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HACIA UN NUEVO HUMANISMO

La formación adecuada a la configuración de un nuevo humanismo (II)
Por Alfonso López Quintás(*)
PARTE SEGUNDA
 
Somos seres de «encuentro»
 

Miren, yo pienso que para hacer una buena teoría del hombre, para decir ideas que sean fecundas, hay que basarse en algo que sea muy serio. No valen las ocurrencias. A mí se me pueden ocurrir muchas ideas geniales, pero también ideas que no valen nada – lo más posible lo segundo (risas). Usted va a montar su vida sobre algo que puede ser que no sea sólido, que no sea firme. Yo no me monto en un avión si el piloto no sabe bien conducir y si la compañía no tiene buenos aviones, porque las consecuencias pueden ser muy graves. Esto pasa en la circulación pero ¿y en la vida ética? En la vida ética nos dejamos llevar muchas veces por nuestras ideas, más o menos superficiales, o por las ideas de personas que no saben nada de esto, pero que tienen la posibilidad de hablar con un micrófono todos los días, aparecer en la televisión, escribir etc. etc... Miren, uno de los grandes males de la situación actual es el intrusismo: meterse a hablar de lo que uno no sabe; porque si yo digo opiniones que no están bien fundadas puedo hacer daño al público, lo puedo desorientar.

Bien, tenemos que acudir no a nuestras ideas superficiales, sino a lo que dice, por ejemplo, la investigación científica, la investigación ética, la investigación antropológica, la investigación de la teoría de la creatividad ¿no es verdad? Por ejemplo, si ustedes ven como se está estudiando en todo el mundo, lo mejor en la investigación ética actual, eso merece respecto, porque, claro, son muchas personas, grupos sociales... Lo mejor de la investigación biológica merece respecto. Yo le pregunto: ¿qué es lo que dice, por ejemplo, la investigación biológica más cualificada en la actualidad? Hay como un consenso en todo el mundo para decir lo siguiente:

el ser humano – usted y yo – es un ser de encuentro. Vive como persona, se desarrolla, se perfecciona, creando encuentros.

Encuentro afectivo¿Cuál es el primero encuentro del bebé, cuando nace, con el entorno? Es el encuentro con la madre. Inmediatamente con el padre, con hermanos si tiene. Encuentro con el hogar. Hoy dicen los biólogos a las madres: que, a ser posible, las madres deben amamantar a sus niños, a sus bebés, porque amamantar a un niño, darle de mamar, no es sólo darle alimento, es mucho más: es acogerlo. Lo que más necesita un niño cuando nace es verse acogido, verse querido. Y verse en un entorno en el que haya amor. No basta que el padre ame al niño y la madre le ame y ellos, entre ellos, se estén arrancando los ojos... sino que ellos tienen que quererse y los hermanos entre sí... crear un espacio de amor. Y es en ese espacio de amor donde crece de verdad el niño, porque hay encuentro. Lo mismo podemos decir de una escuela, una escuela primaria, una escuela secundaria, incluso la universidad. Si hay un ámbito de encuentro, es un ámbito de formación; si no lo hay, puede ser un ámbito de información, pero no de formación.

Muchos brotes de violencia que despiezan la juventud se ve que desgracian la vida de los jóvenes y de las familias proceden de la falta de cariño de los primeros años.

Pues bien, los mismos biólogos le dicen a las madres: a ser posible, cuidar vosotras y los padres y los hijos, abuelos, hermanos, cuidar a los niños. ¿Por qué sólo dicen a los familiares? Porque se supone que los familiares aman incondicionalmente a los niños, al bebé que nace. Lo que más necesita el niño es verse amado. Hoy se le da cada día, como ustedes saben, mucha importancia a esto: el verse amado, pero naturalmente al niño también se le dice que él tiene que amar para que haya un intercambio. Fijénse ustedes, cuidar al niño, por ejemplo, asearlo, lavarlo... esto lo puede hacer una persona asalariada ¿no es verdad? Puede tomar al niño, meterle en el baño, pulirlo, requetepulirlo y dejarle hecho un rasco, pero yo me pregunto: ¿y si lo hace sin amor? Hoy te dicen los biólogos (los biólogos! ¡No solo los pedagogos, los pediatras...!), ya los biólogos te dicen: si la persona que cuida al niño lo hace sin amor, ese niño tiene gran peligro de desarrollarse anormalmente. Y muchos brotes de violencia que despiezan la juventud se ve que desgracian la vida de los jóvenes y de las familias proceden de la falta de cariño de los primeros años.

