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Hacia unas relaciones personales más saludables, veraces y auténticas (I)

Algunos de los aprendizajes y enseñanzas experimentados por C. ROGERS en vista a la mejora de las relaciones interpersonales.

Unas relaciones personales auténticas pueden ser la solución a muchos de tus problemas psíquicos.

Es la calidad de las relaciones «personales» lo que da un mayor sentido a la vida.

Uno de los grandes retos que todos tenemos como individuos consiste en descubrir a qué cosas dedicar preferentemente nuestra atención en orden a una realización más auténtica y plena de nuestra vida. Muchos individuos tienden a ignorar –o a percibir como ajenos- valores, cuestiones y temas sustanciales para un desarrollo personal más pleno y fecundo.

Se trata de descubrir a qué cosas prestar la debida atención en orden a una realización más plena, en orden a nuestra felicidad. Corremos el riesgo de que nuestro cerebro “se pierda” en cuestiones banales, secundarias, en cuestiones que nos “distraen” pero que de verdad no nos llenan, que no nos hacen felices. Se trata de ir descubriendo, pues, lo que realmente puede llenar de sentido nuestra vida.

La vida humana es sobre todo una vida de relación, especialmente de relaciones personales. Anhelamos unas relaciones personales que sean saludables, veraces, auténticas. Deseamos encontrarnos con personas "veraces", aquellas que obran con honestidad desde su propio fondo. Es lo que inconscientemente todos buscamos y lo que de verdad nos llena. Más que las relaciones «objetales» (con las cosas, con los objetos), son las relaciones «interpersonales» las que dan sentido y valor a la vida. Unas relaciones personales auténticas pueden ser la solución a muchos de tus problemas psíquicos. Es la calidad de las relaciones «personales» lo que da un mayor sentido a la vida. Ver también: "Ama a las personas, no a las cosas" (aquí) y "Cómo actúa nuestra mente" (aquí)

Carl ROGERS pionero de la denominada terapia no directiva, mejor conocida terapia centrada en la persona, nos enumera algunas de las enseñanzas entresacadas de su propia experiencia personal y profesional en vista a conseguir unas relaciones personales positivas, auténticas, verdaderas, útiles no sólo en el ámbito profesional de las interacciones entre terapeuta y cliente, sino aplicables también por cada uno de nosotros a todas nuestras relaciones humanas.

Carl ROGERS (Estados Unidos 1902-1987) psicólogo estadounidense, iniciador junto a Abraham Maslow del enfoque humanista en psicología. Un estudio realizado entre psicólogos estadounidenses y canadienses en 1982 lo situó como el psicoterapeuta más influyente de la historia, por delante de Albert Ellis y Sigmund Freud. Fue pionero en el establecimiento de un novedoso enfoque en psicoterapia, que empezó conociéndose como «no directivo» y evolucionó hasta consolidarse en lo que conocemos como el Enfoque Centrado en la Persona. Fue, más que nadie, la persona responsable de la expansión del counseling o asesoramiento psicológico y de la psicoterapia más allá de los ámbitos de la psiquiatría y el psicoanálisis, extendiéndolos a todas las profesiones que de alguna manera u otra ofrecen una «relación de ayuda»: psicología, educación, sanidad, mediación, trabajo y educación social, ámbitos legales y demás. Fue uno de los fundadores del movimiento humanista en psicología, que continúa hoy en día ejerciendo una profunda influencia en la sociedad y muchas profesiones.

Fue partícipe y gestor en el desarrollo de la terapia no directiva, mejor conocida como terapia centrada en el cliente, la cual renombró como terapia centrada en la persona. Sus teorías abarcan no sólo las interacciones entre el terapeuta y el cliente, sino que también se aplican a todas las interrelaciones humanas. Rogers supone la relación entre el cliente y el terapeuta como el elemento fundamental para que se desarrolle el saneamiento del consultante. En la terapia centrada en la persona el marco de referencia deja de ser el conocimiento teórico del terapeuta y se centra en cómo vive el cliente aquello que le está sucediendo. También, deja de ser una terapia focalizada en resolver el problema, y más bien se interesa en empatizar con el cliente en lo que está viviendo, cómo está viviendo la situación que le toca vivir. Mediante el uso de la escucha empática, la congruencia propia del consejero y la aceptación incondicional, se intenta promover un ambiente libre de amenazas donde el cliente pueda expresarse libremente. Es a través de este escenario donde este último podrá conocerse a sí mismo y así disminuir su ansiedad y tratar aquellas situaciones que le producen malestar.

