo como ser individual o social. Toma conciencia, a su vez, de la tragedia de sus límites, de la impotencia ante su imperfección y propone finalidades trascendentes que le permitan escapar de su catastrófica condición humana. A partir de ahí, el sujeto se convierte en un ser capturado por sus debilidades pero extasiado por sus posibilidades. El anhelo de emancipación, de libertad, se convierte en la verdadera meta del desarrollo histórico. Todo desarrollo, sea del orden que sea, debe conducir al hombre hacia su liberación, hacia la destrucción de las cadenas que someten a los sujetos a su mediocridad mundana.

El filósofo alemán Karl Jaspers definió la Era Axial (el periodo que transcurre entre el 800 a. C. y el 200 a. C.) como la sima divisoria más profunda de la historia de la humanidad, durante la cual apareció semejante línea de pensamiento en tres regiones distintas del mundo: China, India y el Occidente. Según Jaspers, lo humano tal y como lo conocemos hoy surgió en esta época. Este «tiempo-eje» hablaría de un tiempo en el cual el hombre sufrió una transformación profunda sin necesidad de una fe determinada o un elemento sobrenatural, es decir, un proceso de crecimiento racionalización intelectual y sobre todo espiritual.

La nueva «sabiduría» lleva a determinados individuos (Confucio, Buda, Sócrates, Jesús de Nazaret, etc.) a la investigación ética y mística alcanzando «lugares internos» donde el ser humano no había penetrado aún. Se concretan los caminos por donde transita el sufrimiento, las razones que lo provocan y las vías de salida para escapar de él, aumentando en calidad el estado de bienestar espiritual. Al mismo tiempo, se busca cómo mejorar la calidad de vida a nivel material y la organización social para una mejor convivencia. Desde un punto de vista racional y espiritual, lo conseguido durante el «Tiempo-eje» permanece como los grandes cimientos de un gran edificio a construir por las generaciones futuras. Como si de una presa acuífera se tratara, en los siglos VI y V a.C. se rebasaron los antiguos niveles de conciencia provocando un desbordamiento intelectual y espiritual que se canalizó durante varios siglos para aportar importantes mejoras en este proceso de humanización en el que aún nos encontramos.

Origen y meta de la historia

Karl Jaspers publicó Origen y meta de la historia cuando la filosofía de la historia, que hasta entonces era una reflexión optimista sobre el progreso del hombre, se había dado de bruces contra la barbarie nazi. Si Hegel afirmó que había concluido el tiempo histórico justo en el momento en que Napoleón entraba en Jena, Jaspers, con más modestia y realismo, advirtió que el futuro estaba abierto, repleto de riesgos y posibilidades para el hombre. Tomar conciencia de la historicidad del ser humano no era algo inusual para los pensadores llamados existencialistas. Es precisamente esa experiencia de la temporalidad la que tensiona la vida del hombre: la dialéctica entre el pasado, el presente y el futuro constituye el marco adecuado para que el hombre se comprenda a sí mismo.

Este ensayo contiene valiosas y profundas intuiciones, y no ha envejecido; Jaspers, por ejemplo, explora la naturaleza contradictoria de Occidente y las amenazas de la civilización técnica. Ensayando un difícil equilibrio entre universalidad y pluralidad, reivindica la unidad de la historia y la copertenencia humana, y percibe, en la multiplicidad de culturas y tradiciones, cristalizaciones y concreciones dispares que emanan de una misma fuente: el ser espiritual del hombre.

Es además en este libro donde el pensador alemán dio a conocer su famosa idea de “tiempo-eje” o “edad axial”, una noción fecunda que en los últimos años ha sido retomada por otros pensadores, entre ellos Robert Bellah. Según Jaspers, en un momento de la historia –entre los años 800 y 200 a.C.: el período de Buda, Confucio, los primeros filósofos y profetas como Jeremías o Elías– el hombre tomó conciencia de sí y descubrió la trascendencia. Es un proceso que llama “espiritualización” y que le permite articular el sentido unitario de la historia.

El tiempo-eje no hace referencia a un hecho histórico ni es un dato cronológico; se refiere a la fuente de la que emanan las grandes inquietudes espirituales del hombre, las grandes inquietudes espirituales como seres humanos: la capacidad de interrogarse sobre el sentido de la existencia, sobre los orígenes, sobre el más allá o sobre el destino último de la realidad. El ser humano ha alcanzado un nivel de conciencia tal que es posible la emergencia de una profunda reflexión sobre cuestiones vertebrales en la preocupación humana: origen del Universo, el significado de la existencia, su probable destino, etc. Inquietudes y aspiraciones en las que coinciden Occidente, China y la India. Jaspers imputa a ese mismo origen todos los logros y posibilidades desplegadas con posterioridad en el transcurso histórico e incluso cifra en el redescubrimiento u olvido del caudal espiritual del tiempo-eje la victoria o fracaso de las culturas posteriores.