Y hoy se están haciendo estudios muy serios, por ejemplo, en Estados Unidos, y también en mí país, y supongo que aquí también, claro, sobre el fracaso escolar. Muchos, muchos niños y niñas dejan la escuela porque fracasan, no son capaces de seguir los estudios y ahora se están haciendo estudios y se ve que esos niños y esas niñas están demasiado solos en sus casas, no tienen cariño. Los famosos niños de la llave en el pecho, la llave de la casa. Yo, cuando fui a estudiar a Alemania hace años, iba a trabajar en una escuela y veía que todos los niños pequeños tenían una llave, una llave de esas pequeñas, así como si fuera una cadena, colgada al pecho. Y yo decía: "¿y tú para qué tienes esa llave?" "Ah, porque cuando terminamos aquí, al mediodía, voy a casa, abro la puerta, estoy sólo ahí porque no están mis padres, si veo alguna comida por ahí que me dejan, me la como y me vengo a la escuela otra vez. Y por la tarde o a las seis de la tarde, hago lo mismo: voy con mi llave y entro. Y si encuentro algo por ahí, ceno". "¿Y tus padres?" "No, no están. Vienen por la noche. Yo a veces ni los veo, me acuesto y no los veo." Bueno, estos niños de la llave en el pecho son niños que carecen de ternura – no porque los padres no les quieran o les amen, sino porque no están con ellos. El niño necesita acogimiento.

Bien, entonces, si esto es así ¿cuál es la llave para fundamentar bien nuestra vida y por tanto para crear este hombre nuevo? Un hombre que no vuelva a fracasar en otra guerra mundial, un hombre de una nueva época. ¿Cuál es la llave? Yo creo que, según la investigación actual, la llave es la comprensión del encuentro, comprender bien el encuentro, a fondo. Porque, miren, lo importante de la educación no es decir conceptos, sino decirlos de tal manera que el niño y el joven los comprendan por dentro, no los aprendan desde fuera porque se lo dicen, sino comprendan de tal manera que ellos digan: "ah, pues sí... ah, lo veo yo... esto es así", y para esto hay que saber decirlo de tal manera que no les suene algo extraño, sino que lo vayan captando por dentro... y es entonces cuando se entusiasman con los valores que tienen en todo esto.

 
Qué es un ámbito
 

Vamos a hacer un esfuerzo por comprender lo que es el encuentro. Pero previamente, un término, un concepto de filosofía, que creo que es absolutamente necesario para hacer una teoría de la educación, una teoría de lo que es el hombre. Ese concepto, yo les confieso que hoy no sé dar ni un pasito, ni en filosofía teórica, ni en filosofía aplicada, filosofía de la educación, por ejemplo, ni en filosofía del arte, sin ese concepto. Ese concepto es el concepto de ámbito, en alemán dicen Raum. ¿Qué significa esto? Yo veo que hay muchos autores que escriben, escriben, escriben y todo queda muchas veces poco claro y yo, a veces, digo: ¡Qué lástima!... si introdujeran la categoría de ámbito quedaría mucho más claro.

Miren, este objeto, este bolígrafo... se le puede delimitar, yo sé que va desde aquí hasta aquí, esto es lo que abarca, yo lo puedo agarrar con la mano, yo lo puedo pesar – pesa tantos gramos –, yo lo puedo situar aquí, aquí o aquí, lo puedo manejar, puedo hacer con él lo que quiera ¿no es verdad? Ora, yo estoy viendo a ustedes: a la inmensa mayoría no los conozco... A usted, por ejemplo, con una cinta métrica, yo puedo medir, lo que abarca de alto y de ancho ¿no es verdad? Voy con las manos así, le toco a los hombros y digo: "esto abarca fulanito de tal, esta señora abarca esto." Usted me podría decir, con toda razón, en cuanto al cuerpo, sí – mí cuerpo empieza aquí y termina aquí –, pero mí persona, no. Usted abarca cierto campo, en el aspecto afectivo, usted ama personas, ellos le aman a usted; en el aspecto estético, usted cultiva, a lo mejor toca algún instrumento ¿qué sé yo?; en el aspecto profesional, en el aspecto ético, en el aspecto religioso – si tiene usted creencias –... abren ustedes un campo enorme. Es decir, cada uno de ustedes, no abarca solamente lo que yo estoy viendo ahora, sé que abarca mucho más. Cada uno de ustedes es un nudo de relaciones, como decía Saint-Exupéry. Y esto inspira un inmenso respeto por las personas. Yo, cuando empiezo un curso y veo los chicos delante de mí, yo pienso: este joven que veo ahí o esta joven es mucho más de lo que estoy viendo... Yo, en él, veo: a sus padres, que están deseando que estudie, a lo mejor, la novia, el novio, los hermanos... veo sus proyectos de futuro, veo sus recuerdos de pasado – cada uno tiene porque tiene una historia –, veo tantas y tantas realidades, por supuesto el talento que tiene, el afecto... Cada persona es un nudo. Entonces, fijénse, usted no es como el bolígrafo, que empieza aquí y termina aquí. Usted es como un campo de realidad, podríamos decir, un ámbito de realidad o, sencillamente, un ámbito.

