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La resurrección de Jesús de Nazaret: eje central del cristianismo

El «anuncio» de la resurrección de Jesús en el N.T.

La «Pascua» es la novedad a proclamar a todos los pueblos, la respuesta definitiva de Dios al sentido de la vida y de la historia.

La gran buena noticia para toda la humanidad: la muerte no es el final. Hay esperanza más allá de la muerte.

En el proyecto creador de Dios las personas no están destinadas a la muerte, sino a la vida plena y definitiva.

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Una cosmovisión es un conjunto de presuposiciones que sostenemos acerca de la constitución básica de nuestro mundo, de la vida, de la existencia, del sentido último de la existencia y del Universo… es ante todo una explicación y una interpretación del mundo, una aplicación de esta visión a la vida. Las cosmovisiones son concepciones, suposiciones, premisas e ideologías de un grupo sociocultural que determinan cómo perciben el mundo. Las funciones principales de la cosmovisión consisten en explicar, validar, proveer refuerzo psicológico, integrar y adaptar los diversos elementos que constituyen la realidad. Algunos de los componentes que se encuentran en todas las Cosmovisiones: ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Cómo se explica la naturaleza humana? ¿Qué le ocurre a una persona al morir? ¿Cómo se determina lo que está bien y lo que está mal? ¿Cómo saber que uno sabe? ¿Cuál es el sentido de la vida, de la historia, del Universo? Algunas de las cosmovisiones más influyentes del pasado y del presente: el Teísmo Cristiano, el Deísmo, el Naturalismo, el Nihilismo, el Existencialismo, el Panteísmo Oriental y la Nueva Era o Nueva Conciencia. Existe también un paradigma no teísta: la modernidad no acepta la imagen de un Dios en las alturas, que dirige desde los cielos el devenir del cosmos y de toda la humanidad. La ciencia rechaza la visión de los dos estratos, el de arriba lugar de estancia del Dios Omnipotente, y el de abajo donde vivimos los humanos y los demás seres del universo. Dios existe en la profundidad del ser, es la fuente de la vida y del amor. Existe un solo estrato, el cosmos, que avanza dirigido por la energía evolutiva cósmica hacia la plenitud de todos los seres y de todo el universo. De entre la pluralidad de «cosmovisiones» existentes, nosotros nos situamos dentro de la «cosmovisión cristiana».

La cosmovisión cristiana. Es una cosmovisión profundamente personalista, la persona está en el centro de su enfoque: da un nuevo significado a la muerte y a la vida humana. Nuestra idea del universo, de lo que es el ser humano y su dignidad, de lo que son las relaciones humanas y cuál es nuestro destino último se basa en ella. ¿La muerte es el fin de nuestra existencia? ¿O hay algo después de cruzar el umbral de la muerte? Desde lo más profundo de las entrañas de la humanidad surge un gran anhelo de justicia, un anhelo que nos hace intuir que las injusticias de este mundo no pueden ser definitivas. Hay tanta gente que sufre... Hay tantos inocentes que son víctimas de la maldad... Hay tanto dolor inmerecido... Es entonces cuando nuestro sentido de la justicia, inscrito en el corazón de todos los hombres y mujeres de este mundo, nos dice que esto no puede ser el final. La justicia clama para que después de la muerte podamos encontrar la paz. La fe cristiana hace suyo ese sentimiento de justicia y la persona de Jesús nos enseña que, realmente, la muerte no es el final. Con la Resurrección de Jesús de Nazaret, la muerte ha sido vencida: una nueva esperanza se ha abierto camino en nuestras vidas. La última palabra ya no la tienen la oscuridad, el dolor o la muerte, sino que la última palabra la tiene la luz, el gozo y la vida. Murió porque vino a dar Vida. El muerto está más vivo que nunca, ahora sabemos cómo es Dios. Dios es Vida. Con la resurrección de Jesús, Dios nos ha mostrado que es amigo de la vida. La existencia no es un absurdo abocada a la muerte, recobra su sentido. Más allá de la injusticia humana con los pobres, humillados, marginados, perseguidos, la justicia divina, aunque para nosotros misteriosa, al final se impondrá. Sus testigos no tuvieron ninguna duda, más tras haber experimentado la Resurrección de su maestro. Lo que había dicho Jesús era verdad: Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Dios es de los pobres. Dios resucita a los crucificados. Porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad que se comete en el mundo. A continuación, presentamos una explicitación de algunas de estas cuestiones desde la perspectiva de una cosmovisión cristiana.