El tiempo-eje opera en su interpretación histórica como un ideal normativo que constituye el origen de la historia, pero también indica la meta, la comunión de espíritus a la que presuntamente la humanidad se encamina. Para nuestra mirada, acostumbrada a la exactitud y la acumulación de datos pasados, las generalizaciones históricas que contiene este sesudo ensayo pueden resultarnos inverosímiles o poco “científicas”. Pero como filósofo, Jaspers pretende elevarse y establecer conexiones, interpretar los hechos y captar eso profundo y existencial que encubren los vericuetos que toma el curso de la historia. ( Por JOSE MARÍA CARABANTE)

La Era Axial

Jaspers definió la Era Axial (el periodo que transcurre entre el 800 a. C. y el 200 a. C.) como la sima divisoria más profunda de la historia del hombre, durante la cual apareció la misma línea de pensamiento en tres regiones del mundo: China, India y el Occidente. Tras la Era Axial, las diferentes regiones de la Tierra no tuvieron ya un paralelismo semejante. Según Jaspers, lo humano, como lo conocemos hoy, nació entonces. No pudo vislumbrar ninguna conexión para este suceso, ni tampoco ninguna señal de interconexión entre los Pueblos mediterráneos, India y China en este periodo.

Para entender el cambio radical y simultáneo que se produce hay que obviar las cuestiones anecdóticas y tratar de ver qué tienen de esencial en común estas grandes tradiciones filosóficas y religiosas. Según Jaspers, los grandes cambios que se producen durante la Era Axial son cuatro:

  1. La aparición de la auto-consciencia: El ser humano se hace consciente de sí mismo y de sus limitaciones. Su anhelo es la salvación personal frente al caos y el dolor aparentemente incomprensible que le rodea. No en vano, esta época coincide con la aparición de los primeros Estados. Las grandes culturas de la época, China, India y Occidente, estaban constituidas por pequeños estados, enfrascados en luchas interminables. 
  2. Se abandona, poco a poco, el pensamiento mágico y se intenta ganar la salvación personal a través de la actividad reflexiva, aplicando la célebre máxima del templo de Apolo: “Conócete a ti mismo”. Surge la psicología y el interés por los procesos internos del pensamiento y las emociones. Por primera vez en la historia, los filósofos aparecen en público y predican sus enseñanzas. Surgen los conflictos filosóficos, nacidos del afán de convencer a los demás. Todo acaba en la discusión, la fractura y, finalmente, en el caos.
  3. De este caos nacen, esencialmente, todas las corrientes actuales de pensamiento religioso y filosófico. Es una época germinal.
  4. Muchas opiniones, modos de actuar y costumbres de los hombres son puestos en tela de juicio y, a la larga, cambian. Aumenta la complejidad de las sociedades y se introducen grandes innovaciones sociales y tecnológicas que tienden a la abstracción: por ejemplo, el dinero y la moneda como abstracciones del valor de las cosas, la numeración y el álgebra como medios para cuantificar y gestionar la realidad, la justicia organizada (jueces civiles o religiosos que aplican las leyes, en nombre del rey, emperador o jefe militar…etc.).

Todas estas características aparecen bajo las mismas circunstancias sociológicas: China, India y Occidente, constituido cada uno de ellos por pequeños Estados, se enfrascan en luchas interminables. Los amantes del saber van de ciudad en ciudad intercambiando ideas. Estos amantes del saber eran los hombres sabios de la religión y los sistemas filosóficos. En China, Confucionismo, Taoísmo, las escuelas de Mo-tzu, Zhuangzi, Lie Zi, entre otros. En la India, Brahmanismo, Budismo. En Occidente, el Zoroastrismo, los profetas del Judaísmo como Elías, Isaías, Jeremías y, en Grecia, la sofística, la filosofía de Parménides, Heráclito, Platón, Tucídides y Arquímedes. Todas estas corrientes surgieron de manera casi simultánea durante este periodo -con todo lo que supusieron para el futuro del hombre-, sin que ninguna tuviera contacto con las otras.

La «era axial» es la raíz del pensamiento moderno. Según Jaspers, lo humano tal y como lo conocemos hoy surgió en esta época. La ética empieza a verbalizarse, estudiarse y comprenderse. Ya no basta con cumplir ciegamente las normas, sino que éstas deben tener un fin, un espíritu que las inspire, y es necesario actuar de acuerdo a dicho espíritu.

Elaboración a partir de materiales diversos

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