titol

Ecología emocional (*)

La vida es un viaje experimental
realizado involuntariamente.
Es un viaje del espíritu a través de la materia,
y como es el espíritu quien viaja
es en él donde se vive.
Hay, no obstante, almas contemplativas
que han vivido más intensamente,
más extensamente y tumultuosamente
que otras que han vivido externamente.
El resultado lo es todo.
Aquello que se ha sentido
ha sido lo que se ha vivido.
FERNANDO PESSOA Libro del desasosiego


Vida, sorpresa, misterio y belleza, mucha belleza... Aquí nos hallamos todos, pequeños humanos poblando un pequeño planeta perdido en un espacio inmenso. Humanos viviendo, con más o menos conciencia el milagro de la vida y de la belleza de nuestro mundo. Humanos con dificultad para apreciar la magia de los colores de la luz de la luna reflejada en una pequeña gota de rocío. ¿Cuántos años llevamos vivos y cuánta vida hemos vivido plenamente?

El ciclo de la vida y de las estaciones se repite una y otra vez. La naturaleza es la manifestación constante de la vida que recomienza una y otra vez, siempre perseverante. Una semilla que se abre y se convierte en planta, una planta que crece y da flor y fruto, y luego muere y produce residuos. Unos residuos, o humus que proporcionan nutrientes gracias a los que podrá iniciarse, nuevamente, el ciclo. La primavera que florece, el verano donde todo madura, el otoño que libera del peso de lo que está muerto y enlentece los ritmos biológicos, el invierno donde todo encuentra reposo, duerme y descansa para recomenzar.

También las personas funcionamos con ciclos: ciclos de vida y muerte, de descanso y trabajo, de construcción y destrucción, de calma e inquietud, de reflexión y acción. Hablamos de vida, del mundo, de los demás y de nosotros; hablamos de nacer humanos y transformarnos en personas, hablamos de potenciales y realidades, de nuestra dimensión sapiens y de nuestra dimensión demens, y de la necesidad de equilibrar las dos dimensiones. Hablamos de vivir y explorar: tenemos todo un mundo para recorrer y todo un camino interior para encontrarnos y permitirnos nacer. En este camino, nuestra inteligencia y nuestra afectividad deberán aprender a trabajar en equipo para construir y construirnos, para no destruirnos a nosotros mismos, a nuestra especie, ni al mundo maravilloso donde vivimos. Sólo hay una esperanza para contener la destrucción y la violencia: recuperar nuestra sensibilidad para todo lo que está vivo.

El equilibrio interno proyectado en el equilibrio externo

El ser humano lleva millones de años viviendo en el planeta Tierra. La mayor parte del tiempo la relación con su mundo afectivo no ha sido demasiado equilibrada. Tenemos muchos indicios de ello: insatisfacción, insomnio, irritabilidad, represión, explosiones emocionales, fatiga, estrés y enfermedades psíquicas. También tenemos muchos signos de desequilibrio social que lo indican: la violencia y agresividad de unos contra otros, la falta de solidaridad, las prisas, la tensión, el egoísmo, los sentimientos de soledad y de infelicidad, y tantas otras señales que nos hacen pensar que estamos realizando una gestión incorrecta de nuestro mundo emocional, de forma similar a la que estamos haciendo con los recursos de nuestro planeta.

Desde hace un tiempo hemos conocido el despertar de una nueva forma de entender las relaciones de las personas hacia sí mismas, los demás y el mundo. La ecología nos propone un camino que podemos aplicar a nuestro mundo emocional: el equilibrio. Nos enseña que una gestión adaptativa de nuestro mundo afectivo puede ser esencial en nuestra vida y aumentar nuestra capacidad para construir una felicidad auténtica y serena.

Nadie puede obligar a nadie a vivir, ni tampoco puede decidir en su lugar de qué forma debe vivir su vida. Podemos vivir medio dormidos, con poca conciencia de nuestra realidad, dejándonos llevar por algo externo a nosotros mismos, o al contrario, escoger experimentar la conciencia de vivir y mantenernos despier­tos en un viaje intenso e interesante. Y al elegir nos construimos. Colocamos los fundamentos de un mundo interno equilibrado o caótico. El equilibrio interno se ve reflejado también en un equilibrio en nuestras relaciones con los demás y con nuestro entorno. La persona que se relaciona bien consigo misma tiene también la capacidad para hacerlo con los demás. Se puede afirmar que quien siempre tiene problemas en sus relaciones personales debería plantearse si esta dificultad puede ser fruto de una mala relación consigo mismo.

Nuestro mundo caótico, inestable y lleno de sufrimiento, pide soluciones de urgencia que deben nacer de cada uno de nosotros. Todos somos responsables de nuestro deterioro, del deterioro social, de la fragmentación y disgregación mundial y del desequilibrio que puede llevarnos a nuestra destrucción como especie. Se impone, pues, la necesidad de ser creativos y buscar planteamientos más equilibrados en nuestra vida. Es preciso y urgente que nuestra mente y nuestras emociones trabajen en equipo, que la complejidad de nuestro mundo afectivo con el que la evolución biológica y cultural nos ha dotado juegue a favor nuestro, en lugar de sabotear una y otra vez nuestro proyecto de vida. La ecología nos abre vías que pueden aplicarse a la gestión de nuestras emociones y sentimientos. Ésta es nuestra propuesta: la psicoecología afectiva, la psico-eco-afectividad.

La ecología emocional es el arte de gestionar nuestras emociones de tal forma que la energía que éstas generan sean dirigidas a nuestro crecimiento personal, a la mejora de nuestras relaciones interpersonales y a la construcción de un mundo más armónico y solidario.

Fuente: (*) Extracto de J. SOLER & M. MERCÉ CONANGLA: Ecología emocional / El despertar de la ecología emocional.

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