Un ámbito es como un campo. Los ojos no lo ven, pero la mente, sí. Yo, con la mente, veo... con la imaginación, veo que usted es mucho más de lo que parece. Pero esto no sólo con las personas sino con muchas realidades que no son personas, pero tampoco son objetos como el bolígrafo. Por ejemplo, un piano. Yo veo un piano. Como mueble es igual que esta mesa ¿no es verdad? Un objeto como esta mesa, pero como instrumento ¿qué tipo de realidad tiene?

Un piano, como instrumento, me ofrece posibilidades de sonar. Figúrense que yo soy pianista: yo le ofrezco al piano posibilidades de crear formas musicales en el teclado. Figúrense que luego tenemos una partitura: una partitura en cuanto montón de papel es un objeto – como este bolígrafo: se le puede delimitar, pesar etc., pero en cuanto partitura, en cuanto papel, que me ofrece posibilidades de crear una nueva obra, la partitura no es un objeto, es más que el objeto. Pero tampoco es un sujeto, sujeto es el compositor. Es una realidad intermedia. Hay autores que se vuelven locos y te dicen: ¿qué sentido, qué realidad tiene esta partitura? Hombre, es parecido al compositor porque está revelándote una obra, pero tampoco es el compositor. También se parece un objeto porque es un pedazo de papel, es un montón de papel y está así intermedio. Pues, miren ustedes, yo digo sencillamente: una partitura en cuanto partitura es un ámbito, es un campo de realidad que puede relacionarse conmigo y yo con ella. ¿Un objeto puede relacionarse contigo, puede tener iniciativa para decirte algo? ¡No! ¿Esta mesa, tiene iniciativa para hablar conmigo? ¡No! La partitura, sí! Yo tomo una partitura, la pongo en el piano, me está hablando, me está invitando a que toque, me está corrigiendo – si yo toco mal, la partitura me dice: ¡No!.

¿Qué significa que sea un ámbito? Que una obra musical es como una fuente de posibilidades y tú puedes dialogar con ella, puedes asumirla como propia. Y tú entonces tienes que dialogar con ella, ella manda sobre ti, tú manda sobre ella. Mejor dicho: nadie manda sobre nadie, sino que ella te da posibilidades para crear una obra y tú le das posibilidades para que esa obra sea – es un enriquecimiento mutuo. Tenemos entonces un descubrimiento muy importante que es el de las experiencias reversibles: son experiencias que tienen doble dirección. Aquí está el sujeto, aquí está el objeto – este objeto que no es un objeto, sino ámbito. Entonces, entre uno y otro, se establece una relación reversible. Yo influyo sobre ti, tú influyes sobre mí... esto es un aspecto reversible. Yo te invito a dar un paseo pelo jardín y tú me dices: sí, pero no ahora, sino después. Yo te invito, influyo sobre ti, pero tú respondes y me dices: sí, pero por aquí. Entonces estamos entre los dos, colaborando: es reversible.

Estas experiencias reversibles son importantísimas en la vida humana. Una experiencia lineal es la que va del sujeto al objeto – yo le doy un impulso al bolígrafo y el bolígrafo padece ese impulso y ahí se queda. El esquema que vertebra esta acción es el esquema acción / pasión: yo actúo-él padece. En la experiencia reversible no es así; yo actúo sobre usted, usted actúa sobre mí, son dos actuaciones libres que nos complementan a los dos. Esto nos enriquece muchísimo. Miren, cuanto más maduros estamos en la vida, menos experiencias lineales realizamos y más experiencias reversibles. Por ejemplo, un profesor, que él lo sea todo, él habla... y los alumnos no tienen más que padecer lo que él dice, sencillamente recibirlo, pero sin iniciativa, sería un profesor que vive de experiencias lineales. Pero si el profesor habla, actúa sobre los alumnos, pero ellos también reaccionan, por ejemplo, haciendo trabajos, planteando preguntas... es una experiencia reversible en la clase, eso es más maduro.

