Manifiesto sobre la consciencia planetaria
Nos hallamos en el umbral de una nueva etapa de evolución social, espiritual y cultural. Nos enfrentamos con el reto de elegir nuestro destino.
Solo cambiándonos a nosotros mismos podemos cambiar el mundo. Cada uno de nosotros debemos empezar por nosotros mismos a la hora de evolucionar nuestra consciencia hacia esta dimensión planetaria.
La consciencia planetaria es conocer y sentir la interdependencia vital y la unidad esencial de la humanidad y la adopción consciente de la ética y el ethos que ello implica.
Nos hallamos en el umbral de una nueva etapa de evolución social, espiritual y cultural. Nos enfrentamos con el reto de elegir nuestro destino. Estamos sentando las bases para una sociedad global pacífica y cooperadora o para el fin de la ocupación humana de este planeta. Nos encontramos al borde del colapso ecológico. Se sigue gastando mil millardos de dólares al año en armas y ejércitos, y sólo una diminuta fracción de esta suma en mantener un entorno habitable. Necesitamos percibir los problemas en su compleja totalidad. Nuestra respuesta ha de ser global, holística e integral.
Debemos poner en acción nuestras responsabilidades individuales y colectivas. Los seres humanos necesitamos un ideal que alcanzar o una responsabilidad que aceptar. El camino: la evolución del espíritu y la consciencia humanos en busca de un mundo en el que todos podamos vivir en paz, libertad y con dignidad.
Cada uno de nosotros debemos empezar con nosotros mismos a la hora de evolucionar nuestra consciencia hacia esta dimensión planetaria. Sólo entonces podremos ser agentes responsables y eficaces en el cambio y transformación de nuestra sociedad. La consciencia planetaria es conocer y sentir la interdependencia vital y la unidad esencial de la humanidad y la adopción consciente de la ética y el ethos que ello implica. Su evolución es el imperativo básico de la supervivencia humana en este planeta.
Fundado en 1993, el Club de Budapest es una asociación internacional informal dedicada a desarrollar una nueva forma de pensar y una nueva ética que ayude a resolver los desafíos sociales, políticos, económicos y ecológicos del siglo XXI.. "¿Cómo podemos responder de forma positiva, sostenible e integral a la crisis sistémica contemporánea en sus dimensiones económica, social y ecológica?", preguntó Edgar Morin en el Club de Budapest el 10 de marzo de 2009.
"El Club de Budapest es una asociación informal de personas creativas en varios campos del arte, la literatura y la espiritualidad. Está dedicado a la propuesta de que solo cambiándonos a nosotros mismos podemos cambiar el mundo, y que para cambiarnos a nosotros mismos necesitamos el tipo de penetración y percepción que el arte, la literatura y los campos espirituales pueden proporcionar mejor", explica Ervin Laszlo, fundador del Club de Budapest . La ambición principal del club es "centrar la atención en la evolución de los valores y la conciencia humanos como factores cruciales para cambiar el curso de una carrera que se dirige hacia la degradación, la polarización y el desastre, para lograr una remodelación de valores y prioridades con el fin de orientar las transformaciones actuales hacia el humanismo, la ética y la sostenibilidad integral".