La resurrección de Jesús de Nazaret: eje central del cristianismo. La gran buena noticia para la humanidad: la muerte no es el final. La muerte no pondrá punto final a nuestra existencia. Hay esperanza más allá de la muerte, esa es la gran buena notícia para toda la humanidad. En el proyecto creador de Dios las personas no están destinadas a la muerte, sino a la vida plena y definitiva. La palabra «Pascua» viene del idioma hebreo (pesáh) y del griego (pascha) y significa justamente «paso»; el «paso» de Jesús de la muerte a la vida. Ese hecho «sucedido en la historia y al mismo tiempo un misterio de fe» es el centro de la vida cristiana. La Pascua cristiana celebra la «resurrección» de un torturado y crucificado, humanamente un fracasado, más aún, según el contexto cultural de la época, un maldito de Dios. Una vez muerto la mayoría de sus seguidores, ante el rotundo fracaso del proyecto del Reino de Dios en el que se habían embarcado apasionadamente con Jesús, decepcionados, se vuelven a sus casas. Sin embargo, según el relato evangélico algunas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro y oyeron una voz: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Jesús no está aquí. Ha resucitado” (Lc 24,5; Mc 16,6). La resurrección de Jesús fue un acontecimiento inesperado: Jesús había resucitado, un hecho extraordinario, único, singular, no "histórico", pero real, con implicaciones para toda la Humanidad.

¿Qué significa la resurrección de Jesús de Nazaret?
  • Todo lo que podamos decir sobre estas y otras cuestiones están y estarán siempre históricamente condicionadas, formuladas a través de los lenguajes expresivos propios de la cosmovisión imperante en cada uno de los momentos históricos.
  • Para la cosmovisión cristiana la muerte no es un término definitivo sino una etapa de la vida, la puerta de acceso a una nueva forma de vida, un paso a otra forma de vida más plena. La resurrección de Jesús nos abre la posibilidad de una nueva vida en plenitud, conservando nuestra identidad personal más allá de la muerte física. La realidad de la supervivencia personal más allá de la muerte, ese horizonte último de la existencia humana, es algo que choca con el pensamiento cientifista dominante en la actualidad.
  • Pero veamos: la Vida está llamada a perpetuarse. El anhelo más profundo de todo ser viviente es la supervivencia. Así está inscrito en lo más íntimo de todos los seres vivos. También en el ser humano fluye esa misma ansia, ese anhelo de inmortalidad. Desde una perspectiva antropológica existe la percepción de que el ser humano tal como lo conocemos debe ser superado. No está listo, está incompleto. Aún no ha acabado de nacer plenamente. El ser humano no es hombre pleno todavía, sino que se va haciendo a través de un proceso de humanización, de realización humana. Aparece como un proyecto infinito, portador de innumerables potencialidades que forcejean por irrumpir. Intuye que sólo será plenamente hombre, el hombre nuevo, cuando tales potencialidades se realicen plenamente. Pero todos sus esfuerzos humanos, por grandes que sean, se topan con una barrera insuperable: la muerte.
  • Para la filosofía perenne la realidad manifiesta está compuesta de niveles o grados diferentes, desde los más bajos, densos e inconscientes hasta los más elevados, sutiles y conscientes. En uno de los extremos de este continuo del ser «la materia», lo insensible o lo inconsciente y, en el otro, «el Espíritu», «la Divinidad» o lo «Supraconsciente» (el Fundamento que impregna la totalidad del proceso). En este sentido, el Espíritu es la cúspide, el peldaño superior de la escalera de la evolución. El Espíritu es la esencia de todas y cada una de las cosas que existen. Aunque la Tierra (o incluso el universo) se desvaneciese, el Espíritu, no obstante, permanecería. La afirmación fundamental de la filosofía perenne es que los hombres y las mujeres pueden crecer y desarrollarse (o evolucionar) a través de toda la jerarquía de la gran cadena del Ser hasta llegar al Espíritu, donde tiene lugar la realización de la «identidad suprema» con la Divinidad, el ens perfectissimus a la que aspira todo crecimiento y evolución.
  • Después de la crucifixión los discípulos se encontraron con una persona viva, pero transformada. La resurrección de Jesús de Nazaret expresa la realización plena en una forma diferente de existencia de ese "hombre nuevo". Jesús realizó el paso y el éxodo de la muerte a la vida. No volvió a la vida que tenía antes, limitada y mortal como la nuestra. La resurrección de Jesús entraña una transformación radical y no simplemente un volver a la vida. En él irrumpió otro tipo de vida no sometida ya a la muerte, que representa la realización de todas las potencialidades presentes en ella (y en nosotros). Jesús, plenamente realizado, explosionó e implosionó hacia dentro de Dios. Este es el hecho nuevo y siempre esperado: la buena noticia se ha hecho realidad. De un muerto surgió un resucitado, un ser nuevo. Su resurrección expresa la plenitud humana a la que todos estamos llamados. Este es el significado de la Pascua, la fiesta central del cristianismo. Los seguidores del Nazareno pronto entendieron que el Resucitado era la realización del sueño ancestral de la humanidad: la espera ha terminado. Ahora es el tiempo de la vida plena sin muerte. La resurrección es la plena realización de todas las potencialidades insertas en el interior de la realidad humana. La muerte ya no ejerce dominio sobre él.
  • Ese ser humano que está en un continuo "hacerse", es un ser que permanentemente está renaciendo, haciéndose, perfeccionándose, humanizándose. Y llega un momento, dentro del proceso cosmogénico en curso, en el que se da esta oportunidad de acabar de nacer. Entonces implosiona y explosiona, eclosiona el ser humano totalmente revelado y realizado en su plena humanización. La resurrección de Jesús sería una anticipación del fin bueno de toda la creación y la realización de todas las virtualidades escondidas en el interior del ser humano que, prisionero del espacio-tiempo, no consigue dejarlas aflorar.
  • La Pascua cristiana celebra la actuación recreadora de Dios en la Historia: hay esperanza más allá de la muerte. La resurrección de Jesús es la anticipación de la esperanza radical de que no es la muerte, sino la vida en plenitud la que escribe la última página de la historia humana y universal. La resurrección implica la superación de la muerte y el triunfo definitivo de la vida, no de cualquier tipo de vida, sino de una vida totalmente plenificada. La pascua es la inauguración del hombre nuevo, plenamente realizado: en él llega a realizarse el hombre verdadero. (Jesús) el «Cristo» es toda una confesión de fe en él. El título de «Cristo» expresa el hombre en plenitud, un ser humano tan pleno, tan completo, que se ha divinizado (divino). H. KESSLER afirma: "Para la fe cristiana, Jesús, el Cristo (el ungido) es el mensajero definitivo (escatológico) de Dios y, formando una sola cosa con él, el hombre definitivo (escatológico). Es él quien revela el verdadero ser de Dios y el verdadero ser del hombre; es una exposición (palabra e imagen) de Dios y un modelo del ser humano". Sólo quien se hace totalmente humano en su vida concreta (Jesús) puede presentarse y se presenta como la expresión total de Dios (su Hijo). Y esa es una realidad, la auténtica buena noticia, aplicable a todos los seres humanos.
  • Si el Mesías resucitó, su comunidad y toda la humanidad, hasta el cosmos del cual somos parte, participamos de ese evento bienaventurado. Por lo tanto, tal bendito evento no es exclusivo de Jesús. Con la resurrección de Jesús afirmamos y reafirmamos con alegría: no vivimos para morir, sino para resucitar. La muerte, entonces, es tan sólo la puerta de acceso a una nueva forma de vida, a una nueva dimensión, a una nueva forma de existencia.

