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Vida cotidiana alienada (II)

En el trabajo y en los demás ámbitos de nuestra vida cotidiana también vivimos esas relaciones alienantes: establecemos relaciones de poder que nos alienan, que no nos permiten ser verdaderamente nosotros mismos.

Sólo somos dichosos si hemos sido capaces de entablar aunque sea unas pocas relaciones sinceras y naturales con otros seres humanos.

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(...) Esto nos muestra que algo anda mal. ¿Qué posibilidades tengo de realizarme como ser humano, si mi vida consiste en una serie de actividades mecánicas y repetitivas, si todo me está ya dado y yo sólo debo consumir: comprar, usar, tirar y volver a comprar? ¿Cómo puedo ser yo mismo, conocerme y conocer al otro, si no puedo entablar una relación verdaderamente humana con otra persona, trascendiendo las relaciones de dominación?

Las relaciones que establecemos con otras personas en nuestra vida cotidiana alienada, no nos permiten contemplar a esas personas en su realidad personal y concreta, ni en su verdad subjetiva, así como ellos no podrán hacerlo con nosotros. No los veremos como ellos son, sino como cosas o medios de acrecentar nuestro poder y dominio, o como obstáculos que impiden nuestro poder y dominio, dependiendo de nuestra ubicación en las relaciones de producción. En tales circunstancias, no podemos sentirnos sino solos y desamparados, en un mundo en el que no sólo no podemos llevar las riendas de nuestra propia existencia, sino que tampoco podemos establecer una relación natural y humana con otro ser humano. No sólo hemos perdido el rumbo de nuestra existencia humana para convertirnos en seres alienados en su actividad vital consciente, sino que hemos roto todos los lazos que nos unen a las otras personas. Una existencia completamente humana es imposible en tales circunstancias. Hemos convertido nuestra soledad en un universo íntimo, en el cual habitamos.

Relaciones de poder en algunos ámbitos de la vida cotidiana

En nuestro trabajo establecemos relaciones de poder, sea cual fuere nuestra actividad. Lo que ésta determina es en qué extremo de la relación dominador-dominado nos encontremos. Y en los demás ámbitos de nuestra vida también vivimos esas relaciones: en el ómnibus, en la consulta con el médico, en la oficina donde vamos a hacer un trámite, en las instituciones educativas de profesor a alumno, en la familia, e incluso en las relaciones de género. Siempre estamos estableciendo una relación sujeto-objeto, donde uno de los actores ostenta el poder que le confiere su saber, su puesto o su rango, y el otro responde a ese poder de forma pasiva, no siendo capaz de intercambiar sino sólo de recibir.

Esas relaciones de poder que establecemos, pautan el modo en que nos percibimos, el lugar que nos conferimos dentro de la sociedad y en nuestra vida cotidiana. Así es como no logramos una percepción real de nuestra persona, sino la que nos da nuestra ubicación en las relaciones de poder. A partir de tal visión de nosotros mismos, será difícil reflexionar de forma crítica sobre esas relaciones y no reproducirlas ciegamente.

A su vez, esta relación sujeto-objeto que establecemos, impedirá que sintamos algunas de las llamadas por Fromm "experiencias humanas típicas", que nos distinguen como seres humanos, tales como la compasión o empatia, que en nuestro estado de alienación parecemos haber perdido. La esencia de la compasión consiste en que "se padece con", o en un sentido más amplio "se siente con" la otra persona. Esto significa que la otra persona no es mirada como "objeto" desde fuera, sino que uno se "mete dentro" de la otra persona. Yo experimento en mí mismo lo que el otro experimenta en sí.

Formas de manifestarse la alienación

Una de las características de nuestra actual sociedad capitalista es lo que Marx llamaba "poder social extraño": hallarse gobernada por poderes invisibles e impersonales que el individuo particular no acierta a comprender, y cuyo centro escapa a su dominio. El hombre vive en un mundo que él no ha creado. Se siente, por tanto, sin patria, sin hogar.

Todos nos sentimos así, pero lo expresamos de forma particular y diversa. Una de esas formas es la incapacidad de identificarse humanamente con el dolor ajeno, manteniéndose siempre lejano y ausente, aunque se esté presenciando un drama real. Otra forma de manifestarse la alienación es como indiferencia. El indiferente no participa activamente de la situación que presencia, sino que la vive emocionándose pasivamente, no haciendo nada por sí mismo ni por los demás. Estas manifestaciones son contrarias a nuestra naturaleza humana, y son una incapacidad de sentir empatía. El hombre se siente extranjero de sí mismo, no puede por lo tanto "meterse dentro de'' otro hombre. El mundo que habita le es extraño, y lo vive como una secreta desesperación o como "la aceptación resignada de no ser nunca una realidad humana completa".