En los orígenes del Club de Budapest pueden encontrarse en dos sucesos que sucedieron en la segunda mitad del siglo pasado. El primero fue la creación, en 1968, del Club de Roma, un laboratorio de ideas progresista a escala mundial, y activo sobre todo en Europa. En Hungría, su representante más importante era Ervin Laszlo. El segundo factor fue el papel especial desempeñando por Hungría durante la caída del comunismo a finales de la década de 1980. De todos los países del antiguo bloque comunista, en Hungría es donde se produjo la transformación a la democracia de manera más ordenada, pacífica y totalmente incruenta. En esa época existía en Hungría una amplia corriente de opinión —opinión popular e intelectual, también compartida por los escalones progresistas del alto funcionariado— que apuntaba hacia la necesidad de pasar por una transformación política que llevase al país de ser un satélite soviético a un Estado democrático independiente. Ervin Laszlo visitó Hungría con frecuencia a lo largo de las décadas de 1970-1980. La renovación de la larga amistad con Vitányi fue capital para que el Club de Budapest viese la luz. Tras la publicación del primer informe del Club de Roma, The Limits to Growth (1972), en Hungría se despertó un gran interés por sus actividades. A su vez, ello aumentó el interés por la obra de Laszlo, sobre todo el informe que dirigió para el Club de Roma, Goals for Mankind (1977). En 1984, y respaldados por el Instituto de Cultura, Vitány y Laszlo fundaron el Consorcio Europeo de Investigación sobre el Impacto de la Cultura (EUROCIRCON). Laszlo tuvo la idea de fundar un “club internacional de artistas y escritores” para asociarse al Club de Roma. Debería concentrarse en particular en los “factores blandos” de los límites del crecimiento: valores, expectativas, concepciones del mundo y estados mentales y de consciencia. Sugirió que Budapest podía proporcionar un clima intelectual y cultural ideal para tal propósito. Así nació el Club de Budapest. Laszlo fue nombrado presidente. El trabajo de verdad empezaría en 1995. Al año siguiente ya estaban preparadas las primeras conferencias, unas dos docenas de personalidades famosas se habían unido al Club como miembros honorarios, y la institución publicó el Manifiesto sobre consciencia planetaria. Este documento declara los objetivos fundamentales y la misión del Club de Budapest. Presentamos el manifiesto Redactado por Ervin Laszlo en colaboración con el Dalai Lama y adoptado por el Club de Budapest el 26 de octubre de 1996
Manifiesto redactado por Ervin Laszlo en colaboración con el Dalai Lama y
adoptado por el Club de Budapest el 26 de octubre de 1996
- En los últimos años del siglo xx hemos llegado a una disyuntiva crucial de nuestra historia. Nos hallamos en el umbral de una nueva etapa de evolución social, espiritual y cultural. La manera en que lidiemos con las sacudidas presentes y futuras determinará nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos y nietos.
- El desafío al que ahora nos enfrentamos es el reto de elegir nuestro destino.Nuestra generación, de todos los miles de generaciones anteriores, está llamada a decidir el destino de la vida sobre este planeta. Los procesos que hemos iniciado en nuestra vida y en las vidas de nuestros padres y abuelos no pueden continuar en las de nuestros hijos y nietos. Sea lo que fuere lo que hagamos creará o bien el marco para alcanzar una sociedad global pacífica y cooperadora, continuando la gran aventura de la vida, el espíritu y la consciencia en la Tierra, o bien sentará las bases para el fin de la ocupación humana de este planeta.
- Las pautas de actuación en el mundo actual no son esperanzadoras. Millones de personas están sin trabajo; millones son explotadas con salarios bajos; millones se ven forzadas a la desesperación y la pobreza. La brecha entre naciones ricas y pobres, y entre personas ricas y pobres en el interior de las naciones, es grande y sigue aumentando. Aunque la comunidad internacional se ha librado del espectro de la confrontación de superpotencias y está amenazada por el colapso ecológico, los gobiernos mundiales siguen gastando mil millardos de dólares al año en armas y ejércitos, y sólo una diminuta fracción de esta suma en mantener un entorno habitable.
- El problema de la militarización, el problema del desarrollo, el problema ecológico, el problema de la población y los numerosos problemas energéticos y de materias primas no se superarán meramente reduciendo el número de las cabezas nucleares ya inútiles, ni firmando deslavazados tratados polí- ticos sobre comercio mundial, calentamiento global, diversidad biológica y desarrollo sostenible. Hoy en día se requiere algo más que una actuación fragmentada y la solución de problemas a corto plazo. Hoy en día se requiere algo más que una actuación fragmentada y la solución de problemas a corto plazo. Necesitamos percibir los problemas en su compleja totalidad y comprenderlos, no sólo con nuestra razón e intelecto, sino también con todas las facultades de la intuición y la empatía. Más allá de los poderes de la mente racional, las notables facultades del espíritu humano incluyen el poder del amor, la compasión y la solidaridad.
- Si mantenemos valores y creencias obsoletos, una consciencia fragmentada y un espíritu egoísta, también estamos manteniendo objetivos y comportamientos obsoletos. Y esos comportamientos, adoptados por un gran número de personas, bloquearán la transición hacia una sociedad global interdependiente pero pacífica y cooperativa. Tenemos ahora una obligación tanto moral como práctica de mirar más allá de la superficie de los acontecimientos, más allá de las conspiraciones, las polémicas de la política práctica, de los titulares sensacionalistas de los medios, y de modas y caprichos de los estilos de vida cambiantes y de las formas de trabajo. Tenemos la obligación de sentir el mar de fondo subyacente a los sucesos y percibir la dirección que están tomando: evolucionar el espíritu y la consciencia que nos permitan percibir los problemas y las oportunidades ... y actuar sobre ellos.