Cómo es presentado el acontecimiento por parte de las primeras comunidades cristianas. Vamos a ver cómo es presentada esta nueva realidad por los seguidores de Jesús de Nazaret. Cómo acontecimiento tan trascendente es presentado, anunciado, proclamado por las primeras comunidades cristianas. Para ello vamos a referirnos a un libro sobre la resurrección de Jesús de Nazaret (1), un hecho no "histórico", pero real, con implicaciones para toda la humanidad, las implicaciones que para nuestra existencia y la Realidad entera comporta el hecho inaudito ("real" aunque no "histórico", es decir no comprobable con el método científico) de la Resurrección de Jesús de Nazaret. "La resurrección es algo que le ha sucedido a Jesús. Algo que se ha producido en el crucificado, no en la imaginación de sus seguidores. La resurrección de Jesús es un hecho real, no producto de su fantasía ni resultado de su reflexión. No es tampoco una manera de decir que de nuevo se ha despertado su fe en Jesús. Esta acción creadora de Dios acogiendo a Jesús en su misterio insondable es un acontecimiento que desborda el entramado de esta vida donde nosotros nos movemos. Se sustrae a cualquier experiencia que podamos tener en este mundo. No lo podemos representar adecuadamente con nada. Por eso, ningún evangelista se ha atrevido a narrar la resurrección de Jesús. Nadie puede ser testigo de esa actuación trascendente de Dios. La resurrección no pertenece ya a este mundo que nosotros podemos observar. Por eso se puede decir que no es propiamente un “hecho histórico”, como tantos otros que suceden en el mundo y que podemos constatar y verificar, pero es un “hecho real” que ha sucedido realmente. No solo eso. Para los que creen en Jesús resucitado es el hecho más real, importante y decisivo que ha ocurrido para la historia humana, pues constituye su fundamento y su verdadera esperanza". (J.A. PAGOLA: Jesús, aprox.).