Alienación en las relaciones íntimas

En las relaciones más íntimas que establecemos con otros seres humanos, también es posible vislumbrar la alienación, ya que aparecen en estos vínculos más íntimos del hombre las relaciones de poder. Entonces podemos ver como el amor, y dentro de éste la relación hombre-mujer, no resuelve el drama de la soledad que surge al no poder establecer un vínculo humanizante. Si el hombre se siente solo, el amor será para él una creación solitaria, espiritual. El estado de soledad permanente crea la alienación en el amor al no poder vivir ni realizar el sentimiento del amor en forma natural. El amor parece ser la única forma de escaparse de la soledad, del desamparo. Pero el amor es impotente ante esa soledad, porque ésta no le permite realizarse naturalmente. Más aún, el amor nos revela esa soledad al intentar, sin éxito, lograr a través del amor una unidad humana. "El dilema del amor, como alienación, es trágico: o yo sacrifico al otro o el otro me sacrifica a mí, o soy objeto para que el otro exista libremente como sujeto o yo soy sujeto para que el otro viva y sufra como objeto. Esta desdicha del amor surge de una contradicción humana fundamental: el hombre es unidad y, sin embargo, está dividido. El conflicto del amor desaparecerá cuando el hombre sea una realidad total; al manifestarse íntegra y naturalmente lo   vivirá como sentimiento espontáneo y feliz."

De la capacidad de cada hombre de trascender las relaciones de dominación que rigen en nuestra sociedad y establecer en su vida cotidiana íntima una relación sujeto-sujeto, donde no esté presente el poder, depende el que pueda o no superar la soledad que le impone su alienación y pueda realizarse, aunque solo sea en su fuero íntimo como ser humano completo y en unidad con el mundo.

Retrato de una persona alienada

Habiendo planteado la forma en que la alienación se manifiesta en la vida cotidiana, podemos imaginarnos a grandes rasgos cómo será la existencia de alguien que no ha sido capaz de escapar de ella, aunque sea mínimamente.

Seguramente, una persona así se levantará todos los días a la misma hora para ir a su trabajo, en el que se desempeñará de manera mecánica, ofrezca éste o no la mínima oportunidad de creatividad. Ejercerá su poder sobre sus subalternos, y se presentará sumiso ante sus superiores, no cuestionándose si éstos merecen respeto o sumisión. El trabajo se le antojará un universo ya creado, con sus reglas y mecanismos, los cuales deben ser cumplidos inexorablemente, so pena de que algo terrible que quizás no llegue a imaginar ocurra si esto no sucede así.

Esta persona seguramente no logre establecer un vínculo natural y humano con otra persona, y esto le genere sentimientos de soledad, desamparo y frustración, que tratará de ahogar descargando su poder sobre quienes pueda ejercerlo, ya sea en su familia, en su trabajo o en su pareja. En su tiempo libre, nuestra persona matará su aburrimiento de forma pasiva, a través del espectáculo que le ofrece la televisión, el cine, y a través de la adquisición de bienes de consumo al alcance de sus posibilidades.

No querrá enfrentarse con su angustia, esa de la secreta desesperación de no poder unirse al mundo y a los otros seres humanos, y se sumará al optimismo medio, a la creencia de que todo puede mejorar, de que las oportunidades aparecen ante quienes las buscan. Sin embargo, esas oportunidades se refieren sólo a un mayor poder adquisitivo, o a un trabajo de mayor prestigio social, no a posibilidades de trascender como ser humano que pasan por una búsqueda muy diferente.

Esa persona pasará su vida entera observando pasivamente el mundo que lo rodea, quizá sin cuestionarlo ni cuestionarse. Al final de su vida, ¿qué obtuvo? Quizás una casa, un auto, hijos a los que nunca pudo ver como realmente son, porque tampoco fue capaz de ver a otra persona como realmente es, más allá del mundo de reglas y mecanismos que se nos impone.

Esta historia, por desgracia es la historia de millones de personas en la actual sociedad capitalista de consumo. Todos, hoy en día sin excepción luchamos contra la angustia que nos produce el estar regidos por un poder social extraño, al que nosotros mismos, los seres humanos, le hemos dado vida. Todos, hoy en día sin excepción nos hemos sentido solos, desamparados, separados del mundo, y somos dichosos si hemos sido capaces de entablar aunque sea unas pocas relaciones sinceras y naturales con otros seres humanos. Entendemos que la situación del ser humano hoy en día es preocupante. Más que eso, creemos que no nos será posible soportar mucho tiempo más nuestro actual modo de vida, y que dentro de cada uno de nosotros están las posibilidades de cambiarlo.

Sabiendo que probablemente no seamos nosotros quienes logremos el cambio total, y sin desanimarnos por ello, debemos darnos cuenta de que hemos llegado a esto por una decisión tomada por nosotros, seres humanos, y no por voluntad divina o destino inexorable. Y como hemos llegado a esta situación por nosotros mismos, nadie vendrá a rescatarnos. Somos nosotros mismos quienes debemos salir de ella.

Gabriela SEGOVIA: Alienación en la sociedad capitalista de consumo: manifestaciones en la vida cotidiana de las personas. (Tesis Licenciatura en Trabajo Social) (extracto)


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