- Para vivir y actuar de manera responsable la condición necesaria es una nueva manera de pensar. Para evolucionarla es necesario fomentar la creatividad en todas las personas, en todas las partes del mundo. La creatividad no es un atributo genético sino cultural de los seres humanos. La cultura y la sociedad cambian con rapidez, mientras que los genes lo hacen lentamente. El entorno económico, social y tecnológico actual es nuestra propia creación, y sólo la creatividad de nuestra mente —nuestra cultura, espíritu y consciencia— puede permitirnos lidiar con él. Cultivarla la creatividad es condición previa para descubrir nuestro camino hacia una sociedad globalmente interconectada en la que individuos, empresas, Estados y toda la familia de pueblos y naciones puedan vivir juntos en paz y cooperando, y en beneficio mutuo.
- La diversidad sostenida es otro requisito de nuestra era. La diversidad cultural y espiritual en el mundo humano es tan esencial como en la naturaleza y el arte: una sinfonía no puede estar compuesta en una única tonalidad, ni interpretada con un único instrumento; una pintura debe contar con muchas formas y tal vez muchos colores; un jardín es más bello si contiene flores y plantas de muchas especies diferentes. Un organismo multicelular no puede sobrevivir si se le reduce a una única clase de célula... Una comunidad humana debe contar con miembros que son distintos entre sí no sólo en edad y sexo, sino también en personalidad, color y credo. Sólo entonces pueden sus miembros llevar a cabo las tareas que cada uno hace mejor, complementándose entre sí para que el todo conformado por ellos pueda crecer y evolucionar. La sociedad evolutiva global contaría con una mayor diversidad de no ser por la indeseable y no solicitada uniformidad introducida a través del dominio de un puñado de culturas y sociedades. Igual que la diversidad de la naturaleza se ve amenazada al cultivar sólo una o unas pocas variedades de cosechas y conservando un puñado de especies animales, de igual manera está la diversidad actual del mundo en peligro a causa del dominio de una, o como mucho de unas pocas, variedades de culturas y civilizaciones.
- El mundo del siglo XXI sólo será viable si mantiene elementos esenciales de la diversidad que siempre han caracterizado a las culturas, credos y a los órdenes económicos, sociales y políticos, así como a las maneras de vivir. La diversidad sostenible no implica aislar a pueblos y culturas entre sí: lo que requiere es un contacto y una comunicación internacional e intercultural que respete las diferencias, creencias, estilos de vida y ambiciones. La diversidad sostenible no significa preservar la desigualdad, pues la igualdad no reside en la uniformidad, sino en el reconocimiento del valor y dignidad de todos los pueblos y culturas.
- En el transcurso del siglo XX, hay gente en muchas partes del mundo que ha sido consciente de sus derechos, así como de las muchas y persistentes violaciones de ellos. Este desarrollo es importante, pero no basta por sí mismo. En este siglo también debemos ser conscientes del factor sin el que ni los derechos ni los valores podrán salvaguardarse con eficacia: nuestras responsabilidades individuales y colectivas. No es probable que nos convirtamos en una familia humana pacífica y cooperadora a menos que seamos actores sociales, económicos, políticos y culturales responsables.
- Los seres humanos necesitamos algo más que alimentos, agua y refugio; incluso más que el trabajo remunerado, la autoestima y la aceptación social. También necesitamos algo por lo que vivir: un ideal que alcanzar o una responsabilidad que aceptar. En el mundo actual, todas las personas, vivan donde vivan y hagan lo que hagan, son responsables de sus actos como: individuos particulares, ciudadanos de un país, colaboradores en negocios y en la economía, miembros de la comunidad humana, personas dotadas de mente y consciencia. Y como personas dotadas de mente y consciencia, nuestra responsabilidad radica en fomentar la comprensión y el aprecio de la excelencia del espíritu humano en todas sus manifestaciones, y en inspirar asombro y maravilla por un cosmos que ha manifestado la vida y la consciencia y que ofrece la posibilidad de su continua evolución hacia niveles superiores de inspiración, comprensión, amor y compasión.