Además de su experiencia clínica y en el ámbito de la relación de ayuda, desarrolló una larga carrera como educador que le llevó a contactar con miles de estudiantes que se vieron profundamente influenciados por su persona y la aplicación de su enfoque en lo que se ha conocido como la Educación Centrada en la Persona. Carl Rogers ha influido y sigue influyendo en la vida de millones de personas a través de las actitudes que el destacó y que cada uno de nosotros puede cultivar tanto en nuestra esfera profesional como personal, en las infinitas interacciones que cada día tenemos con aquellos que nos rodean.

Veamos algunos de los aprendizajes adquiridos en el marco de su actividad profesional y algunas de las enseñanzas que se derivan, presentadas con sus propias palabras en algunas de sus conferencias internacionales y recogidas en su obra «El proceso de convertirse en persona».

El proceso de convertirse en persona

“¿De qué trata este libro? Intentaré dar una respuesta que, en alguna medida, transmita la experiencia viva que el libro pretende ser.” “Esta obra se refiere al sufrimiento y a la esperanza, a la ansiedad y a la satisfacción que llenan el consultorio de cada terapeuta. Se refiere a la unicidad de la relación que cada terapeuta establece con cada cliente e igualmente a los elementos comunes que descubrimos en todas estas relaciones. Trata acerca del cliente que en mi consultorio se sienta en un extremo del escritorio, luchando por ser él mismo, y sin embargo mortalmente temeroso de serlo. Trata también acerca de mí mismo, sentado allí ante ese paciente, cara a cara y participando de su lucha con toda la sensibilidad y profundidad de que soy capaz. Trata acerca de mí en tanto me esfuerzo por percibir su experiencia y el significado, el sentido, el sabor que tiene para él. Se refiere a mí, en los momentos en que disfruto del privilegio de traer al mundo una nueva personalidad; cuando me aparto con respeto ante la emergencia de un yo, de una persona; cuando observo el proceso de un nacimiento en el que he desempeñado un papel importante y facilitador. Se refiere tanto al paciente como a mí en tanto observamos maravillados las fuerzas potentes y armónicas que se manifiestan en esta experiencia total, fuerzas que parecen profundamente arraigadas en el universo como un todo. Creo que el libro se refiere a la vida, en la medida en que ésta se revela vívidamente en el proceso terapéutico, con su ciego poder y su tremenda capacidad de destrucción, pero con su impulso sobrecompensador hacia el crecimiento, cuando se dan las condiciones propicias.”

Algunas enseñanzas significativas

Me gustaría transmitirles algunas de las cosas que he aprendido en los miles de horas empleadas trabajando en contacto íntimo con individuos que sufren. Se trata de enseñanzas que para mí han sido significativas. He aprendido que toda vez que una persona se mostró deseosa de comunicarme algo acerca de sus tendencias internas, esto me ha resultado útil, aunque solo fuese para advertir que las mías son diferentes. Estas enseñanzas no son inmutables; siempre se modifican. Presentaré cada una de ellas con una frase u oración que transmita algo de su sentido particular. Luego la desarrollaré brevemente. Las primeras se refieren sobre todo a las relaciones con los demás. Las siguientes, en cambio, corresponden al ámbito de los valores y convicciones personales.

Relaciones entre individuos

1.- En mi relación con las personas he aprendido que, en definitiva, no me resulta beneficioso comportarme como si yo fuera distinto de lo que soy: mostrarme tranquilo y satisfecho cuando en realidad estoy enojado y descontento; aparentar que conozco las respuestas cuando en verdad las ignoro; ser cariñoso mientras me siento hostil; manifestarme aplomado cuando en realidad siento temor e inseguridad. No me ayuda aparentar bienestar cuando me siento enfermo.

En mis relaciones con la gente he podido comprobar que no es útil tratar de aparentar, ni actuar exteriormente de cierta manera cuando en lo profundo de mí mismo siento algo muy diferente. Nada de esto me ayuda a lograr relaciones positivas con individuos.