Siendo así, el libro de A. NOGUEZ: "Jesús reucitado según los relatos pascuales" que presentamos pretende contribuir a la comprensión del hecho más trascendental, extraordinario, único y real ocurrido dentro de la historia humana: la entrada definitiva de Jesús en la vida de Dios. En la presentación de la obra el propio autor declara que está escrito para dar testimonio de la fe y su elemento central, el anuncio de la resurrección de Jesús de Nazaret, eje central del cristianismo, ayudándonos a comprender la nueva vida del resucitado y explicitando el significado de dicho acontecimiento. (Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe... 1 Co 15,12.16-20). Sobre la cuestión se han escrito muchos libros. Este libro se sitúa en un nivel intermedio entre los más sencillos y los muy especializados. Se trata de una obra de divulgación destinada a un público que quiere profundizar en su fe. Una obra pedagógica, con un lenguaje sencillo, pero no exenta de rigor exegético. Presentación del libro por parte del propio autor en
https://youtube.com/watch?v=l9tmlS_KPmw&si=EnSIkaIECMiOmarE

La resurrección de Jesús es la gran buena noticia para toda la humanidad. Es la convicción que impulsa y da sentido a la vida personal de millones de creyentes en el mundo. Jesús es el primer evangelizador que transmitía su mensaje de salvación mediante sus hechos y sus palabras. Después de Pascua, la generación apostólica y las comunidades cristianas se convirtieron en agentes de la evangelización y poco a poco la predicación oral también comenzó a recogerse en libros escritos que empleaban varios tipos de literatura.
  1. Narraciones que organizan los acontecimientos de la Pascua en una trama, con su marco narrativo y sus personajes, para despertar el interés e interpelar al auditorio.
  2. Interpretaciones de la historia pascual de los discípulos de Jesús, y de los textos que elaboraron para proponer el sentido teológico de sus experiencias con el Resucitado.
  3. Mensaje evangelizador dirigido a las comunidades cristianas para animar y orientar su vida con la buena noticia de que Jesús resucitó, afrontando los desafíos de su propio contexto.
Jesús es el proclamador de la gran noticia para la humanidad, del evangelio (la palabra griega εὐαγγέλιον=evangelion, buena nueva, mensaje feliz). Proclamó la buena noticia del reino de Dios y concentró en él toda su actividad. Los destinatarios del Reino son los pobres reales: los hambrientos y enfermos, las víctimas de la injusticia, los despreciados y excluidos. Proclamar el Evangelio a los pobres le trajo conflictos a Jesús, no solo con las autoridades del templo sino también con los invasores romanos. Su crítica radical no los podía dejar indiferentes. Por eso lo condenaron a muerte y lo crucificaron. Sin embargo, el proyecto de Dios no terminó en el fracaso. Dios intervino y resucitó a Jesús. Después de Pascua continuó el movimiento de Jesús. Con la ayuda del Espíritu (Jn 14,26), las comunidades reciben el Evangelio y lo incorporan a su vida. Lo convierten en orientación normativa de su existencia y de su fe. En la instrucción y en las celebraciones comunitarias recuerdan lo que Jesús hizo y dijo. Antes de que apareciera cualquier texto escrito del Nuevo Testamento, por lo menos del año 30 al 50 d.C., el único Evangelio de Jesús era practicado y anunciado por la generación apostólica. A partir de los años 30 d.C., la primera generación de cristianos se extendió muy pronto por la cuenca del Mediterráneo. Eran diversas comunidades que se asentaron en ambientes urbanos de varios territorios, que tenían culturas distintas y hablaban diferentes idiomas. A partir del año 70 d.C., con la caída de Jerusalén y la destrucción del templo, comienza la segunda generación de cristianos.