- En muchos lugares del mundo, el auténtico potencial de los seres humanos está tristemente atrofiado. La manera en que se cría a los niños desactiva sus facultades de aprendizaje y creatividad; la forma en que los jóvenes experimentan la lucha por la supervivencia material resulta en frustración y resentimiento. En los adultos esto conduce a diversos comportamientos compensatorios, adictivos y compulsivos. El resultado es la persistencia de la opresión social y política, de las guerras económicas, la intolerancia cultural, la delincuencia y el desprecio por el entorno. Eliminar los males y frustraciones sociales y económicos requiere un considerable desarrollo socioeconómico, y eso no es posible sin una mejora en educación, información y comunicación. Estas mejoras están bloqueadas por la ausencia de desarrollo socioeconómico, por lo que se crea un círculo vicioso: el subdesarrollo crea frustración, y ésta a su vez da nacimiento a comportamientos deficientes, bloqueando el desarrollo. Este ciclo debe romperse en su punto de mayor inflexión, que es el desarrollo del espíritu y la consciencia de los seres humanos. Alcanzar este objetivo no desbanca la necesidad de desarrollo socioeconómico, con todos sus recursos financieros y técnicos, sino que demanda una misión paralela en el campo espiritual. A menos que los espíritus y consciencias de las personas evolucionen hacia la dimensión planetaria, los procesos que alientan el sistema social-natural globalizado se agravarán y crearán una onda expansiva que podría hacer peligrar toda la transición hacia una sociedad pacífica y cooperadora global. Ello podría representar un revés para la humanidad y un peligro para todos. La evolución del espíritu y la consciencia humanos es la primera causa vital compartida por la familia humana en su integridad.
- En nuestro mundo la estabilidad estática es una ilusión; lo único permanente es el cambio sostenible y la transformación. Existe una necesidad constante de orientar la evolución de nuestras sociedades a fin de evitar el colapso y progresar hacia un mundo en el que todos podamos vivir en paz, libertad y con dignidad. Esa orientación no proviene de maestros y escuelas, ni siquiera de líderes políticos o empresariales, aunque sus compromisos y papeles sean importantes. Esencial y crucialmente proviene de cada persona. Un individuo dotado de consciencia planetaria reconoce su papel en el proceso evolutivo y actúa de manera responsable a la luz de su percepción. Cada uno de nosotros debemos empezar con nosotros mismos a la hora de evolucionar nuestra consciencia hacia esta dimensión planetaria. Sólo entonces podremos ser agentes responsables y eficaces en el cambio y transformación de nuestra sociedad. La consciencia planetaria es conocer y sentir la interdependencia vital y la unidad esencial de la humanidad y la adopción consciente de la ética y el ethos que ello implica. Su evolución es el imperativo básico de la supervivencia humana en este planeta.
LAS NUEVAS NECESIDADES EN PENSAMIENTO Y ACTUACIONES
UNA LLAMADA A LA CREATIVIDAD Y LA DIVERSIDAD
Crear un mundo diverso pero equitativo e intercomunicado requiere algo más que limitarse a hablar de igualdad y a tolerar las diferencias que existen entre nosotros. Permitir que los demás sean lo que quieran ser mientras se queden en su rincón del mundo y dejarles hacer lo que quieran «mientras no lo hagan en el patio trasero de mi casa» son actitudes bienintencionadas pero inadecuadas. Al igual que ocurre con los diversos órganos de un cuerpo, los pueblos y culturas diversos necesitan trabajar juntos para mantener todo el sistema del que forman parte, un sistema que es la comunidad humana en su morada planetaria. En la última década del siglo XX, las distintas naciones y culturas deberían haber desarrollardo la compasión y solidaridad que nos permitirían a todos ir más allá de la postura de una tolerancia pasiva, con el fin de trabajar entre nosotros de manera activa y complementarnos.
UNA LLAMADA A LA RESPONSABILIDAD
UNA LLAMADA A FAVOR DE LA CONSCIENCIA PLANETARIA
Fuente: E. LASZLO: El cambio cuántico. Cap 15: Manifiesto (resumido)
Ver también:
Perspectivas mundiales: Nuevos horizontes
Intervenir en el debate acerca del futuro de la humanidad
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant…
No t’ho guardis per a tu sol…
Les teves mans també són necessàries...
comparteix-ho, passa-ho...
Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»
Para «construir» juntos...
«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