 
Qué se entiende por encuentro
 

Entonces ya tenemos: primer descubrimiento: los ámbitos; segundo, experiencias reversibles y el tercero, el encuentro. ¿Qué es el encuentro? El encuentro no es mera vecindad. Yo puedo agarrarme a esta mesa, luego levanto las manos y ¿qué queda? No queda nada. ¿He creado algo? No. Ahora, si yo, por ejemplo, veo un piano y le toco por fuera también así, levanto la mano, no queda nada. ¿Ha habido encuentro? No. Hay vecindad, pero no hay encuentro. Yo puedo convivir con usted toda la vida y no encontrarte rigurosamente ni una sola vez, porque el encuentro no es mera proximidad. La proximidad es muy fácil: yo camino tres pasos y estamos cerca. Pero con eso no hemos creado encuentro.

El encuentro es un enriquecimiento mutuo: tú eres un ámbito de vida, lleno de posibilidades, proyectos, etc. Tú me los ofreces y yo te los ofrezco a ti; tú tienes voluntad de comprenderme y yo tengo voluntad de comprenderte; yo tengo voluntad de ir contigo, tú, conmigo; y creamos un campo de juego común, creamos un campo de libertad común... y eso es el encuentro.

Cuando hay encuentro de verdad se superan las escisiones. Si usted y yo no somos amigos, no hemos creado encuentro, yo estoy aquí y usted está ahí, fuera de mí. Pero si usted y yo creamos encuentro, usted ya no está fuera de mí – nuestros cuerpos, sí, pero nuestras personas, no. Yo no estoy fuera de usted, usted no está fuera de mí. Sus problemas son mis problemas, mis gozos son tus gozos, se comunican, esto es maravilloso. Cuando hay encuentro, hay una comunicación.

Sería absurdo que un delantero, por ejemplo, de fútbol, cuando ve que le meten un gol a su portero, diga: "ah, esto es su problema". Esto no es mi problema, no entendería lo que es una equipo – una equipo es un encuentro justamente... cuando hay un equipo, hay encuentro. Tus problemas son mis problemas. El otro día hablando yo con un grupo de jóvenes en Madrid, les dije: cuidado que a veces sois crueles con vuestros padres. El viernes por la noche, el sábado por la noche, os vais, no decís cuando volvéis, no decís donde estáis, vuestros padres se angustian y me dice uno de los chicos (un chico normal, bueno): "¿Qué pasa, que nuestros padres sufren, se angustian porque estamos fuera?" "Sí, mucho." "Ah, ese es su problema." Y dijo: "¿Cómo, problema de quién?" "De ellos, de mis padres." ¿Saben lo que les dije yo entonces? Dije: "Mira, perdona, si me dices esto, lo siento pero tengo que decirte una cosa muy triste... que no tienes hogar." "¡¡¿Cómo que no tengo hogar?!!", me dijo. "Sí, sí, piso, habitación tienes, pero no hogar." "¿Cómo?" "Sí, señor. Lar decían los latinos: focus, es el lugar donde arde el fuego del amor, el lugar donde hay encuentro. Tú no te has encontrado con tus padres nunca, por lo menos ahora y me dice: ‘¿Cómo que no, que los veo todos los días?'" Y le digo: "Claro que los ves todos los días pero no te encuentras con ellos."

 
Cómo se llega al encuentro
 

Esto que estamos hablando son claves de interpretación de la vida, son muy importantes para entender la vida. Entonces ya tenemos el descubrimiento del encuentro, pero hay que hacer más descubrimientos. ¿Cómo se llega al encuentro? Cumpliendo ciertas exigencias.