Presentamos en forma resumida uno de los capítulos de la obra "Jesús reucitado según los relatos pascuales. Narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador" de Armando NOGUEZ cuyas primeras páginas se pueden consultar en https://verbodivino.es/hojear/6228/jesus-resucitado-segun-los-relatos-pascuales.pdf. Armando NOGUEZ es profesor de Sagrada Escritura. Actualmente enseña en el Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México (IFTIM), en la Universidad Iberoamericana (UIA) y en el Instituto de Formación Bíblica de la Arquidiócesis de Los Ángeles.
INCORPORACION AL IMPERIO ROMANO 
63 a. C. Incorporación de Palestina al imperio romano (Pompeyo) 
37 a.C. - 4 a.C. Herodes el Grande gobierna Palestina
27 a.C.- 14 d.C.   Augusto
7 - 4 a.C. Aproximadamente nacimiento de Jesús de Nazaret
14 – 37 d.C: Tiberio
26 - 36 d. C. Poncio Pilato, prefecto romano, gobierna Judea, provincia romana
27 - 28 d. C. Juan el Bautista, inicia su predicación
28 - 29 d. C. Inicio vida pública de Jesús de Nazaret
30 - 33 d. C. Aprox. crucifixión de Jesús de Nazaret
30-100 d. C. Primeras tradiciones orales sobre Jesús / Primeras comunidades cristianas: judeo-creyentes, helenistas, (Jerusalén /Antioquía) judeo-cristianos.../ Tradiciones orales y escritas. Hipótesis Fuente Q / Composición primeros materiales de lo que constituirá posteriormente el Nuevo Testamento.
La expansión del Evangelio: A partir de los años 30 d.C., la primera generación de cristianos se extendió muy pronto por la cuenca del Mediterráneo. Eran diversas comunidades que se asentaron en ambientes urbanos de varios territorios, que tenían culturas distintas y hablaban diferentes idiomas. A partir del año 70 d.C., con la caída de Jerusalén y la destrucción del templo, comienza la segunda generación de cristianos.
30-70 d.C: PRIMERA GENERACION: La generación apostólica
Primeras confesiones de fe en Jesús resucitado, fórmulas breves, cantos, himnos...
Concilio Jerusalén (alred. 49dC)
Año ¿56?: Confesión de fe en 1Cor 15, 5-7. Cartas de Pablo (alred. 50/60dC.)
70 d. C. ... Tito conquista Jerusalén. Destrucción del Templo. Dispersión de los judíos por todas las regiones del imperio romano (Diáspora). Flavio JOSEFO: Antigüedades judías (94dc)
70-100 d.C: SEGUNDA GENERACION: Evangelio de MARCOS (alred. 70 dC), MATEO (alred. 80dC), LUCAS (alred. 80/90 dC)
100... d.C: TERCERA GENERACION: Evangelio de JUAN (alred. 90/100dC)

Por Armando NOGUEZ

1. Concepciones inadecuadas de la resurrección de Jesús

Situemos el foco en la «resurrección» de Jesús de Nazaret: eje central del cristianismo. La existencia histórica de Jesús acabó con su muerte en la cruz. Pero algo ocurrió entre la muerte de Jesús y la constitución de la primera comunidad cristiana. Los relatos pascuales y todo el Nuevo Testamento hablan de la resurrección de Jesús como de un hecho real. Resulta imposible dar una definición adecuada de lo que es la resurrección en sí misma, aunque sí se pueden decir muchas cosas sobre lo que no es la resurrección de Jesús.

a) Desde el contexto del Antiguo Testamento. La resurrección de Jesús no equivale a la vuelta a la vida de un muerto, tal como sucede en los casos del hijo de la viuda de Sarepta (1 Re 17,17-24) o del niño de la sunamita que revivió Eliseo (2 Re 4,18-37). La resurrección no es un alejamiento del mundo para irse al cielo con Dios, como en los casos del rapto de Henoc (Gn 5,24) o del profeta Elías (2 Re 2,11). No es la continuación de esta vida espacio-temporal, pero ahora en el cielo. Y es algo diferente a la supervivencia misteriosa del alma, tal como postula la tesis de la inmortalidad del alma en la cultura griega y las tradiciones bíblicas tardías (Sab 3,4; 8,13) o las esperanzas de que la muerte será finalmente derrotada (Is 25,8; 53,10; Os 6,1-3; Dn 12,2; Job 19,25-27), incluso mediante una «resurrección» (2 Mac 12,43). Todas estas realidades sirven de contexto, anticipan y anuncian la resurrección de Jesús, pero no son equivalentes.

b) Desde el contexto del Nuevo Testamento. La resurrección de Jesús no consiste en que un cuerpo reviva. La resurrección de Jesús no consiste en la reanimación de un cadáver para devolverlo a la misma condición en la que estaba antes. No se trata de que un muerto regrese a la vida biológica del espacio y tiempo de esta tierra para volver a morir otra vez. Por otra parte, los encuentros con el Resucitado no son iluminaciones interiores o experiencias místicas; tampoco algo sucedido en la imaginación de sus seguidores, producto de su fantasía creyente.

c) Algunas aclaraciones. Es inadmisible suponer que la resurrección de Cristo supera una muerte aparente. Por el contrario, el Nuevo Testamento afirma que Jesús murió realmente. También se precisa el modo de la resurrección; Jesús resucitó en forma corporal. La resurrección de Cristo no es un asunto meramente individual, un acto aislado que afectaría solo a Jesús.