2.- La segunda enseñanza puede expresarse en los siguientes términos: Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo. Con el transcurso de los años he adquirido una mayor capacidad de autoobservación que me permite saber con más exactitud que antes lo que siento en cada momento: puedo reconocer que estoy enojado o que experimento rechazo hacia esta persona, que siento calidez y afecto hacia este individuo, que estoy aburrido y no me interesa lo que está pasando, que estoy ansioso por comprender a este individuo o que mi relación con determinada persona me produce ansiedad y temor. En otras palabras, creo que soy más capaz de permitirme ser lo que soy. Me resulta más fácil aceptarme como un individuo decididamente imperfecto, que no siempre actúa como yo quisiera. Paradójicamente, cuando me acepto como soy, puedo modificarme. No podemos cambiar, no podemos dejar de ser lo que somos, en tanto no nos aceptemos tal como somos. Una vez que nos aceptamos, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta. Sólo entonces las relaciones se tornan reales. Las relaciones reales son atractivas por ser vitales y significativas. Si puedo aceptar el hecho de que este cliente o estudiante me hace sentir molesto o me provoca aburrimiento, podré aceptar con mayor facilidad los sentimientos con que me ha de corresponder. También puedo aceptar la experiencia y la modificación de los sentimientos que surgirán en ambos como consecuencia. Las relaciones reales no permanecen estáticas, sino que tienden a ser cambiantes.

Por consiguiente, me resulta útil permitirme ser yo mismo en mis actitudes; conocer el límite de mi resistencia o mi tolerancia, saber cuándo deseo moldear o manejar a la gente, y aceptarlo como un hecho en mí mismo. Me gustaría poder aceptar estos sentimientos con la misma facilidad con que acepto los de interés, calidez, tolerancia, amabilidad y, comprensión, que también constituyen una parte muy real de mí mismo. Sólo cuando acepto todas estas actitudes como un hecho, como una parte de mí, mi relación con la otra persona llega a ser lo que es y puede crecer y cambiar más fácilmente.

3.- He descubierto el enorme valor de permitirme comprender a otra persona. ¿Es necesario permitirse conocer a otro? Pienso que efectivamente es así. Nuestra primera reacción ante las afirmaciones que oímos de otras personas suele ser una evaluación inmediata o un juicio más que un intento de comprensión. Muy pocas veces nos permitimos comprender exactamente lo que su afirmación significa para él. Pienso que esto se debe a que comprender es riesgoso. Si me permito comprender realmente a otra persona, tal comprensión podría modificarme, y todos experimentamos temor ante el cambio. Por consiguiente, no es fácil permitirse comprender a un individuo, penetrar en profundidad y de manera plena e intensa en su marco de referencia. En efecto, esto es algo que ocurre con escasa frecuencia.

La comprensión es doblemente enriquecedora. Cuando trabajo con pacientes que sufren, descubro que el hecho de comprender y sentir las actitudes de una persona que piensa que la vida es demasiado trágica para ser soportada, comprender a un hombre que se siente un individuo despreciable e inferior, de alguna manera me enriquece. En estas ocasiones aprendo modificándome de modo tal que me torno una persona diferente, con mayor capacidad de dar. Quizá sea aún más importante el hecho de que mi comprensión de estos individuos les permite cambiar, aceptar sus propios temores y sus extraños pensamientos, sus sentimientos trágicos y sus desesperanzas, así como sus momentos de coraje, amabilidad, amor y sensibilidad. Su experiencia y la mía revelan que cuando un individuo comprende plenamente esos sentimientos puede aceptarlos con mayor facilidad en sí mismo. Entonces descubren que tanto ellos como sus sentimientos cambian. Se trate de una mujer que se siente manejada como un títere o de un hombre que piensa que nadie está tan solo y aislado de los demás como él, la comprensión de cualquier persona me resulta valiosa. Pero también, y esto es aún más importante, ser comprendido tiene un valor muy positivo para estos individuos.

4.- Otra enseñanza que ha sido muy importante para mí es la siguiente: He descubierto que abrir canales por medio de los cuales los demás puedan comunicar sus sentimientos, su mundo perceptual privado, me enriquece. Puesto que la comprensión es muy gratificante, me gustaría eliminar las barreras entre los otros y yo, para que ellos puedan, si así lo desean, revelarse más plenamente.

Con mis propias actitudes puedo crear una sensación de seguridad en la relación que posibilite tal comunicación. Es necesario que el cliente advierta que se lo ve tal como él mismo se ve, y que se lo acepta con sus percepciones y sentimientos, creando un clima en el que puedan expresarse los sentimientos. Quiero reducir el temor o la necesidad de defensa, de modo tal que las personas puedan comunicar sus sentimientos libremente.

(...)

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Fuente: C. ROGERS: El proceso de convertirse en persona


Ver también la seccion: LES RELACIONS HUMANES

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