Para crear un encuentro auténtico, un encuentro – no sólo estar cerca –, hay que ser generosos. La generosidad es importante para abrirse al otro, si soy egoísta me cierro en mí mismo. Segundo, hay que ser veraces, no mentir. Miren, si yo me abro a usted, pero le miento, usted no tiene confianza en mí, porque la confianza se gana uno cuando se ve que el otro se abre totalmente. Pero si yo me abro en parte y en parte me oculto, usted dirá: ¿Por qué se oculta? Usted ve que no hay comunicación. Siempre que uno miente, destruye la posibilidad del encuentro. La mentira destruye el encuentro. La veracidad, ser verdadero, ser sincero es condición para el encuentro. Cuarta condición: la fidelidad. Fidelidad no es mero "aguante". "Aguantar" aguantan las patas de las mesas, los muros, las columnas... están hechas para aguantar. Los seres humanos no estamos hechos para eso, mi vocación no es aguantar, la suya tampoco. ¿Saben cuál es? Ser fiel. El día de la boda, una persona promete a otra crear con ella un hogar. Ese hogar no queda hecho de una vez por todas como quedó hecha esta mesa. Hay que crearlo cada día y cada hora. ¿Ser fiel, qué significa? Crearlo. Por tanto, la fidelidad auténtica es creativa. Por eso el gran filósofo francés Gabriel Marcel tiene un libro que se llama Fidelidad creadora, muy bien, no es mero "aguante", es fidelidad creadora. No vale decir: "¿Te has cansado? Tiene dificultades? Te aguantas." ¡No! "¿Tienes dificultades? Se fiel."Lo mismo la paciencia – la paciencia no es mero "aguante", es ajuste a los ritmos naturales.

Y hay muchas más: por ejemplo, la cordialidad. Yo siempre hablo de la cordialidad – que no siempre se habla. Hay que ser tierno, cordial... eso es fundamental para el encuentro. Yo les digo siempre a los chicos: yo puedo suspender a un alumno al final del curso y hacerlo con cordialidad o sin cordialidad. Por tanto, habiendo encuentro o no habiendo encuentro. Claro, ellos me dicen: "¡Apruébeme sin cordialidad!". Pero esto no vale porque se es sin cordialidad no hay encuentro. Pero ¿qué significa, me dicen ellos, suspender con cordialidad? y digo: bueno, por ejemplo, si yo veo que un alumno, a pesar de que puso mucho interés durante el año etc., que hay una parte de la asignatura que no la sabe bien – una parte esencial que no sabe –, yo tengo que suspenderle, pero yo puedo recibirle en mi despacho. Yo siempre los recibo uno a uno, después de cada examen, para decirles a todos -el que tenga matrícula de honor como el que tenga suspenso- porque han llevado esto. Y le puedo explicar: "mira, tú hiciste un trabajo, está bien hecho; esta parte de la asignatura, la sabes, olvídala. Pero, esta materia que no la sabes, estúdiala bien para el próximo examen". Este alumno va suspendido a casa, pero hemos creado encuentro. Y esto es formativo, él va orientado.

A veces yo he visto algunos profesores que no hacen esto y ha sido terrible. Alumnos, he visto, perder la carrera entera... Por ejemplo, medicina. ¿Saben lo qué significa esto? Una carrera de ocho años y a los veinteocho años ve que no tienes nada, porque ahí les dan seis convocatorias, si pierden las seis y es la ultima asignatura de la carrera, pierdes la carrera. Bueno, he visto casos tremendos. En cambio también al revés: un chico allí en Madrid que le faltaba una convocatoria de la ultima asignatura que le quedaba, no tenía más un examen... si perdía esto, perdía la carrera entera – arquitectura era, una carrera dificilísima -, él decía: "yo, seguro que suspendo, me pierdo la carrera", estaba angustiado. Y yo le dijo al padre: "Pero hable usted con el catedrático. Que le diga que le pasa a este hombre." "No, no porque le voy a..." Y yo le convencía: "Hable con él." Fue a ver el catedrático. Sacó el archivo y le dice: "Su hijo tiene mal la parte práctica; la parte teórica, la tiene muy bien." Y dice al catedrático el padre del alumno: "Hombre, por favor, pero si él cree que es lo contrario. Está todo el día estudiando la parte teórica y deja la práctica." Faltaba un mes para el examen. Y dijo: "Que vaya a tal sitio de Madrid que hay un militar que se llama tal, que da muy bien las clases prácticas. Que va un mes, tenga una clase particular y verá que no tiene problema". ¡Aprobó! Pero gracias a esa conversación que tuvieron. Pero ustedes creen que un profesor puede ver que un alumno sólo le queda una asignatura de toda una carrera larguísima, ya pierde cinco convocatorias y le queda sólo una y que no le llama para decirle: "Oye, tengas cuidado con esto." Si te hubiera perdido la carrera por no decirle cinco minutos... decirle lo que estaba pasando... esto no puede ser.

 
   
Adaptació a partir d'una conferència pronunciada pel Dr. López Quintás, catedràtic emèrit de filosofia de la Univ. Complutense de Madrid

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