2. Lo que se entiende por resurrección de Jesús

La lectura del Nuevo Testamento ofrece un mensaje preciso y bien diferenciado sobre los contenidos y el significado de la resurrección de Jesús.

a) Un acontecimiento real y totalmente nuevo. La resurrección de Jesús no es un acontecimiento histórico del mismo tipo que su nacimiento o su crucifixión. Es un acontecimiento nuevo en su género. Es el paso a una nueva forma de ser y de existir, a un nuevo estado y una nueva forma de vida que no se puede imaginar o representar adecuadamente con nada. Pero es un hecho real, sucedido realmente, algo que afecta a la historia humana y al cosmos. La existencia humana de Jesús se ha incorporado de forma definitiva y plena a la existencia insondable de Dios. Es una acción de Dios mediante la cual la realidad última y absoluta comienza irrevocablemente a pesar de los triunfos de la antigua realidad injusta.

b) Se ha iniciado el reino de Dios. Con la resurrección de Jesús han comenzado los últimos acontecimientos de la historia. Amanece el reino de Dios y se inicia la plenitud de la salvación, aunque solo en forma parcial y todavía escondida. Dios ha resucitado inesperadamente a Jesús y en él se ha declarado a favor de la humanidad y del mundo. Dios está creando, para todos, un nuevo ámbito donde la vida y la justicia comienzan a ser algo definitivo. En los hechos el Reino es definitivo solamente para Jesús; para los demás aún permanece en la esperanza. Es todavía promesa, pero tiene la garantía segura de su cumplimiento (1 Tes 2,12; 2 Tim 4,18).

c) El Crucificado está vivo, y también su causa. La resurrección es la asunción plena de Jesús de Nazaret a la vida de Dios. El Crucificado fue exaltado y glorificado en la realidad de Dios; el Resucitado ya pertenece totalmente a la esfera de lo divino. Su vida ha quedado absolutamente liberada, y la muerte ya no tiene ningún dominio sobre él. Jesús ha pasado a una forma de vida indestructible junto a Dios, aunque para nosotros todavía resulte inabordable. La pretensión de Jesús y de su obra han quedado definitivamente confirmadas y legitimadas por Dios. Su obra terrena es reivindicada y recibe una validez permanente. Su función como mediador de salvación queda establecida de modo inmutable y definitivo.

d) Ha comenzado la «nueva creación». La resurrección de Jesús no es algo que solo le afecta a él individualmente; es generadora de vida nueva y creadora de nuevas realidades. Es el inicio de la resurrección general de los muertos. Ha comenzado una nueva presencia del reinar de Dios en medio de esta historia de muerte. Se anticipa la realidad última y definitiva de la historia acorde con el proyecto de Dios.

3. Los textos del Nuevo Testamento sobre la resurrección de Jesús

Ninguno de los textos del NT intenta narrar el hecho mismo de la resurrección de Jesús. Nadie pretende haber percibido visiblemente la acción por la que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos. Fue necesario acuñar un vocabulario propio y acudir a diversos tipos de literatura para proclamar la fe pascual. Estos recursos tienen sus ventajas y sus límites.

a) El vocabulario del NT sobre la resurrección. Para afirmar que Jesús no permaneció en poder de la muerte, sino que está vivo y está con Dios, el Nuevo Testamento emplea el lenguaje del testimonio y se sirve de diversas expresiones recogidas de la tradición. Es un lenguaje de imágenes, metáforas, paradojas, símbolos, etc. que es el lenguaje propio de la experiencia religiosa.

Vocabulario del NT sobre la resurrección:

  • El símbolo resurrección es la forma más común, para indicar que Jesús se ha «levantado» o «despertado» de la muerte: «ha resucitado» (Mc 16,6), «Dios resucitó a este Jesús» (Hch 2,32).
  • La exaltación o glorificación se emplea sobre todo en los himnos cristológicos: «exaltado a la diestra de Dios» (1 Tim 3,16), «Dios lo exaltó» (Flp 2,6-11).
  • La elevación del justo al cielo es un recurso propio de los relatos de Lucas-Hechos: «y fue llevado al cielo» (Lc 24,51; Hch 1,9).
  • La vida (Jn 11,25) y expresiones afines: el viviente (Lc 24,5; Hch 1,3), está vivo (2 Cor 13,4; Ap 1,18; 2,8)

b) Géneros literarios o tipos de literatura. Los escritores del Nuevo Testamento recurrieron a diversos tipos de literatura o géneros literarios, para expresarla y dar de ella un testimonio creíble. Unos aclaman y cantan el hecho en los himnos, otros lo exponen a nivel reflexivo-argumentativo, como en las fórmulas breves de confesión de fe y en las fórmulas catequéticas; otros más lo desarrollan en forma narrativa: los relatos pascuales de los evangelios. Todos estos recursos literarios tienen sus ventajas y desventajas, pero son testimonios vinculantes que dan contenido y forma a la fe cristiana.

c) Las fórmulas breves de confesión de fe. Son pequeños credos o cánticos que resumen la fe en pocas frases: «Dios resucitó a Jesús de la muerte» (1 Tes 1,10; Gal 1,1; 1 Cor 6,14). En ellos se aclama a Dios porque ha exaltado y glorificado a Jesús como Señor después de su muerte (Flp 2,6-11; Rom 10,5-8; Ef 4,7-10; 1 Tim 3,16). Son muy antiguos, surgieron mucho antes que los evangelios en los ambientes de la predicación y la liturgia.

d) Las fórmulas de anuncio del kerigma misionero. Este tipo de literatura aparece en la predicación de la Iglesia primitiva, que recogía la afirmación central de los credos y la desarrollaba un poco más. Se limita a anunciar el acontecimiento de la resurrección. Se encuentra en los discursos de los Hechos y en algunos pasajes diseminados en las cartas (cf. 1 Cor 15,3-7). Evocan el acontecimiento de la resurrección, lo interpretan como cumplimiento de las Escrituras y lanzan una interpelación a los oyentes. Kerigma (gr. = «proclamación»). Mensaje que anuncia en forma de testimonio el núcleo central de la fe cristiana: la salvación por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo.

e) Las narraciones catequéticas o «relatos pascuales» son tipos de literatura propios de los cuatro evangelios; aparecieron a partir del año 70 d.C. Los relatos de las apariciones son «construcciones teológicas» que se escribieron para fundamentar la fe cristiana en Jesús resucitado y para justificar la predicación apostólica. Indirectamente también apuntalan la autoridad de figuras importantes del cristianismo primitivo. En ellos se recuerdan con más detalle los acontecimientos y los interpretan desde las circunstancias concretas de las diversas comunidades, con el propósito de confirmar y alimentar la fe en el Resucitado. Se ocupan del hallazgo de la tumba vacía, de los encuentros con Jesús resucitado llamados apariciones, y de laascensión. Las apariciones no constituyen la resurrección, son una manifestación de la misma, pero no su contenido. Reflejan un buen esfuerzo de reflexión teológica.

4. Las confesiones de fe en Jesús resucitado

Los testimonios más antiguos de la resurrección de Jesús no son relatos o crónicas neutrales, sino confesiones de fe. Lo esencial de la fe se sintetiza de manera normativa en fórmulas sencillas, breves y muy estables.

a) Algunas fórmulas tradicionales. La resurrección de Jesús se anuncia en los libros del Nuevo Testamento mediante abundantes y diversas fórmulas literarias escritas para ser leídas y escuchadas. Se pueden clasificar en unos pocos grupos.

Fórmulas tradicionales para confesar la fe en Jesús resucitado:

  • «Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos»: es seguramente la fórmula más antigua. Parece constar de un solo miembro y, por su forma, es una predicación atribuida a Dios.
  • «Cristo ha sido levantado de entre los muertos»: Aquí el verbo está en forma pasiva, el sujeto de la acción que resucita es Dios y el beneficiario es Jesús
  • Marána thá o «ven, Señor Jesús»: ya no solo se invoca a Dios, sino también al Mesías, como portador de salvación distinto de él
  • El texto paulino de 1 Cor 15,3-7: no parece la más antigua, porque es compleja. Procede quizá del primitivo judeocristianismo de lengua griega. En ella la expresión «al tercer
    día»
    no es una indicación de tiempo cronológico, tiene significado teológico, porque alude a la intervención salvadora de Dios en una situación desesperada (cf. Os 6,2).
«Déu ha ressuscitat Jesús entre els morts»:
  • 1 Tes 1,10; 10 i esperar del cel Jesús, el seu Fill, que ell ressuscità d’entre els morts i que ens allibera de la indignació divina que ha de venir.
  • Gal 1,1: 1 Pau, apòstol, no de part dels homes ni per designació d’un home, sinó per obra de Jesucrist * i de Déu Pare, que el va ressuscitar d’entre els morts,
  • 1 Cor 6,14: 14 I Déu, que va ressuscitar el Senyor, també ens ressuscitarà a nosaltres amb el seu poder.
  • 2 Cor 4,14: 14 sabem que aquell qui va ressuscitar Jesús, el Senyor, també ens ressuscitarà a nosaltres amb Jesús i ens portarà al costat d’ell juntament amb vosaltres.
  • Rom 8,11 11 I si habita en vosaltres l’Esperit d’aquell qui va ressuscitar Jesús d’entre els morts, també, gràcies al seu Esperit que habita en vosaltres, aquell qui va ressuscitar el Crist d’entre els morts donarà la vida als vostres cossos mortals.
«Crist ha estat aixecat d'entre els morts»:
  • 1 Cor 15,12.20: 12 Si prediquem que Crist ha ressuscitat d’entre els morts, com és que alguns de vosaltres neguen la resurrecció dels morts? 20 Però, de fet, Crist ha ressuscitat d’entre els morts, com a primícia de tots els qui han mort.
  • Rom 6,4.9: * 4 En efecte, pel baptisme hem estat sepultats amb ell i hem participat de la seva mort, perquè, així com Crist, per l’acció de la glòria * del Pare, va ressuscitar d’entre els morts, també nosaltres emprenguem una vida nova.
  • Mc 16,6: 6 Ell els diu: —No us espanteu. Vosaltres busqueu Jesús de Natzaret, el crucificat: ha ressuscitat, no és aquí. Mireu el lloc on l’havien posat.
  • 2 Tim 2,8: 8 Recorda’t de Jesucrist, ressuscitat d’entre els morts, sorgit del llinatge de David. * Aquest és l’evangeli que jo anuncio,
Marána thá o «vine, Senyor Jesús»:
  • 1 Cor 16,22; 22 Si algú no estima el Senyor, que sigui maleït! * Marana ta! *
  • Ap 22,20: 20 El qui dona testimoni de tot això, diu: «Sí, vinc de seguida.» * Amén! Vine, Senyor Jesús! *
«Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos»:
  • 1 Tes 1,10: 10 y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.
  • Gal 1,1: 1Pablo, apóstol no de parte de hombres ni por mediación de ningún hombre, sino por Jesucristo y Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos,
  • 1 Cor 6,14: 14 Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.
  • 2 Cor 4,14: 14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
  • Rom 8,11: 11Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
«Cristo ha sido levantado de entre los muertos»:
  • 1 Cor 15,12.20: 12 Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 20Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
  • Rom 6,4.9: 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. 9pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
  • Mc 16,6: 6 Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron.
  • 2 Tim 2,8: 8 Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio,
Marána thá o «ven, Señor Jesús»
  • 1 Cor 16,22: 22 Si alguien no ama al Señor, sea anatema. Maranatá
  • Ap 22,20:20 Dice el que da testimonio de estas cosas: «Sí, vengo pronto». Amén. ¡Ven, Señor Jesús!

b) Antecedentes descubiertos en la tradición. El Antiguo Testamento y la tradición judía ofrecen textos muy afines a las confesiones de fe. En cuanto a la forma, están las alabanzas a Dios como creador y como salvador histórico de la muerte (cf. Sal 115,5; Is 45,7; Ex 16,6; Os 13,4). En cuanto al contenido, la fórmula de resurrección aparece en la segunda de las dieciocho bendiciones propias de la oración judía diaria: «alabado sea el Señor que resucitará a los muertos» (cf. también Rom 4,17.24; 2 Cor 1,9).

c) Reelaboraciones posteriores de las fórmulas. Pablo desarrolló las confesiones de fe y posibilitó un desarrollo explosivo de la cristología explícita y fundacional de la Iglesia primitiva. Las ampliaciones se dieron en diferentes direcciones: Las apariciones como autorrevelaciones del Resucitado (cf. 1 Cor 15,4s; Lc 24,34). La posición de Jesús como mediador de salvación (cf. Rom 1,3; 10,9; Ef 1,20). La relevancia salvadora de la muerte de Jesús (cf. 1 Tes 4,14; Rom 8,34). Derivaciones hacia la conversión, el bautismo, la ética y la resurrección de los cristianos (cf. Rom 6,3; 2 Cor 4,10-16; 1 Tes 4,13ss).

Fuente: (1) Armando NOGUEZ: Jesús reucitado según los relatos pascuales. Narraciones, interpretaciones y mensaje evangelizador. Cap 2 (resumido)

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Ver también:

La cosmovisión hebrea como horizonte de comprensión de Jesús y el cristianismo

La Resurrección de Jesús: implicaciones para nuestra existencia y la Realidad